Nuevos tamayazos que nos dejan perplejos


Hay ocasiones en que resulta difícil posicionarse. En otras, en cambio, todo está claro. Y a mí no me cabe la menor duda de que Juan José Tamayo es un perfecto submarino del laicismo más cruel de esta España nuestra. Un señor cuyas tesis ni son católicas ni tan siquiera cristianas. El catedrático de la Universidad Carlos III, se pasa la vida haciendo declaraciones que van directas contra la marca de la Iglesia. Sí, digo bien, la marca, como si fuera un equipo. Hay que dejarlo claro, se ha intentado separar la Iglesia y sus instituciones del pueblo y sus augures travestidos en seudointelectuales. En definitiva un grupo que juega con el Concilio Vaticano II para posicionarse contra la misma Iglesia. Son todos aquellos que rondan la Asociación de Teólogos Juan XXIII y Redes Cristianas, o los grupos afines a Somos Iglesia. En realidad se trata de politizar la religión, unos quieren situarse a la izquierda y otros no tienen más remedio que estar en la derecha cavernícola. Esa disyuntiva sigue funcionando en algunos ambientes, crea mucha marea mediática, pero poca afluencia de gente. En realidad son un grupo desnortado de la Iglesia que se siente con la cara de reivindicar el derecho a pensar lo que les dé la gana, aunque estén en contra de la doctrina oficial.

Este portal ha intentado posicionarse en el sector más progresista de la Iglesia, aunque permite una cierta pluralidad. Y creo que se equivocan, porque el sector progresista de la Iglesia, está completamente demodé. No tiene salida. Sus postulados siguen anclados en el rancio esquema de la lucha de clases. El mundo ha dado tal giro, que sus voces cada día están más idas. Por eso el Sr. Tamayo ante el acontecimiento de la proclamación de Juan Pablo II como beato, concluye que todo ha sido un arreglo para mantener al margen al nuevo beato de la suciedad de la Iglesia. Como si lo hubieran blindado. Con un poco de criterio, todos concluimos que la historia pone a cada uno en su lugar. Y el pontificado de Juan Pablo II, será analizado en su momento, al margen de la cualidad personal del individuo. Es decir que pudo ser un pésimo Papa, pero un magnífico cristiano, y eso es lo que se ha analizado para considerarlo venerable. A unos nos podrá gustar más o menos la rapidez del proceso. Pero no confundimos los términos. Ni mareamos con declaraciones insidiosas. Y ya va siendo hora de que este señor quede completamente al margen de los católicos. Que mantenga su podio para expresar barbaridades con cierta aura de pensador. Que no niego que lo sea. Pero si niego que se sienta hijo de la Iglesia católica. Si recogemos cada una de sus declaraciones veremos que todas ellas llevan la marca de la ofensiva directa contra la doctrina oficial de la Iglesia, sus obispos, e incluso las asociaciones de fieles.

Basta ya de tanta impunidad. Es vergonzoso que se siga jugando con esa dicotomía entre la Iglesia de los pobres, que menudos pobres son estos conferenciantes a tanto alzado de euros y con negocios en editoriales que publican sus obras, de las cuáles la red de amigos hace publicidad. Todo un entramado que muestra muy poco su relación de verdad con los pobres de a pie, los que rebuscan en los contenedores de las grandes superficies para llevarse los lotes de mercancía caducada. En serio, hacer apología de una Iglesia de los pobres, para vivir como unos señores, me parece vergonzoso. Pero creo en la libertad de expresión, y en ese sentido Juan José Tamayo y otros de su cuerda, tienen todo el derecho del mundo a opinar, faltaría más. Pero eso sí, que no busque rentabilizar su vida a través de la religión. Ya que le gusta tanto la sociedad laicista con igualdad de condiciones para todas las religiones, con especial deferencia hacia las islamistas, que es lo que él no dice pero yo añado. Que se vayan a predicar a Arabia Saudita, a ver si allí pueden soltar las burradas que por aquí les salen rentables.

Queda claro que a veces, los más progres de boquilla, se comportan como unos totalitarios. Menos mal que existe la libertad de expresión para denunciar sus desmanes. No es posible hacer una teología de la liberación que en realidad es una teología del libertinaje y del sin sentido. Como por ejemplo que siga existiendo un grupo de cristianos por el socialismo, cuando éste ha fallecido con todos los honores. Hacen falta pensadores, cierto, pero no para seguir vendiendo boletos caducados, sino para dar salida al futuro, para repensar la modernidad con el evangelio en la mano. Y en comunión con la Iglesia.

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Acerca de Carmen Bellver

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