Las palabras del Papa en África interpelan a toda la humanidad

El papa viaja a África, el continente de la esperanza. Y allí en medio de la miseria declara sin tapujos la Doctrina Social de la Iglesia. Y lo hace contra los especuladores financieros. “Benedicto XVI arremete contra la corrupción y afirma que «el poder ciega con facilidad». Declara en su titular ABC. Para más adelante subrayar “En estos momentos hay demasiados escándalos e injusticias, demasiada corrupción y avaricia, demasiado desprecio y mentiras, demasiada violencia que lleva a la miseria y la muerte».
Por el contrario El Mundo se decanta por el titular del SIDA: “Benedicto XVI ha afirmado durante su visita a África que el problema de la enfermedad del sida exige “una respuesta médica, farmacéutica” pero sobre todo “ética, es decir, una prevención eficaz basada en la abstinencia sexual, sobre el rechazo de la promiscuidad sexual y sobre la fidelidad conyugal, en nombre de una antropología fundada sobre el derecho natural y sobre la Palabra de Dios”.
El País por su parte omite cualquier referencia directa de la visita de Benedicto XVI a África, aunque podemos asegurar que dejará caer algún artículo analizando aquello que más le interesa destacar, como en el caso anterior viaje a África del Papa, el preservativo ondeará entre sus análisis. Parece que por ahora la captura del hijo de Gadafi acapara su atención en la sección Internacional y la visita del Papa a África no merece ningún análisis. Seguramente esperan el comunicado que les proporcionará Juan Tamayo.
Para La Razón cabe destacar de nuevo el alcance social de las palabras de Benedicto XVI “En su discurso más político de su visita a Benín, el Obispo de Roma dijo que el ser humano aspira a la libertad, quiere vivir dignamente, desea buenas escuelas y alimentación para sus hijos, hospitales dignos, quiere ser respetado y reivindica un gobierno limpio que no confunda el interés privado con el interés general, y sobre todo desea la paz y la justicia”.
Público, como no podía ser de otro modo, destaca el problema del SIDA: “El papa considera el sida como “un problema ético”, y que África necesita que los responsables de los crímenes cometidos sean sometidos a la justicia para conseguir reconciliación y paz”. Un análisis sesgado sobre su visita haciendo hincapié en aquello que más les interesa, la rigidez moral en temas sexuales por parte de la Iglesia católica.
La impresión general sigue siendo de clamorosa denuncia del no al preservativo y un silencio ominoso de los medios liberales e izquierdistas de toda la crítica social sobre los problemas económicos y morales que padece la actual crisis en occidente. Problemas que exportados al continente de la pobreza endurecen las condiciones de vida de sus habitantes. Estamos por tanto ante una moral social que pide mayor redistribución de la riqueza y una justa implicación del Estado en la sanidad y la educación como bien social que toda sociedad merece disponer. Pero ninguna abertura hacia cualquier medida profiláctica que no sea la fidelidad y la abstinencia. Algo que choca de manera escandalosa en la sociedad hedonista de la vieja Europa, donde se ha llegado a adoctrinar a toda una juventud para la promiscuidad, fomentando medidas de dudosa honestidad, como promocionar la píldora del día después sin receta médica o el aborto de menores sin el consentimiento de sus tutores legales.
No cabe duda que el silencio ominoso ante las críticas a determinadas políticas, son menos atractivas que cargar las tintas sobre el SIDA, sin tener datos para enjuiciar la condena a Benedicto XVI como supuesto genocida. Porque lo que se ha aplicado hasta ahora, que es la prevención y la abstinencia, han hecho disminuir los contagios. Y por otra parte se silencia su demanda a las farmacéuticas para que liberen las patentes con genéricos más asequibles al continente de la pobreza. Un continente que para el Papa es de la esperanza, porque allí el catolicismo está creciendo gracias a la labor impagable de los misioneros religiosos y laicos, así como de las ONG que operan en todo el territorio y que para muchos africanos son la puerta de escape de la miseria y la desesperación.
Cuando conocemos algo de historia sabemos que la fe católica crece y su esperanza está en Asia y África. Nada nos debe preocupar, en el siglo I el Imperio Romano fue el margen de frontera por el que los discípulos de Jesús caminaron dando a conocer la fe. Parte de lo que ahora son países islamistas tuvo en origen las primeras comunidades. Y la fe no ha desaparecido, ni la Iglesia católica. Viviendo con cierta perspectiva histórica la nueva Evangelización del continente Europeo no es una quimera. Aquí tenemos todavía mucho que ofrecer. Una fe que habla al corazón del hombre solicitando generosidad y honestidad, es una fe que fortalece cualquier país. Y eso lo sabe bien Benedicto XVI porque ahora sus palabras no se oyen sólo para África sino para toda la aldea global.
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Acerca de Carmen Bellver

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