La Iglesia tendrá su revolución feminista

Tiene razón Juan García Bedoya, cuando en un artículo de El País, afirma que las religiones perderán a la mujer por el patriarcado. Realizaba una crónica de una conferencia sobre la mujer en las religiones que reunió varias ponencias. Allí se encontraba Juan José Tamayo quien en su análisis venía a decir que la mujer del siglo XXI se alejará de la Iglesia aunque crea en Dios. Y lo hará por no ser considerada una compañera de camino con capacidad para la predicación, con cualidades para administrar sacramentos, con valor suficiente para evangelizar en los límites más fronterizos. No se puede mantener una estructura patriarcal en un siglo que ha dado un vuelco social. Si la mujer no participa en la Iglesia como una igual, a la larga la Institución resultará anacrónica. Una mentalidad anclada en el pasado, ajena a la realidad social, terminará por marchitarse. Y como eso no es posible yo creo que la Iglesia tendrá su revolución feminista.

La escena en la Sagrada Familia, con la limpieza del altar realizado por dos religiosas, se repite en numerosas ocasiones con otros decorados y produce una imagen revulsiva a la mentalidad actual. Es una imagen que denigra a los miembros de esa misma jerarquía anclada en una supremacía antievangélica. No se trata de reivindicar la paridad en la Iglesia, sino de hacer posible el camino de la fraternidad cristiana con todas sus consecuencias. En el Evangelio las mujeres están presentes de manera muy importante en la vida de Jesús. Por las lecturas de las cartas de San Pablo, queda claro que su función era mucho más relevante que lo trasmitido por la tradición. Y así debe ser según la máxima aspiración de Cristo, que consiste en que nos amemos unos a otros. Lo cierto es que la visión de la mujer en la modernidad, chirria a los ojos de las mentes más tradicionalistas. Pero la sociedad ha dado un vuelco impresionante en apenas cien años, en todo aquello que se refiere a la mujer.

Tal y como yo lo veo, la teología feminista irá ganando terreno, le pese a quien le pese. Porque es en justicia mucho más equilibrada y humana. La visión del hombre y de la mujer en el paraíso nos convierte en una pareja que debe convivir en igualdad de condición. La Iglesia debe luchar para que el hogar sea el santuario de la fe. Pero no a la manera de hace dos mil años, sino en las condiciones actuales de conciliación laboral y familiar. Esa debe ser la aspiración de cualquier cristiano. Rescatar la familia de las garras de la productividad para reorganizar la conciliación laboral a favor de la familia y del hogar. Hay caminos que hacen posible el trabajo en casa. Desde que Internet forma parte de nuestra cotidianidad, es posible en muchos casos una jornada dentro del hogar. La sociedad debe fomentar por tanto la calidad de vida en la familia, las ayudas necesarias en organización de trabajo, y no tanto con subsidios que a la larga son pequeños parches para aparentar hacer algo mientras no se hace nada.

De la misma manera, la Iglesia deberá considerar que las mujeres pueden acceder también a formar seminaristas en las asignaturas que dominen. Tendrá que revertir la fratricida superioridad en fraternidad comunitaria. Porque ése es el camino del Señor, el de una sociedad fraterna y humana, ocupada del bienestar de cada uno de sus miembros. Y también más justa. Si se da la espalda a esta realidad, no es que uno vaya a ser más católico por permanecer anclado en una visión trasnochada, sino que con toda probabilidad se abrirá un divorcio con la sociedad. Algo que el Concilio Vaticano II intentó salvar y que tras estos cuarenta años muchos denuncian que no han sido capaces de acometer las reformas necesarias, frenadas ahora bajo una regresión peligrosa.

Hace tiempo discutía en un foro sobre el papel del cabeza de familia, esa imagen patriarcal inoculada por una cultura judeocristiana. Hoy queda claro que no es ideología de género mantener el diálogo en el hogar sin supremacía de ningún sexo. Nos acercamos a ese momento histórico en que la mujer ocupa por fin un papel en la sociedad por méritos propios. Esa constatación no se puede negar, blindarse contra ella es caminar hacia el precipicio. Hay que aprovechar todo lo bueno del Evangelio para rescatar a todas las víctimas de la sociedad. Y no cabe duda que durante muchas generaciones la mujer ejercía un papel marginal.

La Doctrina de la Iglesia no puede ser un brindis al sol. De la misma manera la mujer no puede estar alejada del gobierno de la Iglesia. Es un camino que se debe recorrer cuanto antes y no a fuerza de abandonos. Si lo que se requiere para ser un cristiano es moldear el pensamiento según Cristo. Lo primero es reconocer a la mujer como persona tan válida como un hombre. Y a continuación demostrarlo con algo más que bellas palabras
Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Feminismo. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La Iglesia tendrá su revolución feminista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s