Santos por las calles de Nueva York

Un libro de fácil lectura que permite conocer personas comunes de talla excepcional, santos de Nueva York que han llegado a los altares o están en proceso de alcanzar la gloria de Bernini. Apenas cincuenta páginas con siete nombres que en el lapsus de trescientos años han iluminado las calles de la gran manzana. El centro neurálgico de Estados Unidos alejado de la capital política Washington ha sido un hervidero de razas que en sucesivas oleadas llegaban a la metrópoli deslumbrados ante la inmensa figura de la estatua de la libertad. Algunos de ellos ya han sido elevados a los altares, otros están en proceso de ser venerables. Pero todos ellos, hombres y mujeres, son conocidos por sus virtudes en grado heroico.
Pierre Toussaint fue un esclavo de Haití perteneciente a la familia de Jean Bérard y la epopeya de este apellido marcaría profundamente su vida, hasta alcanzar la libertad y proteger a quienes habían sido sus dueños y señores. Ya siendo un hombre libre continuó prestando servicios benefactores hacia la sociedad. Siendo además uno de los generosos donantes para la construcción de la catedral de San Patricio. Llegó a cuidar enfermos de manera personal en el terrible verano que cubrió de fiebre amarilla Nueva York. Y siendo católico, recibió en su funeral el aprecio de todo tipo de neoyorquinos sin distinción de confesión religiosa.
De Santa Elizabeth Ann Seton, conversa al catolicismo, e hija de piadosos anglicanos cuyos antepasados fueron de los primeros colonos de Nueva York, se puede decir que fue una laica capaz de superar las adversidades de la vida con ejemplaridad. Casada y con cinco hijos, tuvo tiempo para dedicarse al servicio social a domicilio, en la atención a enfermos de amigos y vecinos. Fue una de las fundadores de la Sociedad para la Asistencia de Viudas Pobres con Hijos Pequeños (1797). Un periodo de tiempo en tierra italiana le hizo conocer la Iglesia católica al mismo tiempo que enviudaba y aquello la llevaría en su proceso personal a la fe de la Iglesia de Roma. Superó ingentes dificultades personales, llegando a realizar diversos trabajos para mantener a su familia. Finalmente conseguiría dedicarse a la enseñanza en lo que sería el germen de la comunidad de Hermanas de San José y más tarde Hermanas de la Caridad de San José. No deja de asombrar la trayectoria de esta mujer que falleció a los cuarenta y seis años.
De Dorothy Day, figura icónica del siglo XX, cabe destacar que vivió la emancipación de la mujer con todas sus consecuencias. Hija de periodista, ella misma sería una de las colaboradoras en el diario socialista Call. Participó en manifestaciones y revueltas de su época, como feminista. Tuvo varias parejas y llegó a abortar. Con posterioridad volvió a quedar embarazada y decidió llevar adelante el parto. Siendo madre soltera a principios de los años veinte del siglo pasado. Paulatinamente se fue enamorando de la Iglesia Católica en la que veía mayor dedicación por los emigrantes y los pobres. Más tarde decidió publicar un periódico que difundiera sus convicciones izquierdistas pero desde la perspectiva religiosa, de esta manera nació el The Catholic Worker que con el tiempo además de periódico se convertiría también en un centro de acogida a personas sin hogar, sin distinción de razas o religión. Llegó a ser aclamada como la gran “dama del pacifismo” en 1960. Pero tras su actividad había una profunda vida interior y una participación diaria en los sacramentos.
Al Cardenal Terence John Cooke se le conoce como “el padre de los pobres de la Gran Manzana” Hijo de una familia de inmigrante irlandeses, manifestó interés por el sacerdocio de manera temprana. Pio XII lo nombró cardenal en 1946 y bajo su dirección dio a las mujeres una alternativa al aborto, se preocupó de hombres y mujeres de orientación homosexual. Luchó por las escuelas católicas y creó un programa de vivienda para proporcionar a precios asequibles hogares para personas desfavorecidas. Trabajó con los inmigrantes portorriqueños y cuidó de los hospitales católicos. Tuvo tiempo para construir asilos para ancianos y promover los cursillos de cristiandad, el Movimiento Familiar Cristiano y la renovación Carismática.
En el mismo libro se recoge la biografía de Santa Francisca Cabrini, italina de nacimiento y protectora de los emigrantes de Nueva York. Otra de las figuras señeras es Monseñor Bernard Quin, apóstol de los negros en Brooklyn, en lo que hoy es el barrio más poblado de Nueva York. Finalmente también tenemos la vida de Madre Mary Angeline McCrory de origen irlandés que realizó una importante labor en el cuidado de los ancianos y pobres también de otras partes de los Estados Unidos. Fundadora de las Hermanas Carmelitas de los Ancianos y Enfermos.
En resumen un libro de Alberto Royo Mejía, publicado por la Editorial Vita Brevis que puede adquirirse también en formato para e-book o IPad y que yo he disfrutado, siendo muy recomendable para conocer la evolución de la Iglesia católica en tierras de la gran manzana a través de grandes católicos que dieron lo mejor de sí mismos al servicio de los demás. Y todo ello en el lapsus de apenas trescientos años.
Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Libros. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s