La pasión por el fútbol y sus ídolos de barro

Esos chicos que se enfundan millones de euros por dar un puntapié a un balón están ahora saboreando las mieles de su triunfo. España sufre el subidón de adrenalina y muchos son más felices que ayer. Porque los problemas serán los mismos, pero el telediario no lo abre la prima de riesgo, ni el Euribor, ahora todo el mundo habla de la roja. Son como los gladiadores del circo romano, una especie diferente que crea pasión y mueve millones. No nos importa que los clubs se endeuden, que las primas salgan hacia paraísos fiscales. Hoy de lo que se trata es de felicitarles y felicitarnos. Nos olvidamos de la inevitable subida de la luz y el gas, las penas y penurias de miles de españoles se difuminan. Y Rajoy debe respirar aliviado, por fin algo sale bien. Ahora ya somos campeones, aunque las cuentas sigan sin cuadrar, y los millones se encuentren en paradero desconocido.

Pero no señores, como la malvada de los cuentos, les recuerdo que estamos en quiebra y que mucha deuda de los clubs debiera ser saldada, incluso a cuenta de las primas que ahora brindan con cava. ¿O es que a ellos no les afecta la crisis?. En estos momentos, la pasión por el fútbol debería organizar campeonatos benéficos a cuenta de Cáritas o de los pobres de solemnidad de cualquier región de España. Ya es ganas de fastidiar, dirán algunos. Pues eso señores, despierten de su abulia, que el patio no está para estos fregados.

De manera objetiva debo reconocer que el deporte fomenta valores importantes, como el esfuerzo, la competitividad y la camaradería. Pero cuando se trata de un negocio de los nuevos Médicis que no aportan obras de arte, ni talento literario, salvo la voracidad de quienes desean poseer un club para lucir palmito, la cosa pasa de jocosa a ser una vergüenza. Y alrededor de este deporte nacional existe demasiada corrupción y sus emolumentos son como una gran bofetada en el rostro de miles de españoles en paro. Porque estos jóvenes ídolos de hoy viven en una nube que los aleja de la calle y de las luchas diarias que una familia padece para salir adelante.

 Panem et circenses gritaban en la antigua Roma. Dos mil años después el circo es ahora el estadio de fútbol y los dueños de clubs gestionan su negocio como aquellos patricios que compraban esclavos para especular en las luchas a muerte con apuestas sobre la vida de los demás. No hay sangre, no hay muerte, pero las pasiones se mueven con la misma voracidad aterradora. Lo que importa es ganar en todos los sentidos. Y sería conveniente que dejásemos de convertir a los mortales en héroes de nuestros sueños. No en vano se empeñan los obispos en denunciar el futuro Eurovegas, no para fastidiar el negocio, sino para recordar que la moralidad de nuestros actos no se mide por la moda.

Les puedo asegurar que no contribuyo en nada a esta espiral de fervor patriótico. No juego a la lotería, ni a las quinielas. Y los millones que mueven la ambición de tantos, me producen malestar. Por los mismo motivos, no consumo televisión para olvidarme de que hay tertulianos capaces de inventar una historia para que les paguen la exclusiva. Me marean las cifras que manejan algunas cadenas, como me abochornan los presupuestos de determinados clubs de fútbol que se corresponden con la deuda externa de algún país tercermundista.

Y ahora que todo el mundo está celebrando el triunfo de España, les recuerdo que estamos vendidos a los países del norte de Europa, que marcan las condiciones de nuestro futuro. Y los ciudadanos de a pie seguimos queriendo reducir cargos públicos y prebendas de cualquier tipo. Hay muchos millones sustraídos de las arcas del erario público que están cargando sobre las espaldas de los sencillos trabajadores. Por eso, señores, yo no tengo nada que celebrar.

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Acerca de Carmen Bellver

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