Elecciones 20N: No todo está perdido

Se abre de nuevo la rueda de la fortuna. El 20 de Noviembre elecciones generales. No parece que la fecha sea casual, sino muy ladina, muy apropiada para tener nuevas excusas de representar el papel de demócratas alejados de la extrema derecha franquista. De salvadores de la patria. Para ello tienen a los niños del 15 M atizando el fuego de los indignados. Se abre la veda al peor laicismo de la historia española, exceptuando el periodo de la II República. Vamos a oler el humo de la demagogia. Porque quien se presenta como cabeza visible del partido socialista es un brujo maquiavélico, sin principios. Así de fuerte señores. Volverán a representar la voz de los parados, cuando ellos han incrementado el techo hasta cinco millones. Volverán a fingir que defienden la sociedad del bienestar, habiendo dinamitado sus cimientos a lo largo de su legislatura. Volverán a atizar progresismo confundiendo el culo con las témporas. Y predicando su moral relativista, mostrando que ellos son los modernos y aquellos que defienden los principios morales de la familia tradicional, pertenecen a una sociedad anacrónica.

Es un juego que les llevó a mantenerse en el poder durante años. Mientras le hacían la cama a la economía de mercado, al capitalismo más duro e inmoral que nos tiene a todos cogidos por las partes pudendas. Es la constatación de un gran fracaso de la socialdemocracia frente al imperio del consumismo devastador. Ese mismo consumismo que sólo se basa en los grandes beneficios, sin más ética. Ese juego que hace aguas, que provoca la indignación de todas las capas sociales, sólo puede encontrar relevo en la justicia consensuada. Es hora de que la política salga de las manos del dios Mammon que ha hundido a los políticos en la corruptela y el buen vivir a cuenta del contribuyente. Es tiempo de regeneración y harían bien sus señorías en abrir debates con la sociedad, para encontrar vías de escape. Sin confianza en sus gobernantes, la sociedad puede ir al precipicio.

Esta crisis que devora incluso a míster Obama en su propio territorio, sólo podrá salvarse con otra égida completamente diferente. La que implique control de los mercados y ponga coto a los beneficios desorbitados de la Banca y sus adláteres. Pero no tengo muchas esperanzas sobre el relevo que puede llegar. Una sociedad que ha dejado de defender la vida desde su origen a su término, que ha dado la espalda a Dios creyendo que puede obrar como le parezca al margen del bien y del mal. Una sociedad fragmentada en reyezuelos que no tienen noción de Estado y tiran de las ubres exprimiendo las reservas que debieran proporcionar bienestar y estabilidad al país. Insisto, una sociedad que va a lo suyo, probablemente merezca perecer para que de sus cenizas vuelva a levantarse algo mejor. Y lo dije en su momento, el ciclo de EEUU y su hegemonía tocaba a su fin. Los valores que levantaron Europa tras la segunda guerra mundial, también han caído. No debemos asustarnos, puede que todavía lleve años esa lenta agonía.

Y mientras qué podemos hacer, sería la pregunta. Yo invoco a los creyentes a rezar por España y por los españoles, sin rubor. Creyendo firmemente que el bien común está por encima de cualquier otra consideración. Invito a los católicos a perder miedo en defender aquello que nos es más sagrado. Porque es evidente que la invasión secular de los medios de comunicación, sólo puede ser ganada mediante la apuesta por esos mismos medios con principios que emanen de la fe. Es más necesario que nunca renovar la savia cristiana en esta sociedad paganizada. Hacer cultura de nuestras creencias, por eso debemos estar al lado de convocatorias como la JMJ y saber promover los valores cristianos por encima de esos ídolos que hoy controlan el cine y la televisión. No se trata de ir contra nadie. Sino precisamente de ofrecer lo mejor que tiene el cristianismo, la honradez, la honestidad, la humanidad, la cooperación con lo bueno, todo aquello que sólo puede salir del Dios hecho hombre que exige una conversión de los corazones.

Abramos ventanas de reflexión sin ira, sin increpaciones que enturbien la convivencia, con propuestas siempre positivas. El político que sepa llevar en su maletín no la ilusión quimérica de las buenas palabras, sino la decisión valiente y arriesgada de hacer frente a los problemas, será el mejor relevo. Aun exigiendo sacrificios a la sociedad puede renovar sus esperanzas. No todo está perdido.

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Acerca de Carmen Bellver

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