Hablemos de la Iglesia y del Valle de los Caídos

Es una larga historia que ya dura más de treinta años. Proviene como consecuencia del triunfo del franquismo y la larga estela del nacionalcatolicismo. Años de predominio católico donde Iglesia-Estado caminaban juntos. Férreo control de los medios para evitar la libertad de expresión y con ello blindarse ante cualquier crítica. Es parte de nuestra historia y fue el germen de una disidencia utópica que sentía simpatía por la izquierda y su lucha de clases. La influencia de la Teología de la Liberación y su opción por los pobres reforzó aquel estado de cosas. Y ahora esos hijos díscolos y acomplejados se lanzan en los brazos de cualquier protesta, pero callan las calumnias y zancadillas que lanzan sobre la propia Iglesia.

Es calamitoso el estado actual de esa progresía eclesial que simpatiza con el laicismo y firma manifiestos para que se retire la religión de la escuela, o se apunta a comisiones de estudio para deliberar como desmontar el Valle de los Caídos, o lanza proclamas contra los eventos de la Jornada Mundial de la Juventud. En fin, que éramos poco y parió la abuela. Tal y como están las cosas, sólo nos faltaban esas voces críticas, que están siendo utilizadas durante todos estos años para dividir al pueblo y a los fieles. Va a ser verdad que cuando aparezcan por una esquina tendremos que retroceder y marchar por otro camino. Porque ir juntos parece ya fuera de lugar. ¿Qué se puede hacer al lado de quien escribe contra la religión en las aulas?. Un teórico de la teología que no ha pisado una escuela primaria desde que le dieron la cartilla de escolaridad. ¿Conoce acaso que la mayor parte de los padres solicitan voluntariamente cursar religión?. No sería más provechoso, pensar en mejorar cómo se presenta la asignatura a los niños. Estamos hablando de alguien que reivindica un laicismo que no tiene marco legal en nuestra Constitución de 1978. Allí se especifica que el estado es aconfesional. Y sin embargo por ganar méritos en los púlpitos mediáticos de la disidencia, es capaz de dividir y engañar a la sociedad.

La misma hilaridad produce las declaraciones de cierto monje, que en su cubículo a resguardo de las inclemencias diarias, se permite orillar la historia despreciando a todas las víctimas de la represión contra la fe. Porque sacar a una persona de su casa y llevarla al paredón por no renunciar a su fe, es persecución religiosa. Y que un monje calle esas infamias y ahora se atribuya la representación de la Iglesia para deliberar sobre el Valle de los Caídos, es caer muy bajo, es mecer la cuna del poder y dejarse utilizar como peón de esa mascarada que consiste en deliberar sobre la futura utilización del Valle de los Caídos. Hay comisiones que carecen de sentido, que el pueblo no ha pedido y por lo que nunca ha votado. Y una de ellas es la del Valle de los Caídos. Algunos no saben cómo deshacerse del pasado y lo retuercen, manipulan y distorsionan, para hacer creer que unos fueron víctimas y otros verdugos.

Qué se puede decir de toda una tropa cuya labor más meritoria es su trayectoria intelectual al servicio de la división. No se es más católico por estar vociferando en la puerta del Sol. Por apoyar el movimiento Democracia real ya. Se puede ser incluso hasta estúpido por criticar que la Iglesia no ha hecho un comunicado sobre el 15-M. Entre otras cosas porque en su pastoral los obispos han tratado la crisis y sus consecuencias. Y no son precisamente un movimiento político que deba posicionarse a cada momento. Pero como es obvio, se consigue una portada y su dosis de mala baba, subrayando el silencio de la Conferencia Episcopal. Y con esta declaración no quito valor a ninguna de las reivindicaciones consensuadas por “los indignados”.

Vamos recopilando cada una de las declaraciones de estas figuras señeras del posconcilio y nos queda una cierta amargura ante esas poses que hacen la ola a la izquierda española, sin una pizca de misericordia para con los propios hermanos presbíteros y mitrados, acosados por una prensa dispuesta a analizar todos sus movimientos, con objeto de sacar punta a sus afilados lápices. Me gustaría que ante la proximidad de la Jornada Mundial de la Juventud, esos disidentes de salón fueran capaces cada uno de conseguir un grupo de jóvenes. Porque hacer visible la fe en tiempos donde muchos temen profesarla en público, es motivo de alegría, de esperanza. Y merece un voto de confianza.

Como es natural, todos sentimos nostalgia por la época dorada de nuestra juventud. Por la fuerza y el ímpetu que poníamos en todas las cosas. Pero quedarse con esa imagen y pensar que ahora el Concilio ha muerto porque ya no sentimos lo mismo que cuando teníamos veinte años, puede ser más que nada síntoma de cierta senilidad. Yo me lo haría mirar. El pasado no debe producir esos sentimientos confusos. Cada momento merece discernirse con ecuanimidad. Y estamos precisamente en un periodo donde hacen falta voces que sepan conducir a los fieles con ánimo y vigor.Nos sobran, en cambio, pájaros agoreros

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s