¡Aleluya, hermanos!. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Ayer deseaba una feliz Vigilia Pascual. Hoy reitero el Aleluya de la Resurrección en este domingo que para unos es fin de Pascua, mientras que para otros se prolongará todavía unos días más. Costumbre local de celebrar varios días de Pascua. Costumbre también de la Iglesia de prolongar esa Pascua florida con lecturas evangélicas reiterativas del suceso más grande jamás contado. El Evangelio recogerá a lo largo de este periodo la confesión de quienes vivieron ese suceso transformador. Y los datos son numerosos, históricos, patentes.

Hemos renovado las promesas del bautismo. Nos hemos afianzado a la luz. Recibimos la aspersión del agua. No es una fecha cualquiera. Es la fecha más importante de la Liturgia cristiana. Y otros hermanos en la fe también la celebran. Como para seguir debatiendo qué tipo de resurrección se da. O si la cruz debe ser rechazada. Si Jesús no fuera el Hijo de Dios, nada hubiera sucedido. Su muerte sería la consecuencia final de un profeta más en la tierra que si bien pasó haciendo el bien, fue apresado por los poderes de este mundo y sucumbió a ellos. Pero no es así. Jesús es la muestra del amor de Dios a los hombres a quienes había desterrado del paraíso por el pecado. Ahora les recobra descendiendo a los infiernos y resucitando para dar muestras de que su poder y la luz son más fuertes que las tinieblas.

Es una esperanza que nos conmueve a todos, pero que también nos lleva a proclamar que nuestra fe debe hacerse extensiva a todos los hombres, porque es la fe de la Salvación humana. Dios ha venido a salvar a los hombres de la muerte y el pecado. ¡Aleluya!. Nadie debe temer nada cuando ha sido limpiado por el Hijo de Dios. Este punto es muy importante, porque en nuestra profesión de fe hacemos mención expresa. Jesús no es un profeta más, es el Cordero de Dios, la víctima de un sacrificio que libera a la humanidad pecadora. Ese sacrificio es la prueba del amor profundo de Dios por la humanidad que estaba destinada a gozar del paraíso y sin embargo torció la voluntad de Dios con la desobediencia.

Es cierto que Dios no es un sádico que desee la muerte. Pero es que la muerte vino al mundo por el pecado. Y Jesús precisamente tenía conciencia clara de que iba a morir y resucitaría al tercer día. Si no era voluntad del Padre ese sacrificio, si era la máxima manifestación del triunfo del bien sobre el mal. La redención llega al mundo por la muerte y resurrección de Cristo. El Padre oye a su hijo e interviene en el momento adecuado, para devolverle a la vida. Jesús se mantiene junto a nosotros en la Eucaristía y promete seguir presente en la historia de la humanidad.

Extraordinario el Dios creador que hacemos presente en las lecturas de la Vigilia Pascual, para unir lo viejo con lo nuevo. Como dice el Papa, el hombre no es un producto casual en evolución de nuestro planeta. Porque nosotros entendemos que Dios es nuestro creador que nos ha otorgado la libertad para adorarle o rechazarle. La salvación de ese proyecto creador sobreviene con la resurrección de Cristo y por Él sabemos que se hace justicia a todos los hombres que han sido explotados, derrotados, humillados. Ninguna vida aparentemente fracasada, carece de sentido, cuando entendemos la gloria que nos ha sido prometida. Que la historia continúa, no finaliza con nuestra muerte. Dios tiene un proyecto para la humanidad y para cada hombre. Nuestra condición de cristianos nos hace discípulos de Jesús que pasó haciendo el bien. Y ese es nuestro destino, intentar pasar haciendo el bien, conscientes de que no es el poder ni la gloria de este mundo lo que le interesa a Dios. Él ha preferido la debilidad, la sencillez, para hacerse uno de nosotros. Su poder y su gloria están presentes en la creación, pero se ocultan a los ojos de los hombres, que siguen queriendo ser superiores a Dios. La fuerza del testimonio de Jesús permanece entre nosotros, para demostrarnos que en la debilidad también actúa Dios. ¡Aleluya!. ¡Feliz Pascua!.
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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a ¡Aleluya, hermanos!. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

  1. Escalante dijo:

    Con la alegría de la Solemnidad de la Pascua, deseo saludarla entrañablemente agradeciendo al Padre celestial el Don de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, muerto y resucitado.Que el Señor Resucitado la bendiga y la haga partícipe de su Vida en abundancia.

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