El asesinato en una iglesia de Madrid nos hace reflexionar

El hombre que mató ayer a una mujer embarazada e hirió a otra dentro de una iglesia en Madrid, no guardaba relación con ninguna de las víctimas. Por lo que sabemos tenía antecedentes por malos tratos, lesiones, tráfico de drogas y resistencia a la autoridad. Sin embargo no tenía antecedentes psiquiátricos, pero no cabe duda que llevar a cabo un acto premeditado de esas dimensiones no se corresponde con una persona cuerda. No sabemos por qué eligió una iglesia para llevar a cabo un acto de desesperación que acabó con su suicidio de rodillas y antes el resto de los asistentes a la misa. Pero deduzco que estaba lanzando toda su frustración hacia el cielo con aquel gesto. No debió ver que la elegida para asestarle un tiro en la sien estaba embarazada. Y digo que no debido ver, porque de haberse dado cuenta hubiera elegido otra víctima. Allí mismo, una vez constatado que la mujer había muerto, los miembros del SAMUR practicaron una cesárea de urgencia con objeto de salvar al niño. No sabemos si el tiempo que transcurrió el bebé en parada cardiaca le habrá producido daños neurológicos con las consiguientes secuelas.
Ruego a Dios que es Padre de misericordia que el niño salga con bien de este desastre. Y no quiero juzgar al asesino, que estaba en paro, dormía en albergues y tenía una vida desestructurada. Lo suficiente para llevarle a cometer una llamada de atención a toda la sociedad. ¿Qué pasó por la mente de este hombre?. ¿Qué es lo que sucede en la mente de todo suicida?. Una falta total de esperanza, que les hace ver todo negro. Y un deseo de hacer daño para testimoniar la rabia y la impotencia que les aflige. Por otra parte la enajenación mental transitoria es la definición que podemos dar a este tipo de sucesos. No podemos determinar el grado de afectación de deterioro psíquico del sujeto, pero los hechos demuestran que había un trastorno no determinado. ¿Por qué una iglesia?. Tal vez la víctima había recibido alguna formación religiosa y se sentía abandonado por Dios. Probablemente manifestó así que estaba resentido con Él.
Nadie puede saber qué pasaba por su cabeza esperando varias horas a que comenzase el servicio religioso para llevar a cabo su acción. Yo no deseo el infierno para el asesino, deseo que tenga oportunidad de reconciliarse consigo mismo y que al purgar sus pecados Dios también le pueda acoger en su seno. Y por supuesto desde aquí pido oraciones por las víctimas y su verdugo. Esa fiel feligresa a la que le faltaban pocos días para dar a luz, murió en un recinto sagrado. Y podemos estar seguros que Dios la ha acogido amorosamente. Deseamos también que el niño no padezca ninguna secuela neurológica. Y que los familiares de la víctima perdonen al asesino de esta mujer. Una persona creyente sabe superar el shock emocional que sobrevienen a una desgracia como esta. Dios no es ajeno al dolor ni al sufrimiento. Lo comparte plenamente con el ser humano. Nos ha otorgado libertad para llevar a cabo el bien o el mal. Sólo Él puede saber qué camino tomó Iván Berral Cid en su vida. Las cosas nunca son tan simples como parecen. Hay muchas vidas que parecen marcadas desde su más tierna infancia, tal vez el asesino era una de esas víctimas que la misma sociedad engendra. Había dejado una nota en su domicilio donde relataba su situación desesperada y que “tenía el demonio detrás”.
Es cierto que el mal existe en este mundo y que nosotros no estamos ajenos a su influencia. Conviene reflexionar sobre el Evangelio de hoy:
“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió.” (San Lucas 10,13-16).
Todos los días rezamos el Padre Nuestro, pidiendo al Señor que nos libre del mal. Y reafirmamos nuestra unión con Dios perdonando a quienes nos hacen daño. Pedimos también que no nos deje caer en la tentación. Estar en comunión con Dios no es garantía que nos exima de la locura. Pero desde luego quien vive cerca del Señor encuentra siempre una salida con ayuda de la Iglesia. No nos quepa ninguna duda de que el mismo Señor aparta de su lado a quien le rechaza. Ojalá no sea este el caso de Iván Berral Cid
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Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a El asesinato en una iglesia de Madrid nos hace reflexionar

  1. Carmen dijo:

    Probando la zona de comentarios. Ana dice que no se pueden enviat

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  2. Anonymous dijo:

    ¡Bueno, pues parece que lo solucionaste, Carmen!. Eres una artista de la informática.Un cordial saludo.Ana_MS

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