Del 11-M al 13 de Mayo


A mí lo que me pide el cuerpo en un día como éste es hablar de la Virgen de Fátima
y que rechinen los dientes, porque seguro que de ese tema no se habla para nada en el portal. Sin embargo no puedo dejar de recordar que tenemos encima la tragedia del 11-M, esta vez 11 de Mayo. Es como para pensar que nos sigue la fatídica sombra de las fechas funestas. El suelo ha temblado y con él se han venido abajo miles de ilusiones y vidas que se creían a salvo. Ayer estaban felices, hoy se preguntan cómo saldrán adelante. Conmoción por las víctimas y conmoción por esas edificaciones que, es un suponer, tal vez merecerían otro tipo de construcción, más sólida, más propia de una zona sísmica. Pero lo que ahora importa es la solidaridad y el orden para llevar a cabo los arreglos necesarios. Todo ello llevará tiempo, sin duda, pero hay oportunidades para reconstruir lo que no se hizo bien. En momentos así hay que dar la talla y se puede contemplar el verdadero sentido humanista y cristiano de una sociedad. Cuando se reclaman desperfectos, sin inflar los daños; cuando se solicitan ayudas, que verdaderamente son necesarias; cuando los servicios públicos se ponen manos a la obra para estar al lado de la ciudadanía.

Conviene en estas fechas próximas a unos comicios, que las fotos de los políticos no sean para la galería y que los compromisos se cumplan. Una población aturdida por la tragedia necesita buenos líderes para levantar cabeza. Propongo que en este día de la Virgen de Fátima pongamos bajo su advocación a esa tierra murciana que vive escenas de dolor y desolación.

Y como no puede ser de otro modo, haciendo un paréntesis en la historia rememoro otro 13 de Mayo cuando la televisión mostraba a un Juan Pablo II con un rictus de dolor, desplomándose en el papamóvil tras los disparos del magnicida. Se han dicho muchas cosas al respecto. Lo único claro es que sobrevivió de manera milagrosa y que era una festividad cuya historia llevaba impresa la profecía del asesinato de un obispo vestido de blanco.

Es curioso que el fervor popular haya difuminado el mensaje de Fátima. Nos hemos alejado de una pastoral de oración y penitencia. Se considera que ninguna de ambas cosas es capaz por sí misma de solucionar nada en absoluto. La prepotencia y la soberbia son así de tentadoras. Creen que todo consiste en hacer y trabajar, sin confiar en la providencia. Y así pasamos de un extremo a otro como un péndulo, oscilando de manera equivocada. Nada se ha conseguido sin la oración. Son miles las horas dedicadas en el silencio de los claustros y en la penumbra de los sagrarios. Debemos creer que la caída del Muro de Berlín obedeció indudablemente a factores humanos, pero también sobrenaturales. Nos levantamos un día y el mundo había dado un giro copernicano.

Ya nada fue igual que antes y todavía permanecemos al compás de sus coletazos. El verdadero cristiano sabe que en la impotencia de su vida ordinaria puede hacer mucho por los demás, con la oración, con una cierta ascesis personal que tanto se echa en falta en nuestra sociedad hedonista. Retomar ese discurso de manera actual, sin parrafadas rancias, es más necesario que nunca. Dando valor a esa obra de cooperación que es posible gracias a la comunión de los santos. De alguna manera vamos escasos de esos mimbres y Juan Pablo II se dedicó a clamar desde todos los ángulos del planeta que dejáramos entrar a Cristo en esta sociedad. Hoy sigue vigente su mensaje, tal vez con más motivos que nunca, porque lo cierto es que la sociedad cristiana se desploma y despega el gigante asiático, con otros valores que pueden transformar el mundo de manera sorprendente. La propuesta de una sociedad más justa y más humana forma parte del discurso cristiano, vale la pena ofrecerlo al mundo y elevar sufragios para que la obra redentora de Cristo siga obrando prodigios entre nosotros.

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Acerca de Carmen Bellver

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