Esas comuniones que tanto nos avergüenzan

Me he visto saturada de “mundo” estos días. Movimiento de indignados, comicios electorales, reflexión post parto electoral tras el hundimiento del PSOE. Nada como hacer un paréntesis para constatar que la vida sigue y hay que buscar un recodo para tomar aliento y fijarnos de nuevo en los pequeños detalles. Porque el ruido de los medios nos lleva a todos conectados con la misma cantinela y una se satura. Confieso que me siento como zahorí de noticias que tengan un poco de calado humanista y a ser posible cristiano. No es fácil el empeño. A vuela pluma surgen las ideas pero hay que dar consistencia a las mismas.

En tiempos en los que el mismo Benedicto XVI le pide a Europa que no mida su unidad exclusivamente por lo económico, que no olvide sus raíces cristianas. En tiempos de vaivenes ideológicos, cuando la vieja Europa parece necesitar refundar sus cimientos, tener un proyecto de futuro más sólido que el de los mercados, parece casi una necesidad ineludible. Y qué mejor que proclamar un Dios que está del lado del más necesitado, un Dios que no busca los primeros puestos.

En estas fechas nos ha recordado José Ignacio González Faus las comuniones y la facilidad que tenemos todos para eludir responsabilidades. Podemos poner sobre el tapete el escaso empeño de párrocos y obispos para exigir a los creyentes una austeridad que se corresponda con los tiempos. Despojar el sacramento de ese convencionalismo social en que se ha convertido, es más bien un proceso de reflexión comunitaria.

Para ello hay que ser bastante consecuentes, muy osados y a la vez comprensivos. La familia no quiere renunciar a la fiesta, tampoco quiere privar de ilusión a sus hijos. Sin embargo, no hace mucho leía que uno de esos niños había renunciado a los regalos y donando el importe de lo recaudado a una ONG. Cada uno sabrá cómo consiguieron los padres inculcar esa caridad, fruto del Espíritu y de una educación cristiana. Me pregunto si será capaz la Iglesia de iniciar su movimiento de “indignados”, con un manifiesto a la puerta de las iglesias con normas para bautizos, comuniones y bodas. Un manifiesto en el que se invita a los celebrantes a la austeridad y a la caridad.

¿Qué pasaría si sólo hubiera una ceremonia religiosa?. Y una frugal celebración exclusivamente para los familiares más allegados. ¿Seríamos capaces de romper el círculo vicioso en el que nos ha envuelto la sociedad de consumo?. Son preguntas que catequistas y párrocos se hacen todos los años, pero nadie pone una pica en Flandes, como mucho volvemos a constatar el malestar general todos los meses de mayo y junio. Pero hete aquí que una abre el Evangelio y descubre a esos intrépidos apóstoles dirigiéndose a los ciudadanos de su tiempo con un mensaje que chocaba con la cultura de la época.

Si ellos fueron capaces de movilizar a aquella gente, por qué nosotros nos quedamos tan en lo superficial. Pongo ahora en el punto de mira a los colegios de religiosos/as, que deberían fomentar las charlas con familiares, incluso las reuniones ex profeso para solicitar unas comuniones verdaderamente coherentes. No me cabe duda que hacen lo que pueden, pero es que va siendo hora de hacer algo más. Y vuelvo ahora la mirada a esos obispos que se contentan con la monserga de sus cartas pastorales. Misivas frías, que no mueven al corazón ni transforman a nadie. ¿Para cuándo un obispo que ponga la pastoral en su primera prioridad?. Y una pastoral que no sea vegetar, como se viene haciendo. Algo revolucionario, como fue en tiempos de Jesús que se predicase a un Dios hecho hombre y muerto en una cruz. Y miren, sin con ello iniciamos la moda de las comuniones laicas, pues qué peso nos quitamos de encima. Ellos a lo suyo, los cristianos a lo nuestro.

P.D. Ya sé que no son posibles las comuniones laicas. Comulgar es un acto religioso. Pero como la moda de la presentación en sociedad de los bebés ya están en marcha, y los matrimonios civiles son el pan nuestro y a poco que rasquemos más de uno conoce niños que no comulgan. Ahí queda eso.

Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a Esas comuniones que tanto nos avergüenzan

  1. Es muy difícil convertir la Primera Comunión en un acto austero. En otras iglesias orientales hacen la primera comunion de muy pequeños casi bebes y así todo solucionado. En algunas parroquias españolas visten a los niños y niñas con un habito de monje para evitar trajes caros. Hay muchas alternativas solo hace falta que quien manda, el Papa, de un puñetazo sobre la mesa y diga ¡¡¡basta!!, de lujos.

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  2. Carmen dijo:

    Comprendo lo que dices. Y comparto tu opinión. Hay muchas maneras de celebrar la comunión. He visto al nieto del rey con un simple traje de chaqueta, sin más adorno que una cruz en el cuello. Así que austeridad puede haber si existe voluntad y se abren los ojos ciegos de no ser menos que el vecino

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