El antitestimonio sobrevuela la Jornada Mundial de la Juventud

Llevo más de un lustro en Religión Digital, cuando éste era un portal modesto con un grupo de bloggers heterogéneos. Entre ellos La Cigüeña de la Torre quien con su agudo pico no dejaba títere con cabeza. Gracias a su página he podido seguir el prêt à porter religioso en la denominada “pasarela de los adefesios”. Y si bien es cierto que el hábito no hace al monje, después de ver tantas imágenes de consagrados con aire alicaído, he de concluir que al menos el hábito les reviste de una presencia muy mejorada. No cabe duda que en algo les embellece. Aunque no seré yo quien niegue el derecho a las religiosas de elegir llevar o no una vestimenta identificativa de su consagración al Señor. Algunas, ni tan siquiera optan por colgar una cruz bien visible en su indumentaria. Parece que el aggiornamiento pasa por hacerse invisibles al mundo, algo que también afecta a muchos sacerdotes y religiosos.

El caso es que a escaso mes y medio de la llegada de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud, han puesto en circulación una norma indignante, según cuenta José Manuel Vidal, no podrán asistir las religiosas sin hábito. Ahí queda eso. Y yo me pregunto ¿los curas qué?. Porque las nuevas hornadas parecen preferir vestir de clergyman, pero desde luego hay mucho cura con aires seculares del que no reconoces ni el oremus ni el habemus. El Espíritu del Concilio en ese sentido, les han dejado a muchos en pañales. Y Benedicto XVI siempre ha sido muy claro frente al secularismo manifestando que se debe visibilizar la consagración al Señor. Pero para recordar sus preferencias es suficiente con dotarlas de significado de una manera menos impositiva, totalmente dictatorial, y sobre todo vejatoria. Porque una religiosa que sigue las Constituciones de su Congregación no merece ahora ser encerrada en un carnavalesco montaje para honra la presencia de Benedicto XVI. Sin embargo no parece ser esta la apreciación de los organizadores que han impuesto dicha norma.

Entre las muchas meteduras de pata de esta Jornada Mundial de la Juventud, cabe destacar esa normativa desafortunada. Así no se pueden hacen las cosas. Buscando herir y cortar con bisturí. Si todo ello obedece a estrategias publicitarias que quieren adornar los primeros planos, habremos caído en valoraciones muy mundanas y alejadas del verdadero sentido religioso del evento. No dudamos que ante el invierno demográfico de religiosas, conviene visibilizarlas. Pero tendríamos que afirmar, no es eso, no es eso, lo que nos une en la fe.

Por otra parte hemos de reconocer que cuando se conocen las fuentes de financiación del evento, algunas de las empresas colaboradoras nos provocan escándalo y turbación. Esa claudicación ante firmas empresariales que no cumplen ni siquiera la Doctrina Social de la Iglesia, provocan un análisis demoledor entre quienes tienen por objetivo sacar los colores a nuestra madre la Iglesia. Es darles munición para el disparo fácil. Y como no podía ser de otro modo, el selecto club de los disidentes se apresta a lanzar sus manifiestos contrarios a la pompa del evento.

La Fundación “Madrid Vivo” encargada de financiar buena parte de la Jornada Mundial de la Juventud, tiene entre sus ilustres colaboradores a sociedades mercantiles capaces de dar dinero a la Iglesia y al mismo Lucifer si con ello consigue réditos publicitarios o de asociación muy alejadas del mecenazgo. Nadie puede dudar que este tipo de colaboraciones debieran valorarse con cuidado. Tal vez haya otros mecanismos más coherentes con el Evangelio para ajustar los gastos de la visita de Benedicto XVI a Madrid. Y si bien es cierto que los organizadores del evento especifican que no hay gastos a cargo del erario público. Lo que prima no es sólo que se cubra el coste de la visita, sino que se haga con criterios evangélicos. Así podrían desactivarse algunos titulares escandalosos.

Puestos en la tesitura de celebrar un macro evento multitudinario con la juventud. Hay miles de conciertos y recursos parroquiales que permitirían sufragar gastos. No me cabe duda que los sponsors son muy golosos, pero ahí convendría afinar la puntería, no se puede coger lo que sea, sin pasarlo por la criba del evangelio. Unas empresas que están despidiendo trabajadores para satisfacer sus expectativas de crecimiento y competitividad, y no dudan en contratar personal en otros países emergentes para rentabilizar al máximo su beneficio. Insisto, empresas anti testimonio, no deben mezclarse con quienes proclaman la Palabra de Dios en los púlpitos.

Dicho esto, deseo que la Jornada Mundial de la Juventud sea un éxito. Nada más hermoso que poder reunir libremente a miles de jóvenes para festejar su fe en común. Un signo de vitalidad que hace presente la Iglesia en la sociedad, cuando ésta no duda en numerosas ocasiones en minimizar su gran labor a favor de los demás. Cuando existe asimismo, un afán laicista que siempre está dispuesto a claudicar con otros macro eventos, pero nunca a permitir la manifestación pública de la fe.

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Acerca de Carmen Bellver

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