"Hecha la ley hecha la trampa"

Desde que tengo uso de razón recuerdo la frase. La he llegado a entender a medida que cumplía años y la vida me mostraba algunas escenas incomprensibles. “Que no tengas nunca que recurrir a abogados”. La inocencia disculpaba la voz agorera. ¿Para qué están sino los abogados?. Para defenderte de las injusticias, no cabe duda. En la memoria guardamos la imagen valiente del abogado defensor, forma parte de los iconos televisivos y cinematográficos. Las leyes nos protegen, los abogados entienden de leyes, la justicia intenta regular la vida ciudadana. Todo eso lo creemos hasta que un día tropezamos con un mal litigio, un pésimo abogado, o si me apuran con la hipocresía de la legalidad. Esa que se esconde en recurrir a instancias superiores en una madeja que como Penélope teje y desteje al mismo tiempo.

Pues algo así ha sucedido con el fenómeno Bildu, un paripé que avergüenza a toda la ciudadanía que está saturada de tantos dimes y diretes. Todo ha sido un ir tejiendo y destejiendo la madeja para terminar hincando la rodilla ante lo inevitable, ante lo que ya huele a podrido. Hoy las víctimas del terrorismo se deben sentir huérfanas de la legalidad, despojadas de su razón rubricada con sangre. Y los bandoleros de guante blanco estarán brindando por esta nueva jugada maestra que les permite seguir respirando. Omito las responsabilidades, que las hay y de altas instancias. Me queda solo la sentencia del refranero, sabia y profunda, como todas.

Pero también me queda el coraje de los inocentes que seguirán saliendo a la calle para reclamar lo que es de justicia. Volver la espalda a esta realidad no es de bien nacidos. Y entre ellos están algunos representantes de los ciudadanos que deberán notar en las urnas el hastío que hoy nos embarga. El Tribunal Constitucional ha hecho encaje de bolillos con una realidad social a la que nadie se ha visto capaz de poner un punto y final. El terrorismo de ETA con sus conexiones internacionales, sus impuestos revolucionarios, sus camuflajes, hacen posible que todos podamos sentirnos un poco más huérfanos hoy que ayer. Y miren que soy partidaria del diálogo, pero del que tiene buenas intenciones, el que se disfraza y se ríe de la misma justicia, de ese diálogo mejor estar lejos. Por dignidad.

Y sí, la justicia sufre esos vaivenes, ante el asombro de todos los ciudadanos. Pero no somos tontos, sabemos que algunos se sirven de esas sutilezas para aparentar una decencia de la que están muy lejos. No hay ningún gobierno que haya podido terminar con ETA, cada tregua ha sido un respiro para coger fuerzas y reorganizarse. La población está hastiada de tantas vueltas como ha dado la peonza de esa política separatista que tantas víctimas ha costado a este país. Hoy el juego vuelve a comenzar, bajo la legalidad, gracias a las deliberaciones del Tribunal Constitucional, última instancia para resolver lo que interesa a algunos, no así a la ciudadanía.

Y no, no seré yo quien niegue el derecho a participar en el juego democrático a nadie. De eso se ocupaban nuestros representantes. Pero algo me dice que algunos están más interesados que otros en que el delirio separatista persista año tras año.

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Acerca de Carmen Bellver

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