Mañana en la Plaza de Colón celebraremos una propuesta de vida

De nuevo celebraremos mañana la festividad de la Sagrada Familia. Y será un evento multitudinario como viene sucediendo en los últimos años. La plaza de Colón en Madrid volverá a ser piedra de escándalo. Si, digamos que molesta esta convocatoria anual, que incluso algunos creyentes se sienten tan incómodos como los más acérrimos anticlericales. Molesta celebrar un modelo de familia enraizado en la fe de Cristo; un sacramento que sirve para santificar la vida a través de la donación permanente a favor de los demás. Molesta porque en verdad hay muchas agrupaciones de personas que se sienten tan familia o más que la llamada familia tradicional católica. Pero no debería ser así.
Nadie tiene que sentirse excluido del amor de Dios, y todos debemos sentirnos convocados a vivir en una familia que se funda con la intención de santificar su vida. Esa es la gran diferencia entre otros grupos o células familiares y lo que se celebrará mañana. Los creyentes reivindicamos el modelo de la Sagrada Familia que a fuerza de ser sinceros constituye un ejemplo de entrega y donación. Una virgen que acepta ser madre ante una sociedad que no puede comprender su designio. Un padre que acepta su paternidad adoptiva de un Dios hecho hombre. Un ejemplo de donación al Dios Padre misericordioso que sirve de acicate a muchos hogares cuando se encuentran con las sucesivas crisis familiares.
Lo de mañana no debería ofender a nadie porque no va contra nadie. Es una oferta de vida que pide su espacio en la sociedad, como tantos otros grupos sociales. Una familia que desea proteger el don de la vida desde su concepción a su muerte natural. Y siendo con es la célula matriz de la sociedad, está bien que se reivindiquen medidas de ayuda a quienes desean acoger en su seno el milagro de la vida. Y si todo eso se pide en un acto religioso y festivo no deberían hacerse doble lecturas. Es cierto que la familia está en crisis, lo constatan las numerosas rupturas de miles de hogares. El divorcio exprés no soluciona las crisis conyugales, en cambio es vía de escape fácil a quienes debieran madurar en común y crecer como personas hasta su ancianidad.
Hoy los matrimonios se ofician sin el compromiso de perpetuidad. Si nos funciona bien, sino ya sabemos qué hacer, tú por un lado y yo por otro. Pero no es ese el camino que fundamenta una sociedad sana y robusta. Ese paso del compromiso a la ruptura, es la solución fácil al conflicto no resuelto. Y mañana se rezará para que las familias sigan unidas. Y como es lógico se reivindican medidas sociales que ayuden a las familias con todo tipo de crisis, personales, económicas, de salud. Proteger a la familia es proteger a la sociedad. En el pequeño reducto del hogar se dan los actos altruistas y generosos que no tienen espacio en otro lugar. Es allí donde los ancianos padres acogen a sus nietos mientras los hijos trabajan toda la jornada. Es allí donde la madre dobla la jornada con dieciocho horas completas de trabajo por los demás. Es allí donde el padre se presta a realizar pequeñas chapuzas para solucionar fontanería o albañilería o lo que se tercie.
Es a la Sagrada Familia de Nazaret, a la que se pide apoyo y a la que tiene como referencia cualquier pareja católica de este incipiente siglo XXI. Es una propuesta que no cuaja en la actual sociedad llena de matrimonios rotos y vueltos a recomponer en segundas uniones con hijos tuyos, míos y nuestros. Y entiéndase que todos respetamos a quienes intentan salir adelante como sea. Pero no nos impidan rezar por un hogar feliz donde las crisis son pruebas de madurez y oportunidad para afianzar el amor conyugal. La misa de la Sagrada Familia es el espacio donde los católicos nos recordamos que el hogar es algo más que la unión física de varias personas en una vivienda. Es un proyecto de vida que busca santificar lo ordinario. Por eso, la importante convocatoria acogerá más de 30 obispos de España y de Europa. Porque si algo tenemos claro los cristianos es que la nueva evangelización pasa por proyectar estos actos en todos los países de la Unión Europea. No como amenaza a las libertades de nadie, sino como propuesta de vida que tiene un futuro maravilloso por delante.
Ojalá los medios los sepan traducir, sin dobleces ni patochadas de ultra conservadores o poderes fácticos ocultos. De verdad, apostemos por el bien común y dejémonos de tonterías.
Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Religión. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s