Breve análisis del camino recorrido por la JMJ

La Jornada Mundial de la Juventud puede decirse que ha sido todo un éxito, le pese a quien le pese, la juventud se sabe comportar e incluso entra en franco diálogo con los manifestantes del laicismo más casposo. La noche de la madrugá que acompañó a los pasos venidos de toda España para el Vía Crucis, en el kilometro cero de Madrid, jóvenes peregrinos y jóvenes manifestantes hablaron de Dios, de esta Jornada de la Juventud, sin empujones ni altercados que nos retrotraen a un pasado que ya habíamos olvidado. Son jóvenes que tienen un futuro por delante, que viven la fe como una oportunidad y así la presentaron a quienes no entienden que Cristo pueda ser el Señor de su vida.

Pero también tendremos que hablar de los olvidos imperdonables. Escasa mención a la cantidad de congregaciones religiosas que han cedido sus instalaciones, que han participado en la preparación previa a esta Jornada, cuyo itinerario comenzó mucho antes de la llegada de Benedicto XVI. Los medios apenas se han hecho eco de ello. Y han sido decenas las actividades organizadas en las sedes donde se acogía a los jóvenes. Como muestra la sede de Alcalá de Henares, donde el arzobispo de Valencia presidió una multitudinaria “misa de envío”, con más de setenta y cinco sacerdotes concelebrando y miles de peregrinos llegados de todo el orbe. Esto se ha repetido en el cinturón de Madrid, poblaciones que se han abierto a la acogida de los jóvenes y donde las vigilas de oración, los rosarios y las Eucaristías, preparaban el itinerario espiritual de quienes han venido a reafirmarse en la fe junto a Benedicto XVI.

Lamentable por tanto el olvido de los organizadores al proporcionar un texto de bienvenida a Benedicto XVI donde sólo se nombró los nuevos movimientos: neocatecumenales, focolares, comunión y liberación, etc. Un olvido imperdonable que ha dolido profundamente a quienes se han dejado la piel en animar y convocar a miles de jóvenes de todo el mundo. Pero así son las cosas, por eso lo contamos. Sabemos que Benedicto XVI no los olvida, la cantera de donde salen la mayor parte de vocaciones sigue estando en manos de esas congregaciones, en sus centros educativos y en sus organizaciones de voluntarios a favor de los más necesitados. De allí surgen compromisos para toda la vida. Se merecen unas palabras de aliento.

Se ha hablado mucho del coste del evento, de la papolatría que supone tratar como Jefe de Estado al sucesor de Pedro. Lo que no se dice es que hoy podemos gozar de la presencia del Papa en nuestra propia tierra, algo que ningún cristiano del pasado tuvo oportunidad de alcanzar. También podemos escuchar al Vicario de Cristo gracias a los medios de comunicación. Eso debe verse como una gran oportunidad. Los discursos que Benedicto XVI ha dirigido a los jóvenes, a las religiosas congregadas en el Escorial, a los seminaristas y sacerdotes en la Almudena; permiten una pastoral del Santo Padre directa y sin intermediarios. Creo que debemos agradecer estas jornadas, aunque a todos nos moleste la cantidad de seguridad que es necesaria para proteger una aglomeración de gente de esta magnitud. Seguridad que el mismo Benedicto XVI debe sufrir para que ningún país tenga que lamentar la desgracia de un magnicidio en su tierra.

Quedan grabadas para la posteridad esas palabras en el Vía Crucis: “No paséis de largo ante el sufrimiento humano”. La catequesis que tuvimos ocasión de presenciar con el comentario a las quince estaciones, no dejaron a nadie indiferente. Un profundo y reverencial silencio, meditación ante el dolor hecho humanidad.

Se ha pensado en todo, entrañable la visita del Papa a los discapacitados, para que no quepa duda que la fe se encarna en un amor oblativo hacia los demás. Impresionante la vigilia de oración que testimoniará hacia el mundo el sentido de la comunión de los santos realizada cuando dos o tres se reúnen en nombre de Jesucristo. Lluvia, truenos, tormenta refrescante que no desanimó a nadie. Y durante toda noche diferentes capillas para adorar al Santísimo.

La Eucaristía de esta mañana ha sido exigente, no en vano se pide a los jóvenes que tomen el testigo de la fe y vayan por todo el mundo predicando el Evangelio. Esta Jornada Mundial de la Juventud es un peregrinaje espiritual con un objetivo claro. Entusiasmar y confirmar en la fe a cada uno de los asistentes, y a quienes les acompañamos en el corazón. Que los frutos de estos días intensos de fe se extiendan también hacia quienes no pueden comprender que Dios es el Señor de la Historia. Que El les ilumine y les dirija hacia su amor. Paz y bien

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Acerca de Carmen Bellver

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