Pare Manel, la vuelta del hijo pródigo

Sucede que a veces los medios utilizan como ariete a personas que les resultan bocados apetecibles. Es lo que le pasó al pare Manel, Manuel Pousa (Granada 1945). Encumbrado por su trabajo con los pobres, en las cloacas de la marginación, con drogadictos, sidosos, enfermos del alma y del cuerpo, que encuentran acogida en la Fundación Pare Manel. Su labor ha sido premiada, el reconocimiento social pudo obrar en su contra y, llegó la imprudencia. Entre ellas las de bendecir lesbianas, postularse a favor del sacerdocio femenino o pagar abortos. Si bien es verdad, que lo hizo desde la doctrina del mal menor, es decir cuando vio que era imposible convencer a las jóvenes para que donasen a sus hijos en adopción. Era una manera de evitar que pendiese sobre sus cabezas la guadaña de la muerte por abortos poco higiénicos y caseros.

Pero llegó el escándalo. No es normal que un sacerdote salga en los medios a predicar lo contrario de lo que la Iglesia defiende. Y llegaron los programas televisivos y los libros en los que se confirmaba lo que tanto revuelo había levantado. Y con ellos, se alzaron las primeras voces que protestaban por lo elemental. Nadie puede servir a dos señores, porque mentirá a uno de los dos. Y así fue como el pare Manel se vio encausado en un proceso por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y naturalmente aquellos que suelen hablar de la Inquisición soltaron todo el lastre y salieron a defender lo indefendible. Que viviera con una mujer, que pagase abortos, que se postulase a favor del matrimonio homosexual. Todo ello tomando como bandera a un hombre de Dios que defendía lo que ellos quieren para la Iglesia.

Pues bien, el pare Manel, ha escrito una retractación que deja las cosas claras. Punto por punto explica que nunca tuvo como meta posicionarse fuera de la Iglesia. En Germinan Germinabit, la web que tantos quebraderos de cabeza le da el arzobispo de Barcelona monseñor Sistach, proclaman que es su rendición incondicional ante la autoridad de la Iglesia. No me gusta esa perspectiva, mejor llamar a las cosas por lo que debemos llamarlas, la vuelta a la Iglesia de un hijo que se estaba alejando con declaraciones fuera de lugar. Lo suyo es una explicación y aclaración de lo que otros utilizaron para posicionarse a favor de los tópicos de siempre. Ya sabemos que ahora diran que la caverna ha triunfado, que los integristas se están haciendo los dueños del cortijo.

Pero no debemos llegar a esos reduccionismos. Tenemos que comprender que un sacerdote se debe a sus fieles, no al aplauso fácil. Se comprende que el pare Manel cayese de manera inconsciente en las redes de los lobbys mediáticos que juegan con sus piezas como si estuvieran moviéndolas en un tablero de ajedrez. No se trata de eso, sino de la fidelidad a su ministerio. Y ahí el padre Manel ha sido claro y rotundo, ama lo que hace, ama su sacerdocio, quiere seguir estando donde está. Nunca ha roto sus votos. Y sabe pedir perdón por los errores cometidos. Eso es algo que le honra. Aunque algunos piensen poniendo su cizaña, que se retracta porque estaba a un paso de la excomunión. No, se retracta porque se da cuenta de su error, y se reafirma como hijo de la Iglesia que quiere seguir trabajando por el Reino de Dios.

Quedan mal aquellos que lo indujeron al error, quienes aprovecharon su nombre para posicionarse a favor de determinadas posturas. Quedan mal aquellos que no saben admitir sus errores. Por eso las webs que le denunciaron muestran ahora su aplauso por la vuelta del hijo pródigo. Nadie que ame a la Iglesia piensa en la excomunión como solución para las divergencias doctrinales. Lo propio es la mano tendida y la reconsideración de las posiciones.

No se trata de la victoria de unos y el fracaso de otros. Se debe mirar por el bien de la Iglesia. Y ahí cabe decir que el pare Manel hace una labor de samaritano admirable y que su fama debe ser determinante para llevar a otros a la fe, no para alejarlos aturdidos ante una doctrina que postula una cosa y un sacerdote que hace lo que le parece mejor. Me congratulo en la postura que ha tomado el Pare Manel, necesitamos más apóstoles de la Verdad y menos panegíricos de lo vacuo.

Acerca de Carmen Bellver

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