Indignados sí, pero no manipulados

Es la hora de las preguntas, a escasos dos día de la toma de Madrid y de otras capitales por el tropel de indignados reclutados en Internet. Nadie quiere ver demolido el estado de bienestar, pero se juegan muchas cosas en este pulso permanente a las instituciones democráticas. Aunque no estemos de acuerdo con las medidas del Parlamento Europeo y, sus recortes sociales, al menos convengamos que defendemos la democracia, y la consideramos mejorable. La defendemos porque con sus defectos es la mejor opción. Y la queremos mejorar, con reformas que hagan posible el verdadero sentido de la palabra de etimología griega, cuyo significado como es bien sabido se corresponde con el gobierno del pueblo.

Y ahora algunos, no sabemos bien quiénes, manejan los hilos entre bambalinas para hacer tambalear el sistema. Que está débil, no cabe duda, pero que necesita alternativas, no un pulso permanente a su credibilidad. Estos jóvenes indignados quieren atribuirse la representación del pueblo, sin urnas, a golpe de clic en las redes sociales. Y así llegamos a convocatorias de tipo kale borroka, guerrilla urbana permanente, cuyos brotes violentos pudimos comprobar en Cataluña. Ese tipo de revoluciones supuso un chorro de sangre en la piel de toda Europa, en el pasado siglo. Dios quiera que no estemos alumbrando el inicio de otra hoguera. Por ello es necesario saber quién financia el movimiento 15-M. Pegatinas y carteles, toma de plazas con logística estratégicamente calculada. Algo huele a podrido en este fervor revolucionario. Y nadie da la cara. Ante esto cabe adoptar reparos. La guerra sucia ha comenzado y nadie sabe quien prendió la llama.

Lo único bueno de este movimiento es que debe hacer reaccionar a los políticos. Parte de sus propuestas son coherentes y sensatas. El letargo de diputados sentados en el banquillo del parlamento mientras se derrumba el sistema, parece que ha tocado a su fin. De los errores se debe aprender. Por eso en principio el movimiento democracia real ya, no puede trucarse en un gobierno a la sombra del parlamento. Las urnas están para respetar la voluntad popular. Y eso hay que tomarlo muy en serio. Quien tenga propuestas que las lleve al Parlamento. Y a los políticos les toca no hacer lo que ellos estimen oportuno, sino cumplir con un plan de gobierno basado en el bien común.

Por eso, sigo insistiendo, las propuestas de democracia real ya, deben llegar a las más altas instancias. Allí donde se legisla con el respaldo de la ciudadanía. Porque si como empezamos a sospechar muchos, de lo que se trata es de gestionar una guerra permanente para quien gane las próximas elecciones, habremos roto la baraja. Y a partir de ahí cualquier cosa podría ser posible.

Estas revoluciones permanentes en Grecia, o en otros países, son luces en rojo que muestran como saltan las alarmas de la paz social. A los políticos les conviene coger la manguera y apagar los fuegos. Lo que se pide es que la crisis provocada por el sistema financiero, no recaiga sobre quien nada tuvo que ver en ello. Los gobiernos están secuestrados por lobbys que les obligan a tomar medidas blindando sus intereses. Es vox populi en la era de las comunicaciones globales. Y no parece que estemos dispuestos a dejar que nos arruinen los derechos sociales conseguidos a lo largo de una centuria. Habrá que considerar que la usura no puede generar bienestar. Que los paraísos fiscales son una vergüenza para la ciudadanía. Pero lo que no podemos consentir es que el 15-M se convierta en un arma en manos desconocidas. Hay demasiada indignación en el pueblo, para que encima le vuelvan a mentir cuando han encontrado un soplo de esperanza.

Los anti sistema, no saben construir alternativas, el kale borroka es la mano sucia de la política que no gana unas elecciones. Los anarquistas tampoco han construido nunca un país con futuro. Así que deberemos cribar muy bien a todo ese conjunto de ciudadanía echada en las cunetas de la sociedad, que ahora se sube al carro del descontento social. Porque una cosa es mostrar la indignación de manera legal. Y otra salir a la calle a perturbar la paz social.

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Acerca de Carmen Bellver

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