15 de Octubre un toque de atención global

La algarada social que está a punto de desencadenarse en todo el mundo este próximo 15 de Octubre es una llamada de atención que debe hacer reflexionar a políticos y financieros. El mundo global interactúa, se organiza. Los movimientos sociales son ahora como una marea en permanente flujo. Hacía dónde irán es más difícil de determinar. Lo que está claro es que la política debe tomar medidas para evitar la estafa permanente del electorado. No puede ser que el salario mínimo de un trabajador sea de 700 euros al mes y existan financieros cuyos emolumentos superan el presupuesto de cualquier Ministerio de un país emergente. Esas desigualdades son injustas, no se pueden consentir cuando todo el mundo sabe bien que para que unos vivan a cuerpo de rey, otros mueren en el Cuerno de África. La responsabilidad social tiene que hacer frente a los desajustes del sistema. Eso es lo que esperan los ciudadanos de más de ochenta países que convocarán manifestaciones este próximo sábado.
Y esto es posible si el mundo se empeña en ser más justo y más fraterno, algo que Benedicto XVI no se cansa de demandar y que la Doctrina Social de la Iglesia tiene muy en cuenta. La riqueza no puede acumularse en manos de una élite mundial, aunque en justicia también se necesiten compensaciones económicas en función de la responsabilidad social. Un presidente de gobierno lo es las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días al año. Un obrero de la construcción finaliza su trabajo y ya no tiene más obligaciones hasta el siguiente día. Esas cosas se entienden, son de sentido común. Pero no lo es el hecho de que se mercadee con los ahorros de los trabajadores. Y eso es lo que ha sucedido con la crisis de las Cajas de Ahorros en nuestro país, donde una Entidades con obligaciones sociales, que no reparten dividendos sino que reinvierten sus ganancias a favor de la sociedad, están siendo esquilmadas por ejecutivos sin conciencia que las han hundido y piensan transformarlas en bancos. Ellos se han blindado con jubilaciones de oro. ¿Se puede consentir tal agravio comparativo?.
A esa vergüenza unimos la de políticos que hicieron uso y abuso de las Cajas con fines electorales sin tener en cuenta que un buen administrador nunca gasta más de lo que tiene. El dispendio y la mentira permanente con la que nos han lavado la cara los políticos, trae como consecuencia una crisis social que repercute en las clases más desfavorecidas. Esas pobres gentes, ahora están abonados Cáritas, porque el Estado ha roto el pacto de subsidiariedad, abandonándolos a su suerte. El caos es global y las medidas a aportar por parte de todos los países implicados también deberán contemplar un horizonte global. Cierto que no son iguales las reivindicaciones en Wall Street centro neurálgico de las financias de Estados Unidos, que en Alemania o España. Cada país refleja la crisis con unos problemas coyunturales específicos. Pero en líneas generales el modelo ha hecho aguas en determinados países. Mientras en otros se intenta aprovechar la situación de crisis para hacerse de oro.
Lo malo de este movimiento social que ha surgido del descontento es que termine siendo utilizado por aquellos que nunca aportan soluciones y que todo lo basan en una posición anti sistema permanente. El camino de la protesta sin propuestas lleva al caos. Y podemos estar entrando en una fase de permanente revolución social, muy similar a la vivida en el siglo XIX con la industrialización. La crisis financiera de hoy parece arrastrar el desmantelamiento del estado de bienestar. Cuando en justicia el modelo es apetecido por aquellos países que todavía no han visto un despegue económico. No podemos negar que vivimos tiempos convulsos que tal vez requieran otro tipo de estrategias. Límites a la producción que ocasiona el dumping de los mercados. Exigencia y calidad de los productos para que no suframos un abaratamiento de costes en detrimento de la calidad. Sabemos que para incentivar el consumo se fabrica con fecha de caducidad. Eso origina la renovación de los electrodomésticos, pero es una cadena perniciosa que ocasiona desechos industriales. Nadie repara hoy una impresora, porque los precios han disminuido tanto que el servicio técnico es más costoso que la adquisición del nuevo producto. ¿Se puede seguir ese esquema indefinidamente?.
Y podríamos seguir enumerando situaciones de caos global que son en sí mismas de una profunda injusticia y egoísmo. Lo increíble del caso es que el problema lo tienen por igual izquierdas y derechas. Porque es una situación de crisis sistémica en los países industrializados. Y miren por dónde aparte de protestar poco más se está haciendo. Porque creo que el modelo lo ha importado China con tal éxito que dentro de nada será el dueño del cortijo.
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Acerca de Carmen Bellver

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