La conversión de un actor y Cristiada

Eduardo Verástegui es un productor, actor y cantante mejicano que muy pronto estará en nuestras pantallas en la película Cristiada. Una producción realizada en México hace dos años que nos recuerda la historia de los cristeros. Una revolución popular contra el gobierno masón y laicista de Plutarco Elías Calles en los albores de 1.926. Apenas una década antes de que se desatase otra gran persecución contra la fe en la España de la Segunda República. Hablo de este tema porque Eduardo Verástegui es un converso al catolicismo que ha encontrado una misión en su vida. La de servir a Dios dentro del mundo del espectáculo. Y lo hizo de maravilla con su producción independiente “Bella”, premiada en el festival de Toronto. Y volvió a conquistar al público con su cortometraje “El circo ce la mariposa”, que también ha sido premiado en diferentes certámenes. Todas sus intervenciones llevan el sello de la fe y de los valores cristianos. Esa ha sido su apuesta tras su conversión de una vida alocada a la serenidad de la fe. Una conversión que le llevó a utilizar sus ahorros para fundar la productora Metanoia Flims. Y apostar por una escuela de actores en Hollywood con formación en valores.

No quisiera que esto fuera una idealización de un personaje que está realizando un trabajo extraordinario para llenar Hollywood de actores dispuestos a protagonizar una cruzada a favor de la fe. Su camino es arduo y peligroso. Pero ahí está la muestra de que se puede hacer cine de valores con calidad. Y mostrar realidades históricas que han sido silenciadas y ninguneadas por la propaganda atea y laicista. He leído ya varias críticas contra la película Cristiada. Se la asocia con planes ocultos del Vaticano, apologética católica de cuño fundamentalista y sobre todo se intenta desprestigiar la historia de los cristeros y su lucha por la libertad religiosa.

Todavía es más espantoso que se una la revolución cristera con el alzamiento franquista, pero para las mentes calenturientas todo es posible. De esa manera rastrera se intenta desprestigiar una historia cuyo guión recoge la vida y muerte del beato Anacleto González y de otros mártires por la fe. Como es obvio se la acusa de estar manipulando la historia, de presentarse del lado del catolicismo y no dar una visión objetiva de los hechos. Como si no supiéramos que en cualquier guión siempre hay un punto de vista, una mirada. Nada es ajeno al arte. La conquista del Oeste americano es glosada en múltiples cintas sin que durante muchos años nadie se ocupase de presentar la mirada desde el otro lado, denunciando las salvajadas realizadas con los indios.

Es evidente que esta película se ha hecho con la intención de mostrar el enfrentamiento de un gobierno a la libertad religiosa, publicando leyes laicistas contra la Iglesia: “Todo obispo, sacerdote y ministro extranjero será deportado inmediatamente. Se dictarán cinco años de prisión a cualquier sacerdote que critique al Gobierno y queda estrictamente prohibido utilizar vestimenta religiosa en público”. Leyes de este cuño sublevaron a la población civil y desataron un enfrentamiento penoso.

La película cuenta con la participación de un nutrido grupo de reputados actores como Andy García, Eva Longoria y Peter O’Toole. Es una de las producciones más caras de México y no ha dejado indiferentes a los enemigos de la Iglesia.

En nuestro país estamos acostumbrados a películas que magnifican la República y presentar al lado vencedor de la contienda como un poder absoluto aliado con la Iglesia, sin descubrirnos las víctimas inocentes de la persecución religiosa. Del mismo modo que se silenció la persecución de la Iglesia Ortodoxa en la República Soviética tras su revolución. Viene bien que la balanza se equilibre. Porque es indudable que el siglo XX está lleno de mártires por la fe.

Y a mí me gusta presentar esta película con la historia de conversión de un actor y productor que intenta ser fiel a la Doctrina Católica, sin avergonzarse de vivir en castidad tras su conversión. Y además de promocionar los valores a favor de la vida, en un periodo en el que los sucesivos gobiernos abortistas, no se sabe bien si defienden el derecho de las multinacionales farmacéuticas o las clínicas abortivas, frente a la promoción de la vida y de la familia.

Estamos de lleno en la disolución de los valores cristianos y vale la pena que se presenten al mundo con toda la fuerza de su convicción.

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Acerca de Carmen Bellver

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