Teresa Forcades frente al capitalismo no ético

A Teresa Forcades, monja benedictina, no le bastó denunciar la trama de las farmacéuticas. Fue notable su exposición contra la vacuna de la gripe A. Lo curioso es que tuvo razón y los medios corrieron un tupido velo sobre la realidad inhumana del imperio económico que sustenta el bienestar sanitario de la sociedad. Actualmente vivimos tiempos convulsos en el que son muchos quienes piensan que existe una dictadura financiera, que somete las decisiones políticas a sus intereses. Es lógico pensar, por tanto, que la democracia está secuestrada, lo estamos comprobando con ese aluvión de promesas incumplidas que hacen parecer a los políticos tristes marionetas sometidas a los vaivenes de un cerebro superior, que dictamina cuál es el rumbo a seguir. Y ahí está de nuevo Teresa Forcades para denunciar el capitalísmo no ético.

Pues bien, discrepando de la monja benedictina, en cuestiones tan de frontera como el aborto o el matrimonio homosexual. Admito que su razonamiento sobre la situación actual, sigue una lógica fundamentada. La entrevista que cuelgo en el blog dura cerca de una hora. Resumir el contenido es bastante más fácil. En principio Teresa Forcades pide una huelga general sobre la base que la mayoría social no está de acuerdo en cómo funciona la crisis económica. No voy a decir que me parece totalmente utópica esa exigencia. Bajando al llano lo que se cuece es la subsistencia de miles de personas. Que no pueden dejar de trabajar porque tienen una familia que mantener o una hipoteca que pagar. La realidad es que las huelgas generales que paralizan todo un país, son generalmente el preludio de una crisis política que aboca a situaciones de conflicto inevitables.

Como estoy segura que eso no es lo que desea la monja benedictina, tengo que aclarar que ella sin nombrarlo está pensando en un cambio de sistema desde las bases. Un cambio de sistema en el que el marco actual queda deslegitimado y pasamos a otro paradigma. Como residente durante cierto tiempo en Alemania, ha tenido información de primera mano en Universidades teutonas y explica que el problema de la Unión Europea es que desde el Tratado de Lisboa ha dejado de ser una democracia para pasar a convertirse en una especie de mercado de opinión que maneja como títeres a los gobiernos adheridos a la Unión. La crisis política actual en todos los países se basa precisamente en que los políticos tienen las manos atadas por especuladores financieros.

La realidad actual es esa, pero también deberíamos recordar que los políticos no han sido ajenos a esta situación, sino determinantes para que tuviera lugar una estafa permanente a la democracia. Políticos metidos en tramas corruptas que hunden Cajas de Ahorros, cuyos gestores se dedicaron a vender productos tóxicos como si fueran sólidos depósitos de ahorro. Políticos que también se embarcaron en proyectos faraónicos para mejor su imagen, sin considerar el dinero público no es una hucha sin fondo. Hemos llegado a la quiebra técnica de muchas comunidades autónomas. Y al rescate del país, vapuleado por la crisis económica. Porque en definitiva, como bien señala Teresa Forcades hemos convertido el beneficio económico en el dios que rige los destinos de toda la estructura social.

Es evidente que para las personas creyentes, la economía es un medio, no un fin. Y la política consiste en regir el destino de la ciudadanía basándose en el bien común, no en las prebendas personales. Esa es la apuesta que presenta Teresa Forcades, desde una teología de liberación, feminista, arriesgada y en frontera. Hoy vuelve a ser noticia por decir lo que muchos no se atreven a afirmar públicamente. Su voz está de nuevo en los medios provocando conflicto, generando debate. Es probable que muchos la conviertan en foco de sus iras, que la acusen de no vivir como una religiosa de clausura, recogida en su convento fabricando cerámica. La apuesta de Teresa Forcades, ha sido y sigue siendo, la de ser una voz de mujer que tiene mucho que decir dentro de la misma Iglesia. Donde la clausura no la aisla del mundo, sino que la hace implicarse desde su condición de mujer y religiosa, en todos los problemas de la sociedad. Tener opinión supone exponerse a las críticas de los demás. Podremos estar o no de acuerdo con ella, pero es evidente que sigue teniendo el coraje y la libertad de decir lo que piensa.

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Acerca de Carmen Bellver

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