"Alma mía recobra tu calma"

Hay canciones que te acompañan toda la vida. Canciones de infancia, de adolescencia, de juventud, de madurez; canciones para cada momento. Algunas forman parte de mis recuerdos y nunca las he olvidado. Calaron como agua mansa y tranquila esponjando el corazón. Para este tiempo de Cuaresma vine a mi memoria una en especial que a veces voy tarareando cuando camino hacia el trabajo. Con el tiempo descubrí que se corresponde con el Salmo 129:
Mi alma espera en el Señor,
mi alma espera en su Palabra
mi alma aguarda al Señor,
porque en Él está la salvación.
Desde lo hondo a ti grito Señor,
Señor escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos,
 Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón
y así infundes respeto.
Las dos primeras estrofas son las que recuerdo con mayor claridad. El que canta reza dos veces, decía San Agustín. Y este canto de súplica es como un bálsamo que va sanándote por dentro. La confianza en la misericordia de Dios jamás nos debe faltar, por muy pecadores que seamos. Es la grandeza de nuestra fe, el Señor siempre está dispuesto a la reconciliación. Hay que atreverse a dar ese paso, que en esencia no sólo nos enseña a ser más confiados y humildes, sino que también nos recompone interiormente.
Cuando hacemos daño a los demás, aunque sea de manera inconsciente, es bueno decírselo al Señor. Algunos piensan que eso es demasiado, que si no advertimos nuestros pecados, Dios no los tiene en cuenta. Pero el creyente va un paso más allá, y piensa también en las veces que pecó de omisión, de dejar pasar la ocasión, de estar impasible ante algún acontecimiento que hubiera precisado de nuestra disponibilidad. Por eso cantar este Salmo nos reconcilia con la humanidad y especialmente con Dios.
Los Salmos son unas oraciones maravillosas. Muchas de ellas las cantamos a lo largo del tiempo litúrgico. Y básicamente constituyen un método de oración fácil en el que podemos encontrar las palabras adecuadas a nuestra situación interior. En este salmo en concreto no hay un pecado determinado, se pide la reconciliación con una gran dosis de esperanza. Eso es lo sublime. Sabemos que en Él está la salvación.
Me atrevo a hacer una propuesta desde aquí a mis lectores. Que utilicen este Salmo tanto si saben la música como si no la saben. Porque no hay nada más hermoso que caminar o conducir cantando al Señor. Hagan la prueba. Es una manera de comenzar el día que pone todo tu organismo en disponibilidad. Llegas al trabajo con las pilas cargadas y una enorme dosis de gratitud por haber entonado un canto sencillo, milenario, recitado también por el mismo Jesucristo. ¡Qué mejor manera para comenzar el día!.
Seguimos caminando juntos esta Cuaresma. Desde aquí gracias a todos los que se asoman a esta ventana de Diálogos sin fronteras. Una ventana abierta al mundo y a la reflexión cristiana.Os dejo como regalo el Salmo que encabeza el post.
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Acerca de Carmen Bellver

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