Comunión de rodillas: tiempo de más respeto y fidelidad

El verano no debería ser un tiempo de ocio, al menos no en exclusividad. Es el momento adecuado para leer aquello que durante el curso no es posible. Es tiempo de reflexionar sobre nosotros mismos. Tiempo para encontrar momentos de soledad y oración, de alimentar el bagaje de cultura religiosa y social. Tiempo para encontrarnos con los demás y gozar con la conversación intrascendente, o bien con temas de actualidad que llevan ciertas cargas de profundidad. He tenido oportunidad de seguir una saga sobre la Historia de la Iglesia católica en gloria tv. Y me siento hoy más hija de la Iglesia si cabe que ayer. A lo largo de los siglos los envites han sido múltiples y variados. En la actualidad la Iglesia sigue dividida entre progresistas y conservadores. Que no lleva nada más que a reconocer que algunos quieren imponer su visión a la Iglesia pero sin contar con su aprobación. Pero lo cierto es que a lo largo de la historia los grandes reformadores, cuestionados a veces por sus hermanos en la fe, lo que siempre tuvieron claro es que morirían dentro de la Iglesia católica, que no harían nada para desautorizar la voz del Papa, ni mucho menos para cuestionar la obediencia a sus obispos.

Y la verdad triunfa, vaya si triunfa. Entre otras cosas porque esos grandes reformadores supieron poner los cimientos de la fe al servicio de la Iglesia. Si por el contrario, nos encontramos con gente que pone su saber bajo las ruedas del carro eclesial, tendremos que correr en dirección contraria. Por eso sucede que quienes amamos la fe nos damos cuenta de los sucedáneos y por muy ornamentados que se nos presenten, no cuelan. Vemos que se ha perdido entre la ventolera del Concilio, mucho de piedad, de devoción, de respeto hacia los sacramentos que conforman nuestra fe. Vemos que se nos ha vendido un Jesús tan humano, que sirve para pasar una buena temporada en la comuna del amor sin fronteras. Pero no crece ni un ápice nuestra espiritualidad, aunque estemos llenos de buenas ideas.

Se ha producido una fractura entre obrar y orar. Primando el hacer antes que el ser. Tal vez como reacción a un pietismo que lo resumía todo en hincar las rodillas sin mancharse las manos con las realidades convulsas de la sociedad. Y precisamente en esos rincones olvidados es donde siempre encontramos la savia que vuelve a retroalimentar a la Iglesia. Hoy nos falta vocación misionera, convencimiento de que la fe es un don que se nos otorga no para disfrutarlo individualmente, sino para compartirlo con los demás. Faltan en los púlpitos esas voces que enardecen los espíritus y los llevan a cambiar drásticamente la vida.

Me pregunto cómo se dará la regeneración de la Iglesia, y no la veo en los reformadores que predican como hugonotes o calvinistas en tiempos de Trento. La veo en la fidelidad al Catecismo de la Iglesia y en la profundización de la fe, en la oración comunitaria y en la colaboración social. Pero no la veo en quienes ponen palos a las ruedas, para mostrar las vergüenzas de quienes sólo se representan a sí mismo, nunca a la Iglesia. Por eso, no me extraña que existan vientos de repliegue de velas. Vientos que nos vuelven a pedir que nos arrodillemos para recibir a Cristo. Son las voces a veces equivocadas de quienes comprenden que sólo una revolución espiritual profunda, puede sacar de la crisis a la sociedad occidental. Una revolución que sea atractiva porque propone un hombre humano e íntegro, incapaz de corruptelas, solidario con sus vecinos. Un hombre cuyo centro es Dios y no la fama, ni el dinero, ni el poder.

Saber predicar el mismo mensaje de hace dos mil años, pero con la agilidad de los nuevos medios, rápidos y fugaces, es un reto para cualquier presbítero del siglo XXI. Tiempo por tanto, para que pongamos nuestro granito de reflexión sobre la realidad circundante, sin dejar de mostrar que aquello que nos mueve, es precisamente el amor de Dios por este mundo lleno de tantos territorios comanche donde es fácil sucumbir. No creo que al Cardenal Cañizares se le ocurra exigir que los fieles se arrodillen para recibir la Eucaristía, lo que si propone es que quien pueda lo haga como muestra de respeto y adoración. Los dimes y diretes sobre algo así, muestra una vez más que muchos se quedan con la anécdota incapaces de la autocrítica personal. El respeto nunca debe estar reñido con la modernidad. Y hoy nos falta un buen trecho de ese respeto hacia los demás. Y con esto no estoy aprobando las sugerencias del cardenal. Personalmente ya dije en su momento que es más higiénico e igual de reverente tomar la forma consagrada en las manos.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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4 respuestas a Comunión de rodillas: tiempo de más respeto y fidelidad

  1. mjbo dijo:

    Hola Carmen. Decirte que te sigo y participo completamente de todo lo que dices. También te enlacé en mi blog.Este tema de la Comunión nos afecta muchísimo a todos los católicos, porque yo misma, sin ir más lejos, he presenciado no pocos desmanes en distintos lugares. Debido a ello voy pensando que el mejor modo de comulgar es dando testimonio de absoluto respeto y adoración. Y hay gente muy lenta en percatarse de algo, por ello comulgar directamente en la boca es una solución más que loable.Te adjunto un enlace a mi blog y decirte que en la etiqueta "Comunión", tengo alguna reflexión que espero sirva a otros.http://portimadrugo.blogspot.com/2010/12/como-comulgar-y-lo-que-piensa-el-papa.htmlGracias y saludos

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  2. Estimada Carmen, En esta sociedad de la información, saturada de comunicación unidireccional, nuestra capacidad de entender el lenguaje Litúrgico es prácticamente bula. Incluso los muchos sacerdotes minusvaloran la importancia de este lenguaje.Si no damos valor de signo a gestos, como los que el Cardenal Cañizares reseña, difíclmente podremos dar el valor simbólico que poseen y menos aún, nos daremos cuenta de la capacidad transformadora que poseen los sacramentos.Creo que los católicos deberíamos reflexionar más a menudo sobre estas cosas.Gracias por seguir mi blog Eclesiastic. Ya se acerca el momento del encuentro de blogueros con el Papa. Estaré encantado de saludarle en la mesa. Un abrazo en Cristo 🙂

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  3. Carmen dijo:

    Me alegro de saludaros. Gracias por la visita. Que será correspondida, no puede ser de otro modo. Ya estamos enlazados. Nos vemos

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  4. El sistema de entregar la Comunión y el sistema de recibirla me tiene hasta cierto punto muy obsesivo intelectualmente hace bastante tiempo. En primer lugar quiero destacar que las "recomendaciones" del Vaticano si no se convierten en mandatos caen en papel mojado. El detalle de "recomendar" es que quien manda no se siente seguro (infalible) de lo que pretende transmitir, el "recomendar" lo veo como una debilidad de la misma Autoridad competente. Quien puede pensar que a los curas de Entrevias que celebraban sin ornamentos luego el cardenal Rouco les "recomendó" que rectificasen???. El Cardenal Rouco les tenia que suspender a divinis y listos, esto hubiera demostrado en que consiste la Autoridad. En cuanto a la Eucaristia es cierto que en el mismo Cenáculo Cristo dice "tomad y comed" que se puede interpretar a gusto de uno y la expresión no define ni en la boca ni en la mano. Luego dicen los puristas que los fieles no podemos tocar la Hostia con la mano pero ¿¿que diferencia hay tocarla con la mano o con la lengua??: ninguna. El gran defecto que veo en las largas filas de los fieles que se acercan a comulgar sobretodo en celebraciones multitudinarias y en ciudades donde la gente no es conocida, el problema es que en la fila se pueden colar los listillos de siempre que comulgan en la mano y se llevan la Hostia en el bolsillo. Luego el pecado es del repartidor que no ha exigido garantías de saber a quien entrega el Pan del Cielo. Este problema del anonimato comulgante se puede solucionar repartiendo la Eucaristia en una red formada con una munion de asistentes y que cada cual tenga a su cargo inscritas unas 10 personas para que las conozca. Perdonad mi sermon pero es una idea que estoy lanzando continuamente por internet. No se puede entregar la Eucaristia ni en la boca ni en la mano a una persona que nos es desconocida, esta deberia ser la norma de lo contrario el pecado recae en el mismo repartidor y por consecuencia en el obispo de turno que permite o "recomienda" en lugar de Mandar en mayúscula.

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