Celebraciones religiosas presididas por laicos, cada vez más necesarias

Un decreto del obispo de Gerona facilita que un religioso no sacerdote, una religiosa, un laico o una laica suficientemente preparados y con la debida autorización, puedan presidir la celebración dominical en ausencia de sacerdote. Catalunya Cristiana explica la iniciativa del obispo. Algo que si no me corrigen cabría afirmar que no es ninguna novedad. Que está previsto en caso de ausencia de presbíteros, especialmente en tierras de misión. Pero que además va muy en consonancia con el papel de los laicos tras el Concilio Vaticano II. En algunas zonas Dios escribe derecho con reglones torcidos. La edad avanzada del clero que en esta sociedad secularizada vive un invierno vocacional de más de cincuenta años, con sus altibajos, está impulsando iniciativas que podrían trasformar la cara de la misma Iglesia tras otros cincuenta años.
Y no sería como lo han deseado los profetas de calamidades por el aggiornamiento que exigen como mantra por activa y pasiva, sino por la mera necesidad de formar a laicos y religiosos para suplir la presencia del sacerdote. Que sin desaparecer, estaría desde luego avanzando hacia un expendedor de sacramentos itinerante. No sé si esa solución es la más idónea. A mi juicio desde luego es un parche provisional que cambiaría mucho la cara de la Iglesia. Un parche que se hace necesario en territorios donde no se tiene relevo generacional en los seminarios. Y si Dios no lo remedia, España en muchas zonas geográficas adoptará la misma medida. Algo similar tendrán que gestionar territorios europeos tan secularizados como Holanda o Austria, en cuyo país se ha producido un tour de force para adecuar la Iglesia a la sociedad, mediante la protesta de más de 250 sacerdotes.
¿Pero se trata de eso?. ¿Aumentaría la feligresía en las parroquias cambiando algunas cosas en la Iglesia?. Volvemos a repasar periodos de la historia donde la Iglesia tuvo sus sombras y no vemos que haya cambiado nada sustancial en la manera de celebrar o de profesar el credo. Ahí está la fuerza de la Iglesia, en su fidelidad a la Tradición. Y de manera sorprendente ese parece ser el camino por donde están entrando las nuevas hornadas de vocaciones religiosas o sacerdotales. Afortunadamente no se trata de volver a una vida de piedad alejada de los problemas del mundo, sino que vemos que éste termina por ahogar la exigencia de santidad a la que la vida cristiana está destinada, si ella misma no se fundamenta en la oración y los sacramentos como alimento para derramarse en la caridad.
El Concilio Vaticano II ha sido una fuente de gracia para la Iglesia, pero también de aflicción. No siempre sus textos han sido bien interpretados. Ni siquiera desarrollados en muchos de sus apartados. Pero es evidente que la Iglesia triunfante solo sucederá al final de los tiempos. Mientras, tendremos que reconocer lo difícil que es actuar en un mundo mediatizado por las imágenes audiovisuales. Donde son promocionados los valores alejados de Dios y además tienen su corte de aduladores. Tal y como se desenvuelven los acontecimientos, en Europa la religión cristiana se convertirá en una minoría tal vez poco significativa. Tendremos que repasar las cartas de los apóstoles para comprender que ellos no tuvieron miedo de una sociedad paganizada. Supieron dar testimonio de su fe a contracorriente. Y fueron acusados de secta por el Imperio Romano.
La mejor semilla para germinar en el futuro sigue siendo cultivar las familias cristianas y las reuniones parroquiales con actividades que fomenten la fraternidad entre todos los miembros de la parroquia. El cuidado a los jóvenes desde la infancia, el fomento de la vida de piedad sin temor a beaterías. Cultivo de los sacramentos y preparación para los mismos. No hay nada inventado que no se haya hecho antes a lo largo de los siglos. Y siempre bajo la mano de fieles creyentes muchos de los cuales veneramos ahora como santos. Ellos siempre han sido providenciales en la Historia de la Iglesia. Y ahora también lo seguirán siendo. Cuesta reconocer que el proyecto de vida cristiana no es un sincretismo religioso, ni unas rebajas de supermercado de las virtudes cristianas. Es suficiente con leer el Evangelio para descubrir que estamos llamados a una vida difícil, llena de luchas:
“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por él. Porque angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran.” – San Mateo 7:13-14
Quien no cree en el peligro de perderse por el camino, buscará siempre lo fácil, lo cómodo. Querrá justificar todas sus debilidades. De esa manera han estado viviendo muchos creyentes antes que nosotros. Hemos aprendido que debemos aceptarnos pero también esforzarnos. Y el Dios misericordioso que predicamos sabrá distinguir entre los valientes esforzados y los pusilánimes de última hora.
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Acerca de Carmen Bellver

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