Somalia se muere y nosotros qué hacemos

Seguimos de vacaciones, el acelerador levantado,
todo al ralentí. Pero hay hechos que claman al cielo, especialmente cuando se utilizan de mala manera. A todos nos hiere la hambruna en Somalia, como el paro de nuestro vecino, o los indigentes que acuden al comedor de Cáritas que aumentan exponencialmente con la crisis. A todos nos parece que debemos colaborar como buenos cristianos en ayudar a las Entidades que se ocupan de esos casos. La fiebre de la solidaridad consigue salvar muchas vidas. Pero ahí se queda todo, llamadas de emergencia, cuentas corrientes, anuncios en la prensa, la radio o la televisión. Y un baño de buena conciencia nos inunda a todos. ¿Qué más podemos hacer?.

Pues creo que mucho más, especialmente denunciar a las grandes organizaciones que se ocupan de proteger a los refugiados como ACNUR; de las que se encargan de vigilar la paz en la zona como la ONU; de quienes se ocupan de la hambruna en el mundo como la FAO. En todos esos organismos hay miles de trabajadores cuyo cometido precisamente es prevenir las crisis humanitarias como la de Somalia. Y a pie de cañón viven también los religiosos y religiosas que ponen tiritas en las profundas heridas de la sociedad. Luego nos sorprenderemos que algunos acusen a la Iglesia de ofrecer caridad sin justicia. Eso que la misma teología de liberación denunció durante decenios. Porque la realidad es que la situación de Somalia y de otras zonas del país obedece a causas estructurales podridas. Corrupción, guerrilla islamista, tráfico de armas. Y los daños colaterales tienen nombre y apellido, algunos están ahora en las portadas de los medios de comunicación, mostrando sus esqueletos escuálidos y la sombra de la muerte en sus ojos.

¿Qué podemos hacer?. La Iglesia es una de las pocas voces que clama por esta hambruna, que ha levantado su voz y que exige justicia. Pero nos corresponde a los laicos ocuparnos del mundo. Por eso hay algo más, todos debemos exigir responsabilidades a esas Organizaciones Internacionales que parecen paralizadas, que tal vez están representando un papel hipócrita frente a la sociedad. Porque esas organizaciones nacieron al amparo de miles de conciencias solidarias que querían ayudar a los demás. Y ahora vemos que son como quistes putrefactos que sólo sirven para aparentar que se hace algo por los más necesitados.

Lo cierto es que mientras no se cambien las estructuras de muerte y corrupción de esta sociedad. El hambre seguirá presente en el mundo. Mientras se siga con el tráfico de armas vendidas por los países de Occidente a las guerrillas de esos lugares perdidos de la mano de Dios, la realidad es que seguirá existiendo el niño soldado, la joven violada, la muerte inesperada al pisar una mina. Y todo eso hay que denunciarlo. Lo otro, las campañas solidarias, son las tiritas hipócritas que no logran taponar una herida por donde se desangra la sociedad. Cierto que al menos se hace algo. ¡Por Dios, gracias a esas personas algunos sobreviven!. Pero los que estamos aquí a resguardo de esas inclemencias no dejemos que un donativo nos devuelva la tranquilidad.

¿Y qué podemos hacer mientras tanto?.. Pues lo mismo que los jóvenes del 15 M, tocarles las narices a los funcionarios de corbata y maletín, en quienes delegamos para que solucionen estos problemas. Denunciar una vez más las organizaciones que a lo largo de los años se han convertido en un paquidermo pesado que camina hacia el cementerio de elefantes. Allí donde descansan todas esas organizaciones de papel que no solucionan lo que están obligadas a solucionar. Y exigir mayor trasparencia en todas ellas, auditorias que no sean mero trasiego de papel. Trabajadores que no sean funcionarios corruptos dispuestos a callar con un sobre en la mano.

La conciencia solidaria no se puede dormir plácidamente en un donativo. Mientras la justicia tiene un clamor sordo y apagado por los mismos medios de comunicación, que hacen el juego a los poderosos. Esos medios sacan Somalia a la luz como una baza podrida, para cuestionar las cifras que suponen la próxima jornada mundial de la juventud. Y hay que decirlo, no se pueden mezclar ambas cosas, sin denunciar precisamente a los mismos medios que nunca siguen la pista de la corrupción. Y que utilizan Somalia de manera vergonzosa. El periodismo de investigación es la garantía de que la sociedad puede reaccionar frente a los grandes cataclismos. Ese periodismo no puede estar a sueldo de nadie. Ojalá encontremos gente valiente que sepa denunciar la verdad, sin manipular la misma.Por último, nos queda también la oración para que nos ayude a tomar decisiones correctas.

Acerca de Carmen Bellver

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