Algunos tratan vencer sin convencer

Una Iglesia desafiante, que firma manifiestos, que presiona con los medios a la jerarquía, que intenta de facto lo que no consigue de iure; y de otro lado una Iglesia que sigue los mismos pasos para conseguir sus propósitos, que denuncia, que persigue con saña, que utiliza el depósito de la fe para conseguir sus objetivos. En ambos casos se hace política de la religión. Los mismos perros con diferentes collares. Son la izquierda y la derecha, pero ya muy deslavazadas porque los límites en estos tiempos convulsos ya no son lo que eran y se difuminan. Unos admiten el aborto, las relaciones prematrimoniales, las prácticas homosexuales, y se apoyan en los pobres para hacer de la Iglesia una comunidad debilitada por el relativismo, y por tal cantidad de desatinos que mezclan la caridad con la falta de criterio. Y qué me dicen de los otros, de esos que se apoyan en la letra para olvidar la misericordia.

Tenemos que dilucidar caso por caso. Y nos encontramos por el camino con numerosas sorpresas. Una oposición a quienes representan una iglesia nacionalista que ha cometido muchos errores. Por eso se les ataca sin piedad, aprovechando cualquier excusa. Se pide la excomunión sin escuchar al acusado. Pero también es verdad que muchos de esos acusados apuestan por la rabieta y el encono. Como es sabido en Valencia hay una mujer lesbiana que advertida de que no le darían la comunión por vivir con otra mujer, acepta el desafío y acude a misa. Otro caso es el del pare Manel, envuelto en una situación complicada, manifiesta que pagó abortos. Y admite que en las mismas circunstancias lo volvería a hacer. Al menos no es un hipócrita, expresa públicamente su discrepancia con las normas eclesiásticas. Pero es sacerdote. Y ante este tipo de conflictos resulta difícil posicionarse, porque la verdad queda encubierta por otros intereses.

Seamos razonables. Quien no manifiesta remordimiento, ni intención de rectificar sus postulados, puede considerarse un rebelde y tiene que aceptar ser tratado como tal. Así es la justicia humana, incluida la eclesiástica. La conciencia personal es un santuario ante el que debemos manifiestar, al menos respeto. Pero cuando determinados personajes aceptan representar el papel de peones en un juego complicado, ya no merecen tal respeto. Y eso es lo que le pasa al pare Manel, aunque nadie dude de su bondad, sí es cuestionable su reto a las disposiciones de la Iglesia. Y de la misma manera, la vecina de Valencia que vive con otra mujer, debe conocer que su comportamiento no puede obtener la bendición de la Iglesia. ¿Qué dice Dios frente a estos hechos?. Pues miren, tenemos numerosas pistas para conocer que amándonos, también nos indica que el camino será difícil, no exento de caídas y errores.

Si apelamos a su misericordia igual nos creemos que da igual aquello que realizamos, aunque esté mal, pues nos justifica nuestra buena voluntad. Ese ejemplo suele constituir una falacia. Está mal matar, sin embargo en defensa propia ya no está tan mal. Pues no, en el Evangelio Jesús le dice a Pedro que guarde la espada. No es con la fuerza como ha venido a conseguir salvar a los hombres. Y no desea que utilicemos la fuerza, sino la caridad. Pero es obvio que quien comete daño por acción u omisión, deberá cargar en su conciencia con las consecuencias de sus actos. Y el pare Manel, al igual que Pilar la mujer a quien se le ha negado la comunión, lo que desean es que la Iglesia les acepte con sus incoherencias. Pero de esa manera, señores, sólo es capaz de aceptarnos Dios. Las personas no llegamos a rozar ni la sabiduría, ni la justicia, ni la lógica divina.

De manera que no confundamos, algunos actos no son gratos a los ojos de Dios, hay muchos pasajes del Evangelio que nos advierten del pecado. Lo que sucede es que hoy la gente rechaza el término, no tiene noción de haber hecho nada mal. Están convencidos de que su postura es razonable, por tanto la Iglesia debe ser quien está equivocada. Esa es la postura del pare Manel y de Pilar. Ellos siguen en sus trece, aunque les digan que se han equivocado, que lo que hacen no es correcto, consideran que nadie puede juzgar su interior.

Verdaderamente es un problema. Esa regla tiene alguna premisa falsa. No seré yo quien diga cuál es, pero deduzco que es errónea. Y lamento que las personas sean utilizadas como juguetes para intentar vencer sin convencer.
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Acerca de Carmen Bellver

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