"Si el mundo os odia, recordad que primero me odió a mi"

En verdad vivimos tiempos en los que hay que dar gracias. “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). No me cabe duda que existe toda una campaña orquestada contra la Iglesia que tiene su cenit en la visita de Benedicto XVI a España para la Jornada Mundial de la Juventud. Si el Santo Padre se limitara a dirigir la barca de Pedro desde Roma, sin ninguna visita pastoral, también le acusarían. La cuestión es hablar, especialmente hincar el diente con regusto en el laicismo más aguerrido. Que Izquierda Unida proteste no tiene mayor importancia, están para eso, su papel es de constante provocación y mucha labia para captar incautos. Izquierda Unida no tienen ni la más remota idea de lo que es el respeto y la pluralidad. Protestan contra todo, y levitan en el paraíso de la arcadia feliz y cómoda de la oposición.

Tampoco preocupa que Hans Küng, sirva de líder carismático para lanzar bombas mediáticas contra el Vaticano. Es una historia que lleva años repitiéndose, busca construir su propio Vaticano, a su medida, basándose siempre en los orígenes del cristianismo. Pero eso es la excusa, basta seguir su discurso para descubrir que algo falla. Quienes le siguen no son San Francisco de Asís, dando ejemplo con su pasión por imitar a Jesucristo, dispuesto a poner en las manos del Papa su nueva forma de vida. No, estos siguen la corriente de Lutero, clavan sus tesis en el mundo mediático, sublevan al personal contra la figura de su obispo, abominan de los errores de la Iglesia. Y como no han sido excomulgados, siguen mareando la perdiz hablando de “Otra Iglesia”, la que ellos quieren convertir en un corral de cabras locas. Porque eso es a lo que llevarían sus desvaríos. Se trata de creer en la Iglesia con sus defectos y virtudes, de amarla porque en ella pese a toda la podredumbre de quienes la configuran, sigue el impulso del Espíritu. Y ahí es donde quería llegar, las reformas vendrán cuando Dios quiera, de la manera más inesperada. Y siempre para mayor gloria de Dios. No de Küng, ni cualquier otro teólogo disidente. Así ha sucedido siempre en la Iglesia y seguirá sucediendo.

Y para corifeos Redes Cristianas y sus adláteres, recogiendo firmas y clavándolas en los muros opinión, para que se vea bien claro que ellos son mucho mejores que esa pobre jerarquía que tiene que lidiar toros bravos en su mismo corral. Así no, le gritan a Benedicto XVI, incapaces de digerir que sea capaz de convocar a millares de personas. Y por supuesto la organización por los suelos, ellos lo harían mejor, sabrían sacudir el árbol de las nueces para que cayera el fruto en el lugar adecuado. Ni se lo creen, o son unos memos redomados. No hay concentración de millares de personas que no suponga un trabajo previo de organización. Y si los mítines se dan en recintos deportivos o plazas de toros, éstas se quedan pequeñas para congregar a los miles de jóvenes venidos de todo el mundo. ¿Y porqué no tenemos derecho los católicos a convocar esa aglomeración de gente, para mostrar la libertad religiosa de un país y el respeto a las creencias de una parte de los ciudadanos?. Me da igual lo que opine Castillo o Católicas por el derecho a decidir. Ellos van a la suya y la Iglesia sigue siendo fiel a Jesucristo, por mucho que los otros rechinen de dientes. Que no todo es un campo de rosas, de acuerdo, hay cosas que son mejorables. ¿Pero por qué ese empeño de ponerse al lado de quienes nos quieren destruir?. Eso resulta incomprensible, casi diabólico.

Siguen con su mantra de siempre, que la Iglesia ha traicionado al Concilio Vaticano II, y cuando lees lo que proponen te das cuenta que son meros protestantes que no tienen agallas para cambiar de redil. Seamos sinceros, a la Iglesia lo que le ha pedido Jesucristo siempre ha sido santidad. Algo que no se lleva bien con seguir la corriente del mundo. Somos nosotros quienes tenemos que llevar por ese camino a los demás, con un comportamiento de vida que les cuestione. No vale fijarse en los defectos del prójimo sin ver los propios. Hay mucha porquería en la Iglesia porque está formada por hombres y mujeres capaces de traicionar a Jesucristo. La corrección fraterna debería consistir en algo que nos ayudase a ser mejores cada uno, y no precisamente en airear los defectos, que para eso ya está el mundo empeñado en perseguir todo lo que se oponga a su criterio. Y como es obvio la Iglesia nunca se podrá adecuar al mundo, porque su Verdad radica en otros valores que no son de capaces de entender quienes no viven un proceso profundo de conversión.

Así que desde aquí aprovecho para ponerme del lado de quienes sí queremos recibir a Benedicto XVI. Y le damos gracias por saber salir a predicar con todos los medios a su alcance. Porque también la Iglesia sabe adecuarse a los tiempos que corren. Su labor es trasformar el mundo con la fuerza del amor que le ha sido otorgada por Jesucristo y podemos dar fe de que así ha sido desde el siglo I hasta hoy. Gracias a miles de sencillos creyentes y a la fidelidad de sus pastores.

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Acerca de Carmen Bellver

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