¿Me oyes Señor?. Te quiero

Estoy intentando tomar el camino de la Cuaresma con muy buenos propósitos. No sé al final como quedará el tema. No me ha costado nada dejar la televisión. La verdad es que se esmeran cada día en ofrecer peor parrilla televisiva. Y no sirve de mucho ir haciendo zapping. Pero desde que dejé de consumir televisión he perdido vida social, lo reconozco. Eso de que pregunten ¿viste ayer….? y respondas con un lacónico no veo la tele, deja asombrado al personal. Como si la caja tonta tuviera algún resorte adictivo que fascina por igual a grandes y pequeños. Se ha terminado la gran conversación de sobremesa sobre aquellas cosas que nos pasaban; ahora si quedas con alguien es casi seguro que terminan por hablarte sobre lo que hicieron en la última serie, esa que sigue todo el vecindario. Un problema, ya digo.
Luego tenemos los programas donde salen los famosos, esos que hacen de protagonistas en las series. Y nos cuentan sus enredos y desenredos. Total que ahora ser fiel a una misma persona es tan del pleistoceno que se omite para no llamar la atención. Lo bueno de saltarse la parrilla televisiva es que no terminas abducida por los trapitos que llevan las artistas. Y claro puede pasar que no vayas a la moda. Que es una cosa en la que todos nos ponemos de acuerdo. Últimamente son las botas altas con los pantalones embutidos como si salieses de cacería. Esos temas hay que tenerlos muy en cuenta porque si no sigues la onda estás perdida.
Pero en esas cosas el cristiano tiene un plus de héroe. Se empeña en no gastar en trapitos más de lo necesario. Y en tener un poco de mentalidad china, que es algo parecido a llevar el uniforme para la semana, básicamente unos cuántos pantalones y faldas que vas combinando para no repetir. Lo bueno es que si observas a tus compañeros te encuentras con que tienen el armario de Versace. Cuentas las botas, los zapatos, los bolsos y complementos y te quedas con la boca abierta. Es gente necesaria para reactivar la economía, con un cristiano que va a lo básico, como que no salimos de la crisis. Por eso es bueno que haya variedad. Así cada uno pone su billetera en aquello que considera más necesario.
Para el cristiano la vanidad y la moda no están reñidas, pero no se puede comparar con un adicto a los trapitos. Ese que gasta parte de su sueldo mensual en fondo de armario. Y no sé porque me he ido por las ramas, cuando estaba hablando de televisión. ¡Ah, ya recuerdo!, por los artistas que solemos imitar como monos de feria. Total que la Cuaresma podría servir para ahorrar, no cediendo al imperio de la moda. Para alguna gente que conozco eso es una proeza y si encima le dedican dos pares de zapatos al cepillo de la iglesia, ni te cuento lo importante que resulta tamaño sacrificio. Y viene bien hablar de sacrificios que es como ir al gimnasio. Allí te hacen hacer una serie de ejercicios aeróbicos que todo el mundo repite con sumo interés resoplando para tener un cuerpo diez.
Yo digo que los ejercicios espirituales son menos costosos, consisten en algo tan sencillo como reservar una pequeña parcela de tu horario para encontrarte con Dios. Algo que es imprescindible cuando quieres a alguien, porque sabes que necesitas ver a esa persona cada día. Si no, sientes que te falta algo. ¿Nos pasa eso con Dios?. Yo me he fijado y si no te pones tu tabla de ejercicios espirituales, caes en una flacidez espiritual que hace que no pienses nunca en Él. Somos así de ingratos. ¿Pero de verdad se puede vivir sin pesar en el ser que te ama incondicionalmente?.
Pues bien, hoy mi camino espiritual me pide un tajante RÍNDETE: No esperes más pruebas, Dios te ama, déjale hacer. Y cuando he pensado en ello me ha venido a la mente el ejercicio aeróbico de los gimnasios. No nos importa perder tiempo y dinero para estar en forma, sin embargo a quien nos ama de manera desmesurada ni tan siquiera le dedicamos cinco minutos al día.
Me quedo ahí, pensando que hoy al menos al escribir esto he tenido presente a Dios, mi fan número uno, el único que soporta todas mis flaquezas sin reproches. Está siempre esperando que le diga algo. ¿Me oyes, Señor?. Te quiero.
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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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2 respuestas a ¿Me oyes Señor?. Te quiero

  1. Carmen, que bella entrada, finalmente al único que tenemos realmete es a Dios!!Que el sea nuestro más valioso tesoro.Gracias!!DTB!!

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  2. Muchas gracias, María. Realmente es así, pero qué poco se medita sobre esa presencia que debería permanecer viva durante todo el día.Acudimos a El, casi de puntillas y por cortesía. Me gusta esa idea de que sea nuestro más valioso tesoro.

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