Por qué hablamos de Nueva Evangelización

Andan preocupados los obispos con la Nueva Evangelización. El colmo de la panacea debe ser encontrar la manera de difundir el mensaje cristiano. Pero claro, no es eso, no se trata de vender una ideología conservadora. Como muchos creen ver en la religión. Aunque es cierto que en su esencia la religión pretende “conservar los valores fundamentales del ser humano”. No se trata de salir a la calle y clamar por las plazas que somos cristianos y Dios nos ama. La realidad, tan cruda como verídica es que no se puede convertir a nadie sin que el mismo Dios proceda a ofrecer gratuitamente la fe. Y ahí radica lo gozoso que “llevamos en vasijas de barro”. Por más métodos de marketing que podamos utilizar para actualizar el lenguaje religioso a nuestros tiempos, lo cierto es que si no nos damos de bruces con Dios en mayúsculas, nada de lo que hagamos tendrá ningún fruto. Y una de las cosas fundamentales que se descuida mucho es la oración. Cuando el mismo Jesucristo exclamó: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mt. 7, 7-12). De manera que no sólo debemos orar por la conversión de los pecadores, de los indiferentes, de los ateos, de quienes nos persiguen. Es que además tenemos que despertar su ansia de pedir el don de la fe.
Y cuando volvemos la vista atrás con tantos fieles que nos han precedido, descubrimos asombrados que siempre hubo gente dispuesta a arrastrar tras de sí a multitudes. Gente que sirvió de catalizador, de puente, entre esa ausencia de Dios y esa presencia anhelante. Predicar el Evangelio no es enseñar una moral determinada. No se trata de mostrar a los cristianos como penitentes que rechazan el don de la vida y la gracia que se derrama en la misma naturaleza. En realidad lo que se descubre una vez encuentras a Dios es que deseas vivir para El. Que tu vida no tiene otro objetivo que estar preparándote para el encuentro definitivo con el Absoluto. Y ese Absoluto que se manifiesta de tantas maneras a lo largo de la Historia, se encarnó en una mujer y se hizo hombre viviendo como uno de tantos y muriendo por toda la humanidad.
Resulta que no predicamos más que una locura. Explicado perfectamente por el mismo San Pablo: “Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado que es escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1 Cor 22-23). Dar a conocer su vida y la esencia de su trayecto por este mundo hasta que vuelva el día del Juicio Final es fundamental. Porque hoy es un escándalo hablar de un matrimonio para toda la vida; es un escándalo aceptar a un hijo disminuido psíquico y cuidarle con amor; es un escándalo aceptar el don de la vida como regalo de Dios; Y todo lo que predicamos es un escándalo para esta sociedad que pacta con la ciencia para determinar si quiere tener un hijo o una hija. Y eliminar una vida sin conciencia de pecado, de daño, de maldad. Y en ese sentido los cristianos debemos saber ser luz en un tiempo de tinieblas, donde el error parece verdad; sal en una humanidad que ha perdido el sabor, el gusto por la Verdad.
La Nueva Evangelización viene a ser un impulso para que de verdad nos comprometamos a ser otro Cristo, purgando por los hermanos que no creen, participando del Sacrificio de ofrecer nuestra propia vida para que otros tengan vida. Es difícil tomar conciencia de una vocación que se recibe como don en el bautismo. Hacer crecer en la fe, no es otra cosa que vivir unidos a Cristo. El saber teológico que tantos anhelan, puede ser el encuentro, la puerta a la que llamamos y que Dios nos abre para el encuentro. Pero no está en la teología la Nueva Evangelización. Está en las vidas que son luz y sal, que saben iluminar a quienes caminar con ellos, fortalecer a los débiles, animar a los pusilánimes. Ser testigos de que hemos recibido en herencia la mejor parte. Sabemos que somos hijos de Dios y que estamos llamados a construir ese Reino de Dios, de justicia, de verdad, y de vida, ya en este mundo. Aunque también sabemos que en él nos enfrentamos al peor de los enemigos, al que hizo caer a la humanidad en un valle de lágrimas. Aquel por el que entró en el mundo el pecado.
Pero cuando aprendemos a renunciar para darnos a otros. En ese momento somos de verdad “cristianos”. Porque al igual que Cristo nos enfrentamos a nosotros mismos para poder exclamar “Hágase tu voluntad”. Y estas cosas o se viven y se hacen vivir o todo queda en palabrería. Por eso con humildad aprendamos a caminar unidos a quien nos dijo: “Venid a mi todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprender de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 12, 29-30). No nos pide ningún imposible, porque el mismo se ofrece para acompañarnos en el camino. Ojalá podamos evangelizar con nuestros propios actos, y cuando alguien nos pregunte por qué hacemos lo que hacemos, le podamos responder que lo hacemos por amor a Jesucristo que nos amó antes a nosotros.
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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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5 respuestas a Por qué hablamos de Nueva Evangelización

  1. Excelente articulo, estoy totalmente de acuerdo.

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  2. Carmen dijo:

    Muchas gracias, hombre de boston. Me alegra que podamos coincidir.

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  3. Anonymous dijo:

    Carmen:Enhorabuena por el artículo, es muy bueno y desde luego, completamente de acuerdo con todo lo que señalas.Un cordial saludo.Ana_MS

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  4. Carmen dijo:

    Gracias Ana. Yo también leo tus estupendos post en comer, beber, amar. Un lugar que recomiendo porque siempre se encuentran aportaciones interesantes. Y una estupenda selección de platos para todos los gustos.Besos

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  5. Anonymous dijo:

    Carmen, muchas gracias.Ana_MS

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