Un Congreso relativista. ¿Qué es la Verdad?

Me ha impactado el mensaje final del Congreso de Teólogos Juan XXIII. Porque lo que define al ser humano es precisamente la búsqueda de la verdad en toda su amplitud. Todas las ciencias y las humanidades parten en su origen tras la búsqueda de esa verdad. Lo hacen con sus propias reglas a las que todos, sin exclusiones, nos atenemos. El mundo científico se sustenta en unos principios que son necesarios para seguir funcionando e incluso descubren reglas que son inmutables. Las humanidades siguen ese mismo principio fundamental. Y ese Congreso parte del diálogo para encontrar una verdad común que ha terminado por encumbrar el relativismo como el padre de la verdad. Por eso afirman: “Creemos que el mejor antídoto contra los fundamentalismos es: la renuncia a la posesión absoluta de la verdad y su búsqueda colectiva”. Es una absoluta contradicción buscar “el respeto al pluralismo, la convivencia frente a la coexistencia, el derecho a la diferencia, la interculturalidad y el diálogo interreligioso orientados al trabajo por la paz y la justicia, la solidaridad con los excluidos, la defensa de la naturaleza y la igualdad entre hombres y mujeres”. Si al mismo tiempo se renuncia a la búsqueda de la Verdad.

Por eso en la historia de la humanidad hay siempre un poso de verdad que es común a todas las culturas. Junto con un margen de libertad que permite la revisión constante de esos principios establecidos. Esa búsqueda de la verdad la religión la encuentra en Dios. Los cristianos la tenemos muy presente en las palabras de Jesús “Yo soy el camino, la verdad y la vida”(Jn 14,6). Para quienes tenemos fe ya está todo dicho. No es posible el relativismo, aunque siempre sea necesario practicar el diálogo y la buena vecindad. Pero no podemos renunciar a la Verdad. ¿Qué es la Verdad?. Le preguntó Poncio Pilatos a Jesús, y ya sabemos su respuesta. Pero al parecer seguimos indagando en lo mismo tras más de dos mil años. Si, ya sé que la Verdad toma diferentes acepciones según el campo desde el que sea nombrada.

Pero cuando intentamos convivir respetando al otro sabemos que podemos chocar con la misma pregunta ¿Cómo es posible la verdad común, si por otra parte tenemos clara que nuestra verdad es Absoluta?. El planteamiento que hace el Congreso de Teólogos Juan XXIII lleva en su origen esa contradicción. Sólo desde una mentalidad agnóstica, carente de ninguna verdad absoluta, se podría aceptar ese relativismo. Pero desde el mismo momento que uno cree haber encontrado solución a la pregunta ¿Qué es la verdad?. Tendremos que admitir que hay una antropología determinada ya de partida que es fundamento básico de la humanidad. Esa Verdad hace que los católicos no admitamos el aborto, mientras que la verdad relativa común a diferentes credos, establece en la legislación civil que el aborto es un derecho. Afortunadamente no estamos en un estado totalitario como China donde el aborto es obligatorio porque el Estado solo admite un hijo por familia.

Pero valga el ejemplo como detalle. Si la legislación civil impone “su verdad relativa”, chocará inevitablemente con la Verdad Absoluta. Por eso al querer entrometerse en la educación de los valores sociales, los padres se sienten agredidos en su libertad. Se está imponiendo una verdad “relativa” que se publicita en los medios y se anuncia como buena y placentera. Es la verdad de una sociedad promiscua donde el preservativo es un método para evitar responsabilidades derivadas del acto sexual. Poniendo lo unitivo como medio para obtener una satisfacción sin que la afectividad emocional sea respaldada con un compromiso, con un respeto mutuo de la pareja hacia el otro.

Podríamos hablar de la verdad del relativismo economicista que utiliza el capital como fin perjudicando a la mayoría de la población que va siendo utilizada para alcanzar determinadas cotas de mercado. Una explotación de parte de la humanidad hacia el resto de los seres humanos. ¿Será esa la verdad relativa que ahora se impone de manera fundamentalista?. Deberíamos pensar en ello. Cuando se afirma alegremente “Las religiones poseen en sus propias fuentes ejemplos luminosos y resortes para superar los fundamentalismos, cuales son: la dignidad de las personas, el tejido comunitario, la aceptación de los otros, el perdón, la misericordia, la opción los pobres y marginados y la hospitalidad”. Estamos cayendo en un análisis simplista. En realidad es la sociedad cristiana quien ha creado un tejido comunitario que tiene en su origen la misericordia hacia los más necesitados. Pero quien no se siente obligado a dar de lo suyo para cubrir a los más necesitados, chocará inevitablemente con una sociedad que pretende ser equitativa y redistribuir la riqueza entre todos sus habitantes. Por eso la corrupción y la evasión de impuestos son pecados graves de injusticia y falta de solidaridad.

El origen del derecho romano era un acuerdo verbal en base al sentido común. Pero no fue hasta mucho más tarde cuando se abolió la esclavitud en la sociedad cristiana. Y aún así persistió en otras razas que se consideraban inferiores como los africanos. Se necesitaron muchas generaciones para abolir la esclavitud. Y hoy seguimos manteniendo estructuras “de pecado” que nadie está dispuesto a penalizar, puesto que partimos de unas leyes “que relativizan la injusticia económica de los poderosos”.La verdad por tanto nunca puede ser relativa. No robar no es una verdad relativa sino absoluta, porque perjudica a la comunidad en todas sus variantes. Por eso es falso hablar de fundamentalismos sin considerar que la pregunta esencial del ser humano ya ha sido respondida. La verdad resumida en el decálogo de los diez mandamientos forma parte de la legislación civil de manera “relativa”. Nadie es condenado por mentir salvo que sea un perjuro en un proceso civil. Pero la verdad absoluta del creyente sabe muy bien que su mentira tiene unas determinadas consecuencias. De manera que las leyes deben mantener la libertad religiosa como una verdad absoluta. Y con ese mismo razonamiento se debería proteger el matrimonio como unión entre hombre y mujer. Sin experimentos con gaseosa. Pero más parece que el Congreso de Teólogos está dispuesto a condenar la Verdad. Estoy segura que no serán ellos quienes inicien ninguna Nueva Evangelización. Sino más bien quienes la frenarían apelando a la que la Verdad es relativa.

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Acerca de Carmen Bellver

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