¿Con qué compararemos el Reino de Dios en nuestra sociedad tecnológica?

Ahora que los escándalos son vox populi, que recorren todos los medios de difusión masiva y nos golpean brutalmente hasta dejarnos sin resuello, afectando a todos los ámbitos de la sociedad, iglesia, políticos, banqueros y un largo etc. Vale la pena retomar el Evangelio de hoy que se empeña que en las cosas pequeñas, que no parecen tener interés por el marketing, ni le importan los medios de comunicación, que se ocupa sólo de lo pequeño. De lo que sucede entre tú y Dios. De si eres tierra buena donde puede germinar de manera maravillosa la semilla.

Y encima nos dice que la semilla en tierra buena, crece sola hasta ser el mayor de los arbustos. Esa es la dinámica del Reino. Es la dinámica de todos aquellos que antes que nosotros estuvieron trabajando por los valores del Reino. Si miramos los grandes santos de la historia, todos ellos fueron considerados poco menos que ilusos e infelices ocupados de los arrabales, de lo insignificante. No aspiraron al boato, ni al poder, ni a tener gran influencia en la sociedad. Se ocuparon del día a día en aquello que el Señor les llamaba a actuar. Y lo hicieron de maravilla siendo testimonio vivo de la gracia de Dios entre nosotros.

Volvemos a necesitar de esa gente, gigantes espirituales, que saben que se arriesgan a ser perseguidos por vivir según la voluntad de Dios. Me llama la atención que ahora todos estemos reclamando una voz mediática por parte de la Iglesia, una voz profética, ante la grave crisis que nos atenaza. Como si esa voz no estuviera ya entre nosotros y se estuviera proclamando todos los días. Es una voz que como gota de rocío sigue empapando la buena tierra. Sigue dando esperanza a su alrededor. Esa gota está en el Evangelio y en los hombres que no se ven en los medios, ni se habla si quiera de ellos. Pero viven completamente convencidos de que con la voluntad de Dios se convierten en tierra que da fruto.

Estamos cansados de oír a los voceros mediáticos proclamar gestos por parte de la Iglesia para que sean signo profético. Y vuelven con el mantra, del mismo Satanás que le dijo a Jesús: Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate de aquí! Pues escrito está: “Ordenará que sus ángeles te cuiden. Te sostendrán en sus manos para que no tropieces con piedra alguna.” Lucas, 4, 1-11. Gestos grandes y proféticos. Pero la dinámica que hoy nos muestra el Evangelio se parece más a la que siguió la Madre Teresa de Calcuta, abandonar todo e irse a vivir con los más pobres de los pobres. Siguiendo la voluntad del Señor, hasta que sin saber cómo, la obra se convirtió en testimonio para todo el mundo. Hoy sigue siendo el mejor ejemplo de lo que es sembrar en tierra buena y dar fruto en abundancia.

Nos olvidamos muchas veces que nos son los proyectos pastorales, ni las grandes campañas publicitarias las que forman parte del Reino de Dios. Son esos gestos individuales, ocultos, que siguen produciendo fruto por la gracia de Dios. Esos gestos que no persiguen la misma dinámica del mundo, donde la apariencia lo es todo. Se nos olvida que quienes piden grandes reformas en la Iglesia son a veces la voz del “enemigo” que saca la porquería sin ofrecer nada bueno a cambio. Están llenos de sentencias como las de las tentaciones del templo. “Olvidaos de esto y aquello”. Critican el catecismo, proclaman que la Iglesia tiene que adecuarse a los tiempos modernos.

Nunca hubo ningún reformador de la Iglesia que no actuase desde dentro de la misma, con incomprensiones, con dificultades, con toda la batería que el “enemigo” desparrama para que esa semilla de mostaza no germine ni crezca. Y sin embargo la semilla como es obra de Dios, produce frutos abundantes. Pero ninguno de ellos levanto la voz contra la Iglesia, sino contra el pecado y las debilidades humanas. Porque sabe que la Iglesia es templo del Espíritu Santo y es obra de Dios, aunque esté llena de cizaña junto al trigo.

La semilla sigue siendo hoy la misma que hace dos mil años. Y cuando cae en tierra buena da frutos abundantes. Lo único que tenemos que estar es dispuestos a recibirla y dejarla crecer allí donde nos encontremos. Que del resto se ocupa el Señor. Feliz domingo.

Acerca de Carmen Bellver

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