Fuego cruzado en la red

Entré en Internet con deseo de ser una voz que hiciera de puente entre la fe y la cultura, entre la sociedad y la fe. Con el tiempo descubres el avispero de los mas media. Hay un juego peligroso entre los portales de mayor influencia, quieren crear opinión como sea, a veces sin tener en cuenta el código deontológico que todo creyente debería tener. Porque para qué nos vamos a engañar, ahí afuera la gente circula sin reglas, más bien como devoradores de todo aquello que se interponga en su camino. Hay notables excepciones, pero apenas cuentan. El escaparate mediático da primacía a cualquier basura que pueda arrebatar audiencia. Y esa es la bestia apocalíptica que nos circunda. Televisiones, periódicos, radios, Internet, todos ellos necesitan visitas para hacer rentable su cometido.

Como ven, hay poco altruismo y mucho negocio. Salvo los bloggers que vamos por libres, que no cobramos de nadie, que sólo nos sentimos responsables de lo que decimos y no de lo que hacen otros al lado nuestro. Pero eso no quita para que nos molesten las riñas de gato panza arriba. Las medias verdades, los juegos de poder, la presencia constante de titulares que nos llenan de vergüenza ajena. Sin embargo el precio de permanecer en cualquier portal tiene ese riesgo, te pueden identificar por la línea ideológica que marca el mismo. Y no es eso, señores, pluralidad es un principio noble, pero a su vera surgen los emboscados dispuestos a ser el látigo de la fe. Hay líneas que se deberían cruzar de puntillas. Y yo me veo en la obligación de escribir este post. Por todos aquellos que se han ido de Religión Digital sin decir lo que les molestaba. Por todos aquellos que han callado apelando a la educación y un sentido de agradecimiento mal entendido.

Desgraciadamente las cosas funcionan desde esos parámetros, incluso con la publicidad que parece apoyar el criterio o la línea editorial del portal. Seguro que muchos de ellos también andan disconformes con lo que surge en la casa. Y también están las firmas utilizadas para dar una aureola de prestigio a lo que se dice. Así vienen apareciendo cartas pastorales de obispos que nunca rechazaran que se publiquen las mismas, puesto que forma parte de su mandato de evangelización. Deberemos agradecer siempre la libertad. Pero no tenemos que callar nuestro disgusto. Forma parte de una crítica sana dejar constancia escrita de nuestro parecer. Han sido muchos los colaboradores que se desperdigan y cambian de casa. Notables bloggers que llevan consigo su hábil pluma y no quieren estar donde casi todos los días se ataca sin piedad a la Iglesia católica. Tome nota la dirección rodeada de un grupo buscado con lupa a quien da cancha todo el día. Esas voces están marcando una línea concreta que no es plural, sino sectaria.

Han surgido nuevos compañeros de camino. La mayoría afines al sector más crítico con la Iglesia. Pero como los movimientos alternativos, apenas aportan ideas con sentido y si mucha demagogia además de caminos trillados que nadie quiere volver a recorrer. Sirven para agudizar el descontento de quienes no tienen unos principios sólidos en su fe. Su crítica machacona no hace mejor a la Iglesia, basta dejar constancia de que es recogida por periódicos dispuestos a combatir a la misma. Que su opinión es respetable, por supuesto. Pero también está el derecho de protestar. Y decirles que están equivocados, que así no se construye la Iglesia y mucho menos se forma parte de la misma.

No vamos a entrar al quite todos los días por aquello que leemos o nos molesta. Basta recordar que hay bloggers que no tienen otra finalidad que la de zaherir a la Iglesia. Otras confesiones se muestran respetuosas con la libertad de opinión, pero también tienen sus seguidores dispuestos a entrar como aves rapaces en blogs ajenos a su fe. Todo eso cansa. Y si no nos animase el deseo de comunicar, sería suficiente como para apagar nuestra voz. Que sin duda no es representativa de ninguna corriente, tal vez incluso insignificante. De acuerdo, pero siempre libre y dispuesta a formar parte de los católicos en la red.

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Acerca de Carmen Bellver

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