Obscenity una muestra fotográfica que no es arte

Algunos opinan que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio. Y siguiendo esa estela callan frente a la ignominia. Yo soy de las que piensa que el silencio nos hace cómplices de la pasividad general, de ese contagio blandengue de disculpar las tonterías ajenas. Porque confundir arte con obscenidad es de mal gusto. Y si una se mueve entre el hilo de la cultura y el cristianismo como seña de identidad, no puede callar frente al silencio de la mayoría. Aunque seguramente tampoco esté por la labor de llevar huevos y objetos de desecho para cargarse una exposición de mal gusto.
Al pornógrafo punk Bruce LaBruce no deberían considerarlo artista en ninguna galería medianamente respetable. Convertir la obscenidad en motivo decorativo muestra el nivel de indigencia cultural al que algunos van llegando. Durante generaciones el arte consistió en hacer sublime la belleza. En perpetuar imágenes que inmortalizasen acontecimientos reseñables. Y la religión entró a formar parte de la cultura desde el mismo momento en el que un pincel plasmaba la creación del mundo o cualquier otra escena religiosa. Se trataba de dejar constancia de un fragmento del Evangelio o un momento de piedad personal de algún santo reseñable. Se retrataba también una figura relevante bien fuera papa u obispo. La pintura suponía pasar a la posteridad y dejar constancia de la historia religiosa y civil.
Sin embargo hace mucho que el arte experimenta con la nada. La Fresh Gallery acoge la exposición “Obscenity” de Bruce Labruce, donde la figura vampírica de Alaska se transforma en una suerte de Piedad morbosa. Son fotografías de monjas y ángeles en actitud provocativa. En una de ellas Alaska se trasforma en una especie de santa comulgando en una suerte de éxtasis fetichista. Son varios los iconos de la llamada movida madrileña que han prestado su imagen para dejar patente su desprecio hacia las creencias de muchos ciudadanos de este país. Algunos piden que no se proteste ante esta infamia. Se apela al sentido común, es tanto como pedir que no se corrija al ladrón o se persiga al pornógrafo. Bruce LaBruce vive de subvertir la cultura, de escupir al espectador con sus ocurrencias. Considerar arte una imagen que insulta el sentimiento religioso de miles de creyentes es tanto como dejar de corregir a un niño caprichoso.
Alguien debería poner un poco de sensatez en los delirios personales de un trastornado que exclama que el futuro es el porno. Como no podía ser de otro modo se han unido a sus delirios aquellos artistas que malviven de una imagen también trasgresora y patética. Crear un halo mitificado de enfant terrible fue siempre la debilidad de quien no llegaba a la gloria por méritos propios. Hay quien pone su escaso talento a ese principio con pingües beneficios, son llamados para dar lustre a los saros más extraños y se benefician del autobombo entre su tribu. Entre ellos están el diseñador de moda Carlos Díez que se tapa los ojos con sendas hostias y el actor Pablo Ribero que interpreta a un ángel endemoniado, La chica Almodóvar Rosi de Palma presta su imagen picasiana para transformarse en una monja delirante.
Se han juntado los artistas de lo vampírico para seguir epatando a la sociedad, confundiendo el arte con provocación. Es cierto que algunas voces se han lanzado a demonizar la exposición, pero no han sido exclusivamente los mal llamados ultra católicos, sino los ciudadanos dignos que no están por la labor de dejarse malear por la basura. Pensar que nos van a llamar carcas por no admitir la banalidad como cultura es tener poco fuste en estos tiempos. Pasar de puntillas por delante de una galería que blasfema públicamente del hecho religioso, es dejarse pisar por la antítesis de la cultura.
Una cosa es respetar los diferentes gustos personales y otra, muy distinta, dejarse avasallar por los aprovechados del escándalo.
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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Obscenity una muestra fotográfica que no es arte

  1. Danick dijo:

    No estoy nada de acuerdo con tu publicación, pienso que es una forma diferente de hacer arte, que quizás muchas personas no entiendan.Creo que en pleno siglo XXI, no es motivo de ninguna ofensa a nadie ni nada por el estilo.La piedad además es una de las imagenes de la cristiandad favoritas de la pareja formada por Alaska y Mario.

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