El islamismo y el laicismo radical se dan la mano contra el cristianismo

La indignación no siempre sirve para denunciar las injusticias. Hay veces que es necesario pensar con la cabeza fría. Cuando estamos a un paso del encuentro de Asís con todas las personalidades religiosas del mundo por parte de Benedicto XVI, llegan los titulares y te sacuden: “A sus doce años la secuestran, la violan y la obligan a casarse con un musulmán”. Las ganas del diálogo de religiones se difuminan ante la brutalidad con la que son perseguidos los cristianos en todos los países islamistas. En el caso de la niña hablamos de Pakistán. Y su situación es similar a la de muchas jóvenes cristianas, en lo que se ha venido convirtiendo en una práctica común. Los países islamistas siguen persiguiendo con saña a los cristianos. La matanza de coptos tras las revueltas que ocasionaron las protestas por la quema de una iglesia en Egipto, ha provocado un estallido de violencia en las calles de El Cairo. Egipto vive junto con otros países islámicos su proceso revolucionario. Y lo que parecía una prometedora primavera está derivando en sucesos sangrientos para llevar al poder no una democracia participativa y laica, sino más bien la teocracia islamista de peor cuño. Irak, Pakistán, Egipto. Arabia Saudí. Cada día podemos encontrar noticias que hablan de la persecución del cristianismo en el mundo. Y en todas ellas hay una raíz común, el integrismo islamista.
No es menos grave lo que sucede en la civilizada Europa. En el crisol de países que vio florecer el cristianismo e impulsó una civilización floreciente, vivimos tiempos de radicalismo laicista. Se quiere suprimir el crucifijo como símbolo cultural en el viejo continente, mientras se le hace la cama a los grupos musulmanes. Y muchos cristianos se acomodan a los aires seculares del mundo sin caer en la cuenta de que atravesamos tiempos peligrosos para testimoniar la fe. La anécdota de la BBC en su decisión de suprimir la datación de las fechas con un antes y después de Cristo por un aséptico y confuso “antes o después de la era común”. Muestra a las claras ese interés especial por destruir aquello que más puede orgullecer a Europa. Su raíz cristiana, origen de tantos movimientos sociales, mecenas de universidades y sanatorios; inspirador de los derechos humanos de los hombres. Todo eso interesa hacerlo desaparecer. ¿Por qué?. Probablemente porque el hombre sin sus raíces culturales y sin su fe, es una marioneta fácil de manipular.
A nadie se le escapa que vivimos un tiempo convulso que se está reinventando, por eso necesitamos personas providenciales que sepan tomar el timón para llevarnos a una sociedad más justa y fraterna. El Islam se está convirtiendo junto a la China comunista revestida de capitalismo, en un peligroso horizonte que no parece vaya a traer mejores condiciones de vida a la humanidad. Los políticos absorbidos por los imperios financieros que dominan el panorama social, son poco menos que marionetas dispuestas a doblar la rodilla ante el dios Mammon. Ese es el horizonte oscuro que se vierte sobre nosotros, personas de fe, que no queremos renunciar a nuestros principios aunque toda la sociedad baile al ritmo del Gran Hermano. Y contemplamos con espanto la demagogia de una época capaz de asesinar a sus hijos en el vientre de sus madres, al mismo tiempo que quiere legislar la eutanasia para deshacerse de aquellas personas que resulten molestas. Como si el criterio de productividad y eficiencia primara sobre otras consideraciones.
Estamos perdiendo grados de humanidad que se singularizan en las medidas legislativas de ciertos países, entre ellos España. Hoy cuando el divorcio exprés muestra su cara más dolorosa, contemplamos como se deshace la principal célula de cohesión de la sociedad. Sin preservar la familia, sin fomentar las relaciones fluidas entre todos sus miembros, caminamos un poco más hacia el nihilismo y la autodestrucción. Y así podemos observar las heridas de la deshumanización en los numerosos conflictos sociales de nuestro tiempo. Nos enfrentamos a una nueva era y debemos aprestarnos a colaborar para que no sea el remake de Un mundo feliz como pronosticaba Aldous Huxley.
Los cristianos tenemos muchos que ofrecer. Dios siempre está dispuesto al encuentro con el hombre. Por eso le sugerimos al Papa que en el Encuentro de Asís se haga realidad el respeto a las religiones como derecho universal sin exclusiones de ningún tipo por parte de todas las confesiones presentes. De otro modo esa reunión pasará de nuevo a ser un brindis al sol que sólo originan más confusión a éste ya de por sí confuso mundo.
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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a El islamismo y el laicismo radical se dan la mano contra el cristianismo

  1. Salvador dijo:

    Hola Carmen, la Palabra de hoy alumbra este problema, que no es de ahora sino que viene de muy viejo.Ya, los profetas e enviados fueron perseguidos y muchos muertos. La verdad incomoda y se resiste a ser admitida, pero el profeta, lo somos por nuestro compromiso Bautismal,no detiene su lengua ni su testimonio ante nada, incluso hasta peligro de muerte.La Eucaristía es un compromiso martirial, y cada día lo renovamos. No pasa nada. JESÚS está con nosotros, y en ÉL, la Iglesia, siempre estará dispuesta al diálogo de unirnos todos en ÉL.Dicho todo esto así, parece como que no debemos preocuparnos. Sí, claro que sí debemos preocuparnos, pero sin perder nuestras raíces, sabiendo de donde venimos y de Quien nos fiamos.Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

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