Beato Juan Pablo II: algunas consideraciones

Hay fechas que pasan a la historia por ser protagonistas de acontecimientos inolvidables. Llevan el sello de la inmortalidad y además sugieren que a veces los acontecimientos no son tan arbitrarios como suele parecer. Tienen un origen y una causa definidos. Hoy celebramos la divina misericordia y Juan Pablo II es el Papa que otorgó carta de identidad a esta devoción. También celebramos el día del trabajo, con escaso eco; para sorpresa de todos, pese a las cifras de paro, la paz social es la nota dominante. Este es el día elegido para la beatificación de Juan Pablo II. Y por último es el día de la madre. No me dirán que la unión de tantas efemérides merece al menos destacar que es un día muy especial, sobre todo porque para que vuelvan a darse juntas tantas celebraciones deberán pasar algunos años.

A estos datos se une el fallecimiento del cardenal emérito de Valencia Agustín García-Gascó. En Valencia a un paso de celebrar la Virgen de los Desamparados, nos ha nacido un beato y se nos ha ido un cardenal que presidió esta diócesis durante la transición del siglo XX al XXI. Es difícil por tanto tomar el hilo a los sucesos y tejer una información que subraye la nota dominante. Pues bien, Roma se ha rendido una vez más al carisma de Papa Wojtyla, con la colaboración indudable de nuestro actual pontífice Benedicto XVI. Es obvio que se han hecho excepciones por quien puede hacerlas. También es verdad que la figura de Juan Pablo II va a estar presente en la próxima jornada mundial de la juventud. Lo que lleva a pensar que se quiere seguir tirando del magnetismo del papa polaco.

He leído con interés las crónicas de varios medios. No puedo dejar de señalar la brillante aportación de Lucrecia Rego de Planas, por estar bien documentada y porque evidencia lo que ha sido el pontificado de ese dueto formado por Juan Pablo II y Benedicto XVI en el que bien podría decirse que a lo largo de estos años han sabido complementarse de manera admirable. Se ve que la nota dominante ha sido la llamada a la evangelización de la sociedad. Y sucesos como la caída del bloque comunista ponen de manifiesto que Juan Pablo II llevaba razón en su juicio sobre los totalitarismos del siglo XX. Las actuaciones de Benedicto XVI contra Marcial Maciel, manifiestan en cambio que allí donde uno de los dos no supo llegar, el otro se abalanzó con valentía.

He leído también a Juan José Tamayo y toda su batería de negatividades sobre los pasos dados tras el Concilio Vaticano II. Un fantasma que sobrevuela la Iglesia tras casi medio siglo de haber concluido. Fenómeno que debería estudiarse en profundidad por la división que originó en la Iglesia, siendo capaz de modernizar la liturgia, pero incapaz de cerrar la sangría de la secularización, invierno eclesial que nos ha acompañado estos últimos años y en el que no se termina de ver la luz al final del túnel.

Destacaría ahora la presencia de una globalización de la información que requiere otro estilo, otros tiempos. Y que deja al descubierto que la doctrina social de la Iglesia y el personalismo, son de las pocas voces que subrayan la crueldad del actual sistema económico. Aumenta la pobreza, nacen imperios económicos en países emergentes y el capital muestra su voracidad azotando a la economía de los países desarrollados. Ante todo ello, la inmigración galopante, el paro, el consumismo como motor que hace funcionar el sistema. Queda reflejada una labor asistencial de la Iglesia que no afecta directamente a los cambios sociales. Que se queda en la periferia. El fracaso de la teología de la liberación tiene nombre y apellidos, pero no son los de Wojtyla ni Ratzinger. Se trata del mismo ciclo de la historia que nos hace oscilar balanceados por los acontecimientos. Tal vez estemos en el mejor momento para proponer un modo de vida más justo y más humano. Ayudados siempre por quien todo lo puede.

La Iglesia ha conseguido con Juan Pablo II ser una autoridad moral escuchada en todos los foros internacionales. Ese prestigio se le debe al beato Juan Pablo II y su constante presencia en todos los continentes a lo largo de su pontificado. Esa voz más suave y menos impostada de Benedicto XVI, necesita de ímpetu juvenil de nuevas figuras. Acometer la trasformación social de este siglo, no está en manos del actual pontífice, cuyas espaldas encorvadas manifiestan el cansancio de sus muchos años.

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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Beato Juan Pablo II: algunas consideraciones

  1. Les recomiendo que busquen en YouTube un video que se llama El Tercer Secreto de Fátima que fue creado por vaticanocatolico.com. Además explican qué le ha ocurrido a la Iglesia católica después del Vaticano II, cómo estamos viviendo la Gran Apostasía profetizada en la Sagrada Escritura y en las profecías católicas. El link del video es el siguiente: El Tercer Secreto de Fátima y el Fin del Mundo

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