Entramos ya en los últimos días de agosto. No es que finalice el verano pero es evidente que las vacaciones se están apagando lentamente. Y hacer balance de ellas se impone como un ejercicio de reflexión que todos debemos practicar. Primero están los objetivos previstos ante el solaz y sosiego de unos días de descanso. Y luego la triste realidad de que fue menos lo que logramos hacer que aquello que nos prometíamos muy felices.

En cualquier caso, hemos descansado, unos más que otros. Porque el vendaval de la JMJ supuso una semana intensísima donde quien más y quien menos puso toda la carne en el asador. Me complazco en encontrarme entre quienes nos pusimos del lado de la juventud y de ese macro evento de la fe. Sin hacer caso de los agoreros que abominaban de los jóvenes venidos de los cinco continentes. Reconocemos que se está perfilando la Jornada Mundial de la Juventud, como una oportunidad de fortalecer en la fe a quienes más lo necesitan. La cultura actual profundamente secularizada no pone fácil el reto de la fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia. De manera que mientras no se quede todo en una semana espectacular y gozosa. Nos sentiremos contentos de poder participar en esa nueva Evangelización de la que ya se habla en el mismo Vaticano.

Y es cierto que debemos conseguir una visibilidad mayor en la cultura hedonista y pagana que ha dado la espalda a Dios y que va destruyendo el tejido social. La crisis actual de la humanidad, tiene mucho que ver con la crisis de valores profundos, de opción por los más necesitados, de contribución al bien común. Mientras exista como eje de la vida el dios del triunfo rápido y del dinero fácil, mal lo tenemos. Es necesario que surja un nuevo empuje por parte de los más jóvenes capaces de trasformar la sociedad. En ese empeño ha puesto su esperanza Benedicto XVI. Sin triunfalismos ni vanaglorias, porque la realidad es la que es y no se puede disimular con el escaparate de la JMJ aunque haya sido todo un éxito.

Me gusta la idea de que se cuide de la pastoral juvenil. Y que se haga con el catecismo en la mano, dejando aparcadas ciertas innovaciones que llevaron a muchos a considerar la religión como una cuestión de espiritualidad personal donde se cogía aquello que nos apetecía en un momento determinado. Desde esa ansiedad por conocer gurús y fórmulas que se apartasen del camino conocido por los maestros espirituales de la Iglesia, muchos cayeron en un relativismo que les incapacitaba para ser evangelizadores. Porque dentro de ellos no ardía la pasión de Cristo y su amor a la salvación de las almas. Es más se olvidaba que somos pecadores y que la misericordia de Dios no impide que muchos puedan ser condenados al final de los tiempos. El lenguaje apocalíptico se despojó de toda su crudeza, incluso cuando el mismo Jesucristo en el Evangelio hablaba de entrar por la puerta estrecha Lc 13, 22-30.

Hemos iniciado un nuevo ciclo dentro de la historia. No sólo a nivel económico o político, sino también dentro de la fe católica, donde las experiencias del pasado ya han dado todo lo que podían dar y han mostrado sus errores. De manera que la dirección actual, mucho menos innovadora y más fundamentada en el camino de la santidad personal, parece que va despojándose de experimentos ajenos a la fe, por muy respetables que puedan ser. No es cierto que para unir la fe y la cultura debamos renunciar a la propia ascesis personal. Lo que se impone es precisamente que sepamos pasar por el filtro de la modernidad, de las nuevas tecnologías y de la sociedad globalizada, un mensaje que lleva entre nosotros dos mil años y que sigue siendo una propuesta de vida que lleva a la salvación a la humanidad. Si no creemos que lo que llevamos entre manos es precisamente esa salvación, nunca despegará la nueva Evangelización, porque estará muerte antes de nacer. Y ese camino trillado ya lo conocemos, hemos recorrido cerca de cincuenta años de crudo desierto, viene el momento de entrar en la Tierra Prometida.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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2 respuestas a

  1. Anonymous dijo:

    Carmen:Estoy de acuerdo con lo que dices; los experimentos, con gaseosa ya que además se ha demostrado que no ha sido muy provechoso, que digamos.Un cordial saludo.Ana_MS

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  2. Carmen dijo:

    Así es Ana. Los experimentos "con gaseosa"Un abrazo

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