El arte de la benedicencia, un camino de aprendizaje

Es una palabra que no está en el diccionario, aunque sí su antónimo que es la maledicencia, mucho mejor conocida que la primera se refiere al arte de calumniar, difamar, provocar infundios, murmurar, etc. La conocemos mucho y la practicamos sin el menor cargo de conciencia. Pero de la benedicencia no hay ni rastro y consiste precisamente en hablar bien de alguien, en encontrar sus rasgos positivos, en silenciar los errores del prójimo, algo que no es habitual y que sin embargo ha propuesto un amigo de twitter, el padre Juan A Ruiz J. Me gusta leer sus twist sobre este tema. Y el único precedente que recuerdo es el de las folklóricas que siempre se alababan unas a otras, aunque estuviesen reñidas en petit comité, al menos hace unas décadas. Lo he conocido también en los actores que suelen hablar bien de los compañeros. Pero últimamente gana por goleada la maledicencia en el terreno de los programas televisivos, que son por lo general una verdadera calamidad y la antítesis perfecta de lo que debiera potenciar cualquier medio de comunicación, por el impacto que tiene en la sociedad, que suele mimetizar todo aquello que oye o ve en televisión.
Mi amigo twitero es Legionario de Cristo y en el seminario parece que les enseñaron a hablar bien de los demás, es decir a practicar la benedicencia. Si como afirman los neurólogos las palabras dejan huella en nuestro cerebro, parece lógico, como también aseguran los psicólogos que el mejor método de educar es precisamente potenciar las cualidades y desechar lo negativo. Es decir que será mucho más positivo emitir mensajes en tono propositivo. Es algo que la programación neurolingüística ha estudiado en profundidad. Consiste precisamente en aplicar la benedicencia a todas nuestras facetas. Y los resultados son sorprendentes. En primer lugar recibimos parte de lo que damos. De esa manera podemos afirmar que hablar bien de los demás es prenda segura para que también puedas recibir una dosis de benediciencia. Pero es que para un cristiano ese debería ser su ADN, si quiere seguir el Evangelio. “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen” (Lc 6,27-28).
Es curioso que en los medios de comunicación sea más frecuente la maledicencia, la chispa del morbo aumenta la audiencia si hay bronca por medio. En cambio los debates serenos y argumentados suelen considerarse aburridos. Eso demuestra en general, el pensamiento superficial en el que solemos movernos. Una persona con sentido común puede opinar de modo diferente ante su antagonista, sin que por ello necesite recurrir al insulto y la descalificación. En general enseñar la benedicencia es muchos más provechoso para el bienestar familiar y nuestras relaciones sociales. Es más agradable estar acompañados de personar que saben ver la cara positiva de la vida; mientras que estar rodeados de avinagrados suele crear un ambiente enrarecido.
En el mundillo de los blogs tenemos que lidiar muchas veces con comentaristas que practican la maledicencia, son los trolls. Seres que entrar para descalificar al bloguero, algunos medios pagan por ello. Aumenta así el número de comentaristas y crea una especie de réplicas y contrarréplicas que muchas veces carecen de sentido, porque en su origen no tienen por objeto debatir, sino precisamente descalificar al bloguero. Es el peaje que hemos de pagar con este nuevo método de participación, forma parte del lado oscuro de algunas personalidades lanzar descalificaciones desde el anonimato.
Algunos no saben que la maledicencia está muy bien documentada en la Biblia. Sin embargo vuelvo a la ciencia para recordar que los neurolingüistas recorren la corteza cerebral buscando las huellas que nos han ido dejando las palabras. Y todos los seres vivos participan de esta cualidad. Por eso hablar bien y estar en armonía en casa suele vigorizar las plantas que adornan nuestro hogar. Mientras que el aire enrarecido de las discusiones continuas, perjudican seriamente a los seres vivos que nos acompañan.
Pues nada, aprovechemos la ocasión para practicar la benedicencia, algo que no tiene nada que ver con posicionarnos a favor o en contra de determinadas posturas, porque no significa aprobar los errores, ni mentir o adular. Es mucho más sencillo, se corresponde con una actitud positiva hacia la persona que tenemos frente a nosotros. Con una vocación permanente para no crear gresca y mal ambiente.

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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2 respuestas a El arte de la benedicencia, un camino de aprendizaje

  1. Gracias por esta invitación, muchas veces cuando uno ha dicho algo mal de otra persona se arrepiente pero el daño ya esta hecho.Creo que es mejor pensar antes de hablar, que hablar para después pensar.Saludos en Jesús y María

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  2. Carmen dijo:

    Bueno, eso sería lo recomendable. Pero casi siempre nos dejamos llevar por lo visceral.Saludos

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