"Por Dios y por España" les produce pavor

La gente de principios, de cualquier extremo, es visceral. Lo son los de Europa laica que sufren una especie de indigestión cada vez que sale el ejército detrás de una procesión. Y ni les cuento lo que opinan respecto a que presidan alcaldes o políticos estas celebraciones. Con la fiesta del Corpus recién horneada, no falla el manifiesto reivindicativo del laicismo. Y tienen como portavoz a algunos creyentes abducidos, que sufren el complejo de su fe.

Claman los laicistas y sus acólitos contra el derecho a manifestar las propias creencias de manera pública. Para ellos el grito “por Dios y por España”, no tiene sentido en su vocabulario. Lo asocian al pasado más doloroso. No entiende que alguien jure un cargo y lo haga en presencia de un símbolo de aquel que más respeto le merece, precisamente Dios representa el máximo grado de adoración que puede otorgar un creyente. Dios desde la aurora hasta el ocaso, forma parte de una presencia permanente a la que bendecimos y adoramos. A ella le ofrecemos nuestros actos, con plena conciencia de que muchas veces no serán representativos de la fe que profesamos, pero cuyo juicio benévolo esperamos merecer no por nuestros pecados, sino por nuestro deseo permanente de estar del lado de la gracia.

Los creyentes cometemos errores todos los días. Y cuando llega la noche hacemos examen de conciencia con el Evangelio en la mano. Esa mecánica diaria nos permite entender que alguien con fe desee formar parte de una procesión rindiendo honor de su cargo como Presidente de una Comunidad, o bien siendo alcalde o concejal de un municipio. Representa un individuo que cree y forma parte de una corporación, aunque para el laicista sea delito manifestar su cargo social sometido a Dios. La imagen del poder terrenal sujeto a Dios les produce una especie de delirium tremens. Pero no hay nada más natural para un creyente que doblar la rodilla ante Dios y cumplir el deber social bajo su égida. Creer que las leyes humanas, deben rendir cuenta a Dios, es un acto natural de la fe del creyente.

En realidad los laicistas sufren el encono del ateo, quieren suprimir la presencia en la vida pública de cualquier simbología religiosa, con especial encono por la católica. Y a fuerza de manipular a la opinión pública y de contemporizar con algunos cristianos acomplejados de su fe, han conseguido una credibilidad que no tiene fundamento. La Iglesia y el Estado pueden tener separación clara de poderes, pero para el ciudadano creyente, Dios está muy por encima del Estado. Por eso es capaz de morir antes que someterse al imperio de un gobierno que le quiera suprimir su derecho a manifestar su fe con libertad.

Para un soldado creyente, nada más normal que ofrecer su cargo al imperio de Dios, desfilando en una procesión, como desfila delante de una bandera que representa a España y que ha jurado defender con su vida. Esas dos realidades tan lógicas que hacían enardecer el ánimo al grito de “por Dios y por España”, sufren en estos tiempos la censura más patética. Debido a la existencia de una diversidad cultural que abomina de España, que no quiere sentirse ciudadano bajo una bandera que incluso suelen retirar de sus instituciones. Es la fobia hacia aquello que constituye nuestra identidad como nación. Si suprimes el respeto a sus símbolos, has desmembrado la sociedad. Y ese proceso es lo que se lleva a cabo desde varias instancias no lejanas del poder.

Paras manipular una sociedad, nada mejor que dejarla huérfana de simbología, sin Dios y sin bandera, un soldado deja de ser un defensor de la patria, para pasar a convertirse en cooperador en misiones oscuras. Asalariado de su patria en defensa de intereses que se le escapan. Y el ciudadano que no se siente orgulloso de su país, tampoco deseará colaborar para el provecho de toda la sociedad. Esa bondad que emana del deseo del bien común, queda relegada a un lugar muy por debajo de los intereses más inmediatos.Sin Dios en la sociedad, las leyes pueden transformar la vida en muerte bajo el eufemismo de la libertad y el derecho. Y nadie protestará, porque se ha perdido el juicio de la conciencia sometido al vaivén de los mass media. No es extraño que se sientan compañeros de viaje grupúsculos tan diferentes como Europa laica y los batasunos o los de Esquerra republicana. Son hijos de una misma ideología, la que no rinde cuentas a Dios y por tanto es capaz de cometer cualquier barbaridad que convenga a sus intereses.

Nuestra sociedad está enferma de personalidad, abúlica y ajada por las ventoleras de los ideólogos de moda. No es de extrañar que se odie tanto a la única voz que se levanta a favor de aquellos que van perdiendo sus derechos naturales, los de la ley divina, los que marcan la frontera entre el bien y el mal. El odio a la fe, siempre ha estado presente en las sociedades totalitarias del pasado. Más vale que abran los ojos aquellos timoratos y acomplejados creyentes que piensan dialogar con el mismísimo diablo. Si no respetan a Dios, tampoco nos respetarán a quienes creemos en Él. En ello están empeñados.

Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a "Por Dios y por España" les produce pavor

  1. Anonymous dijo:

    Carmen, soy Tomás de la Torre, sacerdote de Infocatólica. Necesito que me pongas un correo a esta dirección:halconegro@mixmail.comGracias.Tomas de la Torre

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  2. Anonymous dijo:

    interesante articulo, obviamente defendieno tu visión desde el otro extremo, la secularización y la libertad comportan un riesgo, la libertad de expresión que genera estos debates…Quizas entendiendo el concepto de Dios, de fé, de iglesia y de creyente no se producirian mejores acercamientos pero si mas respeto por las tradiciones y costumbres, la cultura en feneral.Por sobre todo el hombre es digidad.saludos.

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