El fotomontaje de Benetton muestra la decadencia social

A un paso de las elecciones creo que es el momento de reivindicar unos profesionales coherentes, que no caigan en la trampa de justificar cualquier actuación para llegar a donde desean llegar. El fin no debe justificar los medios, esa máxima cristiana se necesita como el agua en una política llena de ambigüedades, falsas promesas y discursos para la galería. Tampoco se puede permitir el gobierno de unos tecnócratas al margen de la voluntad popular, como ha sucedido recientemente en Grecia e Italia. Esta crisis que tiene unos responsables demanda de los políticos la firmeza necesaria para llevar a los tribunales a quienes juegan con los gobiernos y la sociedad. Por eso mismo no debemos consentir cualquier cosa en la red o en la televisión. Caer en lo escandaloso para promocionar un producto como ha hecho recientemente la marca Benetton debe tener su penalización. No se pueden manipular imágenes, ni siquiera bajo la socorrida coartada de impactar en el público para que se promocione una determinada firma.
Hubo un tiempo donde la gente estaba sedienta de libertad. Hoy nos ahoga esa misma libertad trastocada en libertinaje que vende cualquier intimidad sin garantías de verosimilitud, con el único objetivo de entretener a la audiencia y cobrar un sustancioso emolumento por tal aberración. Estamos sedientos de unas normas éticas que regulen esa mercancía de dudosa procedencia que emiten las cadenas televisivas o la red con sus titulares mediáticos que ensombrecen problemas más graves. No se puede consentir la manipulación de imágenes, el copia pega sin respetar la propiedad intelectual, las supuestas manipulaciones de la voz de un personaje para impactar en la audiencia. Todo este absurdo conglomerado de que vale cualquier cosa al precio que sea, nos está llevando a una saturación moral de difícil salida. El relativismo, el dejar hacer, la omisión también es un grave problema.
Ese relativismo nos ha llevado a unas democracias rehenes de oscuros poderes financieros. Unas guerras provocadas por intereses estratégicos de multinacionales, unas quiebras de Entidades financieras provocadas por la falta de responsabilidad de sus dirigentes, una crisis económica que es el pálido reflejo de la crisis moral de esta era de las comunicaciones. En la aldea global podemos estar más manipulados que nunca. De hecho casi diría que es así, la sobresaturación de información no digerida provoca un empacho mental. Se hace necesario poner en moviola las imágenes y los discursos. Reflexionar en profundidad sobre lo que acontece. Reivindicar la justicia como garantía del buen funcionamiento de la sociedad. Escandaliza que tras ser detenidos personajes de dudosa responsabilidad, salgan a los dos días a la calle para seguir con sus fechorías. Escandaliza que la firma Benetton pueda manipular imágenes de personajes públicos sin temer las consecuencias de su provocación.
Por eso, es necesario hacer comprender a la sociedad, que la libertad no es dejar hacer cualquier cosa a otra persona sino hacerle responsable de lo que dice o hace. En ese sentido se echa en falta un mayor control de calidad de lo que se emite y se publica. En realidad hemos convertido todo en un negocio en el que vale cualquier cosa si tiene como finalidad incrementar los beneficios. ¿Y quién le pone el cascabel al gato, quién pone los controles de calidad que se necesitan en esos artilugios que ahora se fabrican en países emergentes sin los controles necesarios y que provocan la quiebra técnica de empresas en países que exigen un control de calidad y un salario digno para los trabajadores?. Se está destrozando la ética profesional y ese mal endémico nos perjudica al conjunto de la sociedad. Hoy podemos protestar contra la falta de escrúpulos de la casta política que dobla el espinazo ante la corrupción, con tal de seguir en la poltrona. Pero no debemos alzar los hombros con sensación de impotencia, podemos movilizar a la sociedad para que boicotee las empresas que no cumplen la calidad y la ética que son necesarias para establecer las bases de una sólida confianza. Estamos construyendo una nueva humanidad y no parece que vayamos en la dirección correcta, más bien se impone el aquí vale todo, para vergüenza de aquellos que heredarán nuestra falta de altura moral.
Muchos temen la censura. Temen que la presión social pueda hacer saltar por los aires un programa televisivo. Temen que sus empresas establecidas en países que no tienen una legislación de protección al trabajador, dejen de ser competitivas si llegan al poder gobiernos democráticos. Y esa avaricia, ese egoísmo, se expande de manera piramidal desde las cúpulas a las bases. Porque también el consumidor tiene que hacer su opción cada día. Tiene que elegir consumir un producto más caro, pero fabricado en condiciones dignas, antes que salir al rastrillo de todo a un euro. Es posible que a algunos no les quede otra opción ante su situación, pero al menos convengamos que esa liberalización de los mercados está haciendo un reajuste económico financiero que afecta a sociedades desarrolladas a las que les costó lo suyo llegar a donde estaban.
Que los fotomontajes de Benetton nos movilicen para poner cortapisas a quienes no tienen escrúpulos, de lo contrario cuando queramos reaccionar ya será tarde.
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Acerca de Carmen Bellver

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