¿Qué se jodan, dice, señoría?

Se nos escapa la percepción de hacer historia. Pero la hacemos y la vivimos. Solo que sin perspectiva, sin puntos de anclaje desde donde situarnos. Porque el futuro es un enigma. De manera que sólo nos queda el pasado para contrastar. Y claro eso no es posible. Son épocas y tiempos diferentes. Aunque podemos asegurar que cuando hay crisis las crisálidas abundan. Son esos fenómenos maravillosos que convierten el arte en depositarios de la esencia de un tiempo. Abundaron en la gran depresión y dieron lugar a una literatura de fuste y a esa cosa sublime que es el cinematógrafo, dejando una huella en el celuloide. Allí convergieron obras sin las cuales sería imposible analizar aquellos tiempos.

Yo soy de las que opina que ahora también se van a dar las crisálidas. Que vamos a ver esa metamorfosis de la que surge algo nuevo. Y espero que sea algo mejor y más humano. A veces los personajes históricos son cruciales y marcan una señal en la página del tiempo, se habla de antes o después de alguien. Europa tuvo Napoleón y Hitler, no son comparables, pero desde luego trasformaron su realidad de una manera sorprendente. Después de ellos ya no fue lo mismo. Todo cambió. Y afortunadamente para bien. Es la respuesta de la mano de Dios que no deja abandonada a su criatura. Pero mientras eso sucede, cuánto hay que sufrir y pelear para salir adelante. Vapuleados por esas fuerzas telúricas que trasforman la sociedad y la revolucionan.

Y aquellos tiempos de vaivén pudieron dilatarse durante años. Pero ahora parece que todo tiene una velocidad de vértigo. Las crisis se viven sin tiempo a asumir los hechos. Ese es el shock de un presidente llamado Mariano Rajoy, que si no está a la altura de los acontecimientos, lamentablemente nos va a llevar a la ruina. No será suya toda la culpa, desde luego, pero está en el lugar y el momento donde le ha situado la historia. Y me temo que ahora se requiere alguien capaz de poner el puño en la mesa. Pero además, nos conviene entonar oraciones para que la lucidez no le falle.

Me vuelvo a la calle y huelo en el ambiente la desolación de muchas familias que han perdido el rumbo. Necesitan que alguien les diga que saldrán adelante, que tenemos la obligación de salir adelante. Pero no pidan siempre a los mismos el peso del esfuerzo. Mientras otros aprovechan el momento para lanzarse como buitres sobre la pieza herida. El rey demostró ayer haber salido de la historia. Ya no es su tiempo. No ha podido decir más que banalidades, mientras veíamos su deterioro físico. Ahora apuntan maneras algunos economistas que piden que se exija a las grandes fortunas que se impliquen en la crisis. Tampoco eso es la solución. Es el tiempo de romper algo que ya no funciona para resurgir como las crisálidas en otro marco mejor.

¿Serán conscientes sus señorías en los escaños del Congreso?. Si ellos no saben alumbrar ese nuevo paradigma, tendremos que sufrir algo peor que una crisis, probablemente la revuelta y la sublevación de la sociedad que no puede soportar la injusticia que algunos políticos quieren legitimar. No sé qué pensarán ustedes pero desde luego yo creo que siguen habiendo talentos que de esta crisis saldrán más fortalecidos. Renovados completamente. Es el momento de las iniciativas para desechar aquello que no vale por algo nuevo.

¿Cómo hacemos para suprimir puestos de trabajo que no son operativos?. Es bastante fácil, ofreciendo la posibilidad de aprender una nueva forma de trabajo. De manera que la crisis para un periodista le supone convertirse en polivalente. Es decir capaz de tocar todos los palos. Eso mismo se vive en las empresas privadas. Quien mejor sepa adaptarse podrá subsistir. Por ello es necesario que todos aportemos ideas.

La principal, no desmotivar a quienes buscan empleo. Ofrecer estrategias para salir adelante. Aprender nuevos oficios. Aprovechar las oportunidades. Y dejar de golpear al funcionario de carrera que ha pasado años de estudio, que no se lucró en tiempos de bonanza económica, porque mientras algunos ganaban 3.000 euros con sus chapuzas, ellos seguían en la oficina o en su puesto de trabajo dando servicio público. Y limar las desigualdades que permiten a algunos firmar hipotecas de un millón de euros, mientras gritan que se jodan a quienes lo han perdido todo. Esa gente no se merece estar representando a la ciudadanía.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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3 respuestas a ¿Qué se jodan, dice, señoría?

  1. Yo hubiera puesto : Señoría ¿Que se jodan dice?

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  2. Entra en mi blog (tenebro1969.blogspot.com.es) y a ver si te gusta mi último post.
    Y si quieres comenta que nadie dice esta boca es mía

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