La Iglesia no quema contenedores y da de comer a los pobres

Ahí lo dejo. Y es que en período preelectoral salen las consignas a borbotones. “Menos crucifijos y más empleo fijo”. Hay que fastidiarse, ahora resulta que la Iglesia con una red social envidiable, economatos parroquiales, Cáritas, roperos, cursos de formación, etc. Insisto ahora resulta que algunos descerebrados intentan romper una protesta cívica y convertirla en un ariete para sus intereses. La Europa laica con sus consignas incendiarias ha puesto pie en la Puerta del Sol. Pues va a ser que no. La gente sí tiene memoria, y sospecha que tras la explosión espontánea de la ciudadanía se han subido al carro los de siempre. Sería una lástima que ese movimiento denominado Democracia Real Ya, se enfrentara a la legalidad vigente, sin más ánimo que romper la baraja.

Entre sus propuestas muchas ideas nobles, como la que hace posible un reparto de votos más equitativo, lo que supone una reforma de la Ley Electoral. También la prohibición de presentar en las listas a supuestos implicados en delitos de corrupción, prevaricación, cohecho, etc. Un imputado debe tener capacidad de poder defenderse, pero no puede representar a la ciudadanía mientras su nombre no quede limpio. En cuanto a los anti sistema, seamos claros, la crisis es global. Pero no dejemos de ser consecuentes, el estado actual de la situación en España en grado de responsabilidad corresponde al partido en el poder. Lo democrático es depositar el voto y cambiar la situación. Si no hay partido que merezca nuestra confianza, queda el derecho a dejar la papeleta en blanco.

Muchas son las voces que se están levantando junto al movimiento 15 M. Ojalá exista una generación capaz de cambiar el curso de los acontecimientos. Yo ante la proximidad de Pentecostés, me pido una rogativa para que podamos salir adelante con ayuda de Dios. Para que el fenómeno cívico no sea monopolizado por niños bien que ni-ni, ya me entienden. Y se supone que son los más preparados, pero mucho me temo que carecen del espíritu del esfuerzo y sacrificio que merece la actual crisis global, que no exclusivamente española. Por eso es oportuno que después del 22 de Mayo exista una reflexión profunda sobre los últimos acontecimientos. La política está llena de minas anti persona, das un paso y te estalla la corrupción en los morros. Lo bueno de esta sublevación cívica está en la reflexión que sean capaces de hacer los ilustres representantes del pueblo, para que la libertad y la democracia se fortalezcan.

Tal vez sea el momento de reformar la Constitución; de replantearse la sangría que supone la repetición de Ministerios en cada autonomía; de cambiar la partidocracia, por un colectivo de gente dispuesta a servir al bien común, capaces de presentar filtros para evitar a los “chorizos” de cualquier condición. Queda ahí la exigencia de los propios partidos para que exista un código ético en sus militantes. Los gastos de representación de los cargos, con dieta marcada. Penoso el espectáculo de la izquierda obsoleta que va contra todo sin propuestas de mejora. España ha salido muchas veces a la calle. El domingo tenemos un plebiscito que decidirá sus representantes en las Comunidades y municipios. Tomen nota los candidatos. Y a los creadores de opinión una andanada. El mundo está cambiando. La información global puede tener un efecto dominó. Hay que repensar la política, el tipo de sociedad que estamos construyendo, los valores que fomentamos en la juventud.

Hay algo que siempre me llama la atención en el cristianismo, al que tanto se ataca desde el laicismo anticlerical y ateo. En realidad, la fe no intenta cambiar la política, sino que permite cambiar al hombre desde la raíz de su fuero más íntimo. Ese tipo de ascesis no se consigue sin una confianza absoluta en Dios. Porque en definitiva es Él quien nos trasforma permanentemente si somos dóciles a su voluntad. Los obispos piden participar en la construcción de la sociedad, desde un voto coherente. Pero saben que no pueden hablar de ningún partido concreto. Lo que sí hacen es dar orientaciones a la sociedad, que muchos ignoran desde sus orejeras. Y que asocian con siglas determinadas. Nada más equivocado. Aquí cabe el texto evangélico: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

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Acerca de Carmen Bellver

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