VatiLeaks, el mundo de los espías

No cabe duda de que existe una mano negra capaz de presionar en las altas esferas Vaticanas. Los recientes escándalos hacen suponer presiones ante determinadas decisiones. Se esconden ases debajo de la manga para utilizarlos convenientemente. Así ha sido en el caso del obispo Bargalló, cuyas fotografías sobre su affaire son de hace más de un año. Han estado disponibles y al mismo tiempo ocultas. Lo mismo le sucedió al ex presidente de Paraguay y también ex obispo Lugo, romances de hacía décadas, salieron a la luz en momentos críticos. Ambos casos nos sirven como ejemplo de cómo están las cosas cuando uno no tiene la altura moral suficiente.

Lo bueno del escándalo Vatileaks, es que nada de lo que ha salido a la luz es motivo de escándalo. Más bien, el escándalo consiste en observar que hay infiltrados hasta en las estancias del Santo Padre, husmeando entre los papeles y recogiendo información para utilizarla de manera conveniente. Es el peligro de la condición humana, del espionaje industrial, político, económico, sindical. Es la muestra de hasta dónde somos capaces de llegar para alcanzar un determinado fin. El hecho es que hoy cualquier cosa escondida puede salir a la luz. El mejor traje es el de la honestidad, donde no existan motivos para ser chantajeados o comprados.

Nos sirve el Evangelio de hoy para nuestra reflexión: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos” san Mateo (7,6.12-14)

Parece que lo nuestro es dejar de tratar con determinadas personas, los perros, los cerdos, capaces de pisotearte y destrozarte. Mejor apostar por lo hijos de la luz, por las personas con palabra y honradez. De ahí que se nos exija tratar a los demás con la corrección que nos gustaría ser tratados. Y también que se nos explique al final que el camino de la perdición es bastante fácil y ramplón, mientras que el camino que lleva a la vida, es estrecho y lleno de dificultades.

Que estas palabras sean actualidad hoy mismo, dentro de la propia estructura de la Iglesia, es una muestra más de que Jesús tenía palabras de Vida Eterna. Palabras que siguen siendo la ruta hacia el Reino prometido, incluso cuando todo parezca estar lleno de suciedad y podredumbre, podremos afirmar que existe la luz y la trasparencia, que el Reino sigue siendo fecundo. Basta con seguir el ejemplo de las personas a quienes no les pueden sacar la ropa sucia, porque está completamente blanca y trasparente.

Nunca hay que avergonzarse de la propia debilidad, sólo hay que tener el valor suficiente para reconocer que hemos sido débiles y salir por la puerta ancha. Lo peor es negar la evidencia, entonces las cosas se complican. Eso es lo que le sucedió a la Institución eclesial con sus casos penosos de pederastia, con sus ovejas marcadas por el pecado, con sus escándalos aireados convenientemente en momentos determinados. Lo mejor siempre es luz y taquígrafos. Porque es cierto que nosotros, sin ayuda de Dios, somos bastante débiles. Por eso nunca debemos cansarnos de pedir al Señor su ayuda ante nuestras dificultades. ”Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra;. o si le pide un pez, le dé una culebra?. Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! (San Mateo, 7).

Recemos todos para que la Iglesia salga fortalecida de sus pruebas. Necesitamos orar unos por otros, hacer fructífera la comunión de los santos. Vivimos tiempos convulsos que siempre son de purificación y necesitamos apoyarnos unos a otros. Pero sobre todo tengamos la mirada puesta en el Señor que nunca defrauda, aquel que dio su vida para rescatar a toda la humanidad.

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Acerca de Carmen Bellver

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