Cuando la religión se convierte en ideología

Estar próximos a los postulados críticos nos convierte en progres. Pero a nadie se le ocurre pensar que lo progre es una máscara griega de ese gran teatro del mundo que establece los criterios de pensamiento en base a un bombardeo paulatino de consignas y ademanes. De esa manera el progre sabe que debe salir todos los fines de semana y beber desaforadamente un litro de algún elixir que le haga subirse a la cresta de la modernidad, luego probará los efluvios amorosos convencido que ejerce la máxima absoluta de la libertad, aquella que hace posible cualquier revoltijo entre sexos indistintos porque la bisexualidad es una consigna más del imperio de lo moderno.

El progre no quiere constituir una familia, ni responsabilizarse de la educación de su prole, es un Peter Pan inmaduro que sigue queriendo perpetuar el libertinaje de costumbres sin tener que dar cuenta a nadie de sus propios errores; eso sí, por el camino dejará a los heridos en el combate del egoísmo. Caerá algún amigo que pensó en la virtud de la amistad como la noble relación que hace posible una sinceridad y honestidad a prueba de balas. También quedará en la cuneta la pareja amorosa del momento que llegó a pensar en consolidar algo serio si cedía a la lascivia del fin de semana.

El progre es así, incluso en lo intelectual, si es que en apariencia parece tener algún criterio de pensamiento, cederá a lo convencional. Será anti sistema, la pose más irresponsable del momento, la que está contra todo sin participar en nada más que en protestas y algaradas callejeras. Y si es creyente, vivirá al margen de los mandatos de la Iglesia, creerá en un Dios coleguilla que le ama mucho, sin exigir nada. Un cómplice de parranda que no quiere verle cumplir con ningún sacramento excepto del de la solidaridad con los pobres de este mundo.

Ese progre creyente del imperio hedonista protestará contra las visitas apostólicas del Papa. El Vaticano será un antro de corrupción contra el que él, en su limpieza de raza deberá alzarse, teniendo por compañeros de camino ateos y laicistas. Abominará de quienes creen en el Catecismo como expresión resumida del imperio del amor, bien entendido. Ese que vino a instaurar Jesucristo perdonando los errores pero exigiendo transformar la vida. Cumplir con los preceptos del Catecismo es ser un cristiano inmaduro. La madurez, que es un grado, consiste en liberarse de consignas y normas que no se sienten como propias. Ese camino, precisamente será el elegido por el progre cristiano socialista de postín, izquierdista abanderado de movimientos contraculturales.

La Iglesia es una rémora que mantiene inalterable principios que van contra su libertad. No sabe adecuarse a los tiempos y perpetua una clase superior llamada jerarquía, hombres solteros que pontifican sobre el amor, viviendo un celibato que encorseta sus experiencias sexuales a pan y agua. En su inquita por trasformar la religión en una pura ideología, firmarán manifiestos para demoler el celibato y admitir las relaciones homosexuales como una variante más de la sociedad. Apostarán por el divorcio y el sexo libre de ataduras.

Cuando llegue el momento de colaborar con la Iglesia en acontecimientos multitudinarios, se asociarán con el “Yo no te espero” justificando su postura con la hipócrita llantina de los gastos suntuosos. De esa manera, en vez de ennoblecer la convocatoria dando a conocer el esfuerzo de sus participantes por financiar el evento, atacarán la misma con argumentos casi calcados de los medios anticlericales. Pero seguirán convencidos de vivir un cristianismo de raíz, auténtico y evangélico. Sin caer en la cuenta que los discípulos de Jesús tenían una bolsa común para poder financiar sus correrías por los alrededores de Jerusalén y Galilea. Y es que los amigos de Jesús también eran publicanos y pecadores. Empresarios corruptos vendidos al sistema, con los que se sentaba a comer escandalizando a las mentes judías de su época.

El caso es que la religión convertida en ideología tiene esos deslices de inconsistencia, es un quiste que emana pus cada cierto tiempo, para mostrar las heridas del Cuerpo Místico de Cristo. No propaga la unidad de los cristianos ni el suma y sigue, sino más bien el divide y escinde. Y así abducidos por el imperio de lo progre, son como esos adolescentes de fin de semana que creen vivir con mayor autenticidad si cumplen el papel de la mascarada social. Se ponen su careta e interpretan el guión convencidos de estar haciendo méritos a favor de la autenticidad evangélica. En el fondo siguen con el complejo Peter Pan, no quieren manchar sus manos en la predicación del evangelio, porque saben que el imperio progre les machacará sin piedad.

De ahí que se asocien a todos los grupos que atacan a la Iglesia y que tomen prestados sus mismos argumentos. En el fondo carecen de propuestas válidas para llenar las parroquias de cristianos convencidos y coherentes. Por eso critican a quienes organizan eventos que pueden arrastrar a multitudes. Lo difícil es hablar de Jesucristo y convencer a los cristianos que formar parte de la Iglesia, con todos sus defectos, es una gracia que nos une en comunión. La crítica constructiva es mucho más compleja que las consignas demoledoras que se venden al imperio de lo progre. Pero así son y así quieren seguir siendo los progres de la Iglesia.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s