No me lo podía creer, en Valencia han detenido a un grupo de menores por intentar quemar a un indigente. Noticias así hace que te plantees cómo está afectando a nuestra sociedad la falta de valores. No me cabe en la cabeza que nadie intente matar a otro. Sentir pena por un indigente, ayudar a un anciano, todo eso me parece de lo más normal, pero pegar a los perros, quemar contenedores o coches, ir a por otro por el placer y el morbo de ver el dolor y el sufrimiento en vivo y en directo; eso no lo puedo entender. Algo pasa por dentro de esas cabezas huecas. Son chicos normales, van a escuela con nuestros hijos, celebran los cumpleaños juntos. Estudiantes buenos y regulares, no necesariamente malos. Pero tienen que cargarse de adrenalina todos los días. Y salen en busca de emociones. Lo has visto en otras ocasiones, se pone el semáforo en verde, avanzas por el paso cebra y ves venir un coche, de pronto comprendes que está acelerando a propósito. El coche pasa rozándote y se oyen unas risotadas. Juegan sin medir las consecuencias, tal vez ni siquiera les importa. Y serán capaces de destrozar su vida en uno de esos retos sin sentido.

Miro a los niños en la escuela, detrás de ellos está una familia, un futuro. Y es necesario reconocerlo, algunos llevan la marca del fracaso. Tienen conductas agresivas, atemorizan al resto. Yo lo llamo el liderazgo del terror. Así de triste. Antes en las aulas se veía a los líderes y eran los mejores. Ahora es al contrario, el líder es el más trasto el que incita al resto. Una desgracia de sociedad que no tiene como ejemplo al mejor, sino al más ratilla del grupo. ¿Será por lo que ven en la pantalla de su casa?. A veces hablan con palabras de mayores, actúan como mayores, pero sólo son niños y no saben medir las consecuencias. Y ahí estamos nosotros, los adultos, intentando poner un poco de sentido común en sus cabezas. ¿Lo logramos?.

Esta cuaresma he tenido la intención orar más. De verdad que no damos importancia a la oración, pero es que hay cosas que no se solucionan con ninguna medida, cosas que sólo sanan con muchas horas frente al sagrario. Por ejemplo sentir la bondad de la vida en un mundo lleno de maldad. Es suficiente poner el televisor en hora punta de noticias para que te acometa el desaliento. Hay historias que lees, te cuentan, o vives en primera persona, que pueden dejarte toda la noche en vela, a poco que reflexiones. Y así, a fuerza de ir dando tumbos, no caemos en la cuenta del poder que tiene la oración. Estoy convencida que ayuda mucho más de lo que nos pensamos. Especialmente cuando no podemos llegar a arbitrar ninguna solución. Basta rezar, ofrecer a Dios tu impotencia, orar por esa persona a la que nunca llegas, que se enfrenta contigo de manera incomprensible. Orar por esos menores que han tenido la intención de cometer un delito. ¿Qué les había hecho el indigente?. Nada en absoluto, es la esencia del mal en personificada en unos niños. ¡Cómo para no pedir por ellos!.

Y así con noticias como esa se llenan las primeras páginas. La gente se evade, desconecta, ya es suficiente con los propios problemas de cada día. Como para plantarse y tomar el pulso al desaliento. Pero es verdad, hay belleza debajo de tanta suciedad. Existen las buenas personas, las que devuelven la cartera perdida con el dinero dentro. Las que dejan huella con gestos amables que tranquilizan. Existe el bien y hay que promocionarlo. No sea que a fuerza de tanta podredumbre pensemos que este mundo no tiene solución. Hay que seguir intentando que ganen las buenas intenciones. Seguir apostando por lo bueno. Y así, de esa manera, podemos dar gracias a la vida por cada rayo de sol que entra en nuestra habitación. Por esos amigos que siempre nos acompañan, aunque no estemos de humor para soportar sus comentarios. Y oramos por ellos, como oramos por todos aquellos que bordean los límites de la vida. Que el Señor les guíe en su trayecto.

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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Una respuesta a

  1. La verdad es que me parece imposible que si somos realmente cristianos sinceros hayamos que esperar la Cuaresma para rezar más. Yo entiendo que si intentamos con nuestras fuerzas ser buenos creyentes ya rezamos cada dia todo lo que podemos. La Cuaresma tiene razón de ser para aviso de despistados, aunque todos podemos andar despistados alguna vez, no suele ocurrir demasiado fácilmente en quienes practicamos la meditación diaria (oración), más bien la Cuaresma va destinada a la gente del montón, a la plebe. Saludos y Santas Cuaresma y Pascua.

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