Estoicos y espicúreos en la carta de Don Demetrio

Al leer la carta semanal del obispo de Córdoba, don Demetrio Fernández, he recordado las dos escuelas representativas de la antigüedad helena. De ellas derivan las palabras estoico y epicúreo. Mientras el cristianismo parece próximo al primer grupo, pleno de una ascesis personal que supedita los instintos para sublimarlos en una donación gozosa a su Creador. El segundo grupo se corresponde bastante con la actual corriente hedonista de la sociedad. Ser epicúreo es tener como meta el placer en todas sus variantes.
Cuando el obispo de Córdoba, don Demetrio, reivindica la castidad como un don gozoso y recuerda que la fornicación no forma parte del plan de Dios. No es que esté condenando el placer natural en las relaciones sexuales, más bien se hace eco de que no podemos convertir en absoluto aquello que forma parte de una donación mutua y gozosa otorgada por el Creador a sus criaturas.
La castidad de vida para un cristiano es la manera de supeditar sus impulsos naturales a la ascesis que reivindica que todo lo que hacemos es para mayor gloria de nuestro Señor. No se trata por tanto de claudicar ante nuestros propios apetitos, sino de saber combatirlos. Por eso en esa gran escuela de la antigüedad estoica estuvieron presentes los primeros padres de la Iglesia. Es por tanto consustancial al cristianismo no emborracharse, no caer en prácticas sodomitas, evitar la avaricia y conservar siempre una actitud comedida ante los placeres de la vida, entre otras actitudes.
Porque es cierto que toda la Creación ha sido pensada para mayor gloria de su Creador. Todo es bueno, pero en una proporción comedida y natural. Cuando nos dejamos llevar por la gula cometemos un exceso que repercute también en el organismo y lo intoxica. De la misma manera cuando convertimos el sexo en moneda de práctica común, sucumbimos a una afición venérea que llega a ofender al Creador, porque sólo tiene en cuenta las propias apetencias. Y hoy hablamos también de la adición al sexo como una patología más.
Decir esto va contra la banalización de la sexualidad, debidamente fomentada por nuestra sociedad. El hecho de integrar la sexualidad de manera natural en nuestras vidas ha llevado a determinados estudios que favorecerían la corriente epicúrea, considerando natural fomentar la masturbación y las relaciones sexuales en todas sus variantes. Esto chocaría con la corriente cristiana y su deseo de vivir según una moral íntegra reservando las expresiones sexuales para el matrimonio, e incluso accediendo a ellas de manera comedida para no herir a la pareja convirtiendo su cuerpo en un objeto para la propia satisfacción.
En realidad don Demetrio está basando su escrito semanal en una Carta de San Pablo: “Todo me es lícito, dicen algunos. Sí, pero no todo es conveniente. Y aunque todo me sea lícito, no me dejaré dominar por nada. Los manjares son para el estómago y el estómago para los manjares, dicen también; sin embargo, Dios hará perecer ambas cosas. El cuerpo, en cambio, no es para la lujuria, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Dios, por su parte, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros con su poder.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?. ¿Y voy a usar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta?. ¡De ninguna manera!. …….Huid de la lujuria. Todo pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el lujurioso peca contra su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habéis recibido de Dios y que habita en vosotros? 1 Cor, 12-19.
Predicar el Evangelio es consustancial a un pastor de la Iglesia. Y eso es lo que ha hecho Don Demetrio, siendo atacado sin ninguna misericordia por todos aquellos que se oponen a la ascesis de vida propuesta por la Iglesia. Quienes incluso llegan a afirmar que nuestro Señor Jesucristo disfrutaba bebiendo con sus amigos y nunca clamó contra la lujuria. Olvidando, entre otros detalles su retirada al desierto donde fue tentado para que claudicase ante las propias apetencias.
La obsesión que le achacan a la Iglesia sobre el sexto mandamiento, es falsa. Como podemos comprobar por estudios de corrientes filosóficas antiguas. La ascesis forma parte consustancial del combate que el cristiano libra para ofrecer su vida de manera íntegra al Creador. Porque el primero objetivo del creyente no es otro que vivir para dar mayor gloria a nuestro Señor.
No hay nada de don Demetrio que sea nuevo para un creyente debidamente instruido en la fe. Puede que resulte escandaloso para quien se deja llevar por aquello que ve en el cine o la televisión. Pero no debemos olvidar que un cristiano vive en el mundo pero no conforme al mundo. Podrá caer cincuenta veces en la debilidad de la carne. Y se levantará otras cincuenta para volver a combatir la propia debilidad.
Me ha parecido que ante el linchamiento mediático al que han sometido a don Demetrio, era necesario recordar estos pequeños detalles.

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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Estoicos y espicúreos en la carta de Don Demetrio

  1. Estimado Amigo Bloggero:Hace una semana di a conocer mi nuevo Blog http://www.CONSUELAAMIPUEBLO.org para el cual tengo una responsabilidad muy grande, pues su objetivo es "Consolar a los que sufren" y lo hare apoyandome del Evangelio de la Consolación, reflexiones y testimonios. Hoy estoy aquí para pedirte que me ayudes a abrirle un camino a nuestro Señor Jesús, promoviendo este blog en facebook, en tu blog, en donde puedas. El material compartido en este blog esta basado en Amor y Fe.Ayudanos a poder llegar a mucha gente que viven cegados, escondidos, con un corazón quebrantado para darles la buena nueva: Diles que Yo su Dios estoy aquí (Is 40,9)Gracias!!

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