El obispo Novell y las minifaldas

La Iglesia recuerda cosas tan obvias que son mero sentido común. Pero al parecer este es el menos común de los sentidos que abundan por el planeta Tierra. Si dispusiéramos de mejor educación no sería necesario pisar el umbral de una iglesia y leer, cuide su manera de vestir, apague su móvil, respete la casa del Señor que es una casa de oración. Ahí queda eso, colgado en lugar visible. Pero es que ni así parece que el personal entre en razón. De manera que todo un obispo como el de Solsona ha tenido que amonestar públicamente a tres jóvenes por ir con minifalda a recibir su confirmación. Y me parece normal que se ejerza el cargo para algo más que impartir sacramentos. Lo que es obvio es que ni catequistas, ni familiares de las niñas, pusieron la pica en Flandes, antes que se llegase al bochorno público. Y la algarabía de sus declaraciones ha recorrido la red con comentarios para todos los gustos.

Lo que sucede es que muchos ya damos por buenas las imágenes impúdicas que estamos acostumbrados a visionar en la televisión. Personalmente me parecen de mal gusto, la mayoría, por no decir que uno de los periódicos insignia de la democracia, sigue manteniendo en portada, escenas subidas de tono, convirtiendo las acrobacias dentro del automóvil en pilladas fotográficas expuestas sin pudor. Pero no acaba aquí la cosa, hay un programa en televisión, con bastante audiencia, que consiste en elevar a criterio de un juez causas que producen vergüenza ajena. Una no se explica cómo es posible que la gente ventile sin pudor sus intimidades ante miles de espectadores. Y es que lo privado ocupa ahora un lugar público, estamos en una sociedad que tiende a exhibir sus cuitas personales en cualquier lugar.

Las niñas confirmandas son ahora portada de los medios por ser amonestadas, tras varios años de dejar pasar las cosas, por no querer ser un Pepito Grillo. La Iglesia y con ella sus ministros ha vivido un periodo de complejo y malos rollos, que curiosamente no ha llenado las iglesias, por mucho que se haya consentido en todo. Al contrario, los jóvenes de hoy si valoran algo es precisamente la coherencia, y apuestan por lo más lógico, entre toda la oferta hedonista, se atreven a exhibir su virginidad con anillos y muestran orgullosos tatuajes de cruces o rosarios. Los tiempos cambian y la oferta de la evangelización sigue siendo la misma que hace dos mil años. En esa oferta entra como en un pack el pudor y el decoro en la expresión pública o privada. Aunque lo que vista sea exhibir las piernas con tacones de aguja, es obvio que no todos los lugares son adecuados para semejante exhibición.

No se acude a una boda en tejanos, por mero sentido común, ni sale uno en alpargatas para ir a una cena social. De manera que el obispo de Solsona ha dicho lo que otros antes que él tendrían que haber advertido a las jóvenes confirmandas. Y no estaría de más que ese mismo proceso lo siguieran los párrocos en sus respectivas zonas. Porque resulta bochornoso encontrase con escenas propias del Gran Hermano dentro de la casa del Señor.

La cuestión del escándalo es muy personal, tanto es así, que la mayoría discrepamos entre lo que es moneda común o elemento adecuado. Podría ser común exhibir escotes de infarto en verano, cuando todo el mundo tiende a ir ligero de ropa. Pero si existe el decoro debe hacerse uso del mismo. Y me pregunto si existe porque resulta patético mirar como algunos individuos van a recibir el Cuerpo de Cristo con pantalón corto y zapatillas. No sea que se piensen ustedes que sólo las jovencitas caen en el error de lucir palmito.

Lo curioso de este tema es que el obispo de Solsona es el más joven de España. Y está revolucionando su pequeña diócesis con medidas que no escapan a los medios. Apuesta por vivir en fidelidad el Evangelio y no dejar que la misa del Señor se convierta en una rutina dominguera. Ya saben aquello de cumpli-miento. La coherencia de vida es el mejor sistema de evangelización desde los tiempos de Aquila y Priscila cuyo martirio hoy conmemoramos. Estos jóvenes esposos fueron discípulos de Pablo y ejercieron su compromiso de fe hasta el derramamiento de sangre. No sé si eso se explica hoy en las catequesis de confirmación. Pero si puede ser un verdadero martirio incruento vivir con fidelidad el Evangelio ajenos a los usos y costumbres que venden los medios con tanta ligereza. De manera que bien por el Obispo Novell que ha ejercido la corrección fraterna ofreciendo a los medios un motivo de reflexión.

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Acerca de Carmen Bellver

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