Enredados. ¿La nueva sociedad?

Me gusta la palabra para definir lo que supone la red. Estamos interconectados y al mismo tiempo tenemos la certeza de estar solos ante la pantalla del ordenador. Pero podemos bucear, surfear, describir círculos en la red, por donde observamos con asombro los pensamientos que van colgando seres anónimos que de pronto se encarnan en un rostro, en unas frases que nos sacuden de la modorra estival.

Pasamos largos momentos leyendo el correo con mensajes que van surcando las ondas sacudiendo el misterioso rostro de miles de seres. Es la influencia de esta cosa llamada comunicación. Un invento humano que va perfeccionándose tras cada generación. Desde el Código de Hammurabi, saltamos a la era Gutember, nos asombramos con el invento de Marconi que volvió el mundo más pequeño. Pero todavía tenía que llegar el cine de los hermanos Lumière y posteriormente la televisión para dejar la impronta del ingenio humano en una nueva biblioteca de experiencias que en el futuro será accesible a cualquier ciudadano desde su casa.

Nos hemos ido enriqueciendo a través de miles de generaciones. Y ahora surge esa nueva y extraña maraña de las redes sociales, donde puedes acceder libremente a un comentario breve de un actor, un obispo, un presidente, o un ciudadano rescatado del anonimato y colgado en la red, para disfrute de quienes lo pesquen en su maraña virtual. Es un nuevo mundo que como todo lo nuevo, tiene que ser procesado y reformulado para explorar todas sus posibilidades. Pero de entrada, recibes el bautismo de la red y formas parte de esa civilización virtual que vamos creando entre todos.

Los expertos advierten del peligro de un autismo cibernético que nos produce un efecto placebo, porque estando conectados con todo el mundo, sin embargos podemos encerrarnos en una torre de marfil, aislados de nuestros vecinos más próximos y cercanos. Inquieta la soledad familiar, con cada miembro conectado a una pantalla, mientras sus vidas se deslizan por pistas de información diferentes. Te deja perpleja esa conversación entre amigos a la que de pronto se incorpora el celular como un intruso inoportuno. Tenemos que crear normas sociales para que nuestras relaciones vuelvan a ser humanas y no se despersonalicen con la tecnología incorporada como una segunda piel. Sin la que muchos ya no saben vivir.

Por eso el verano es tiempo también para perderse en la isla del mundo, dejando abandonada la tecnología y enmudecidos los ruidos externos para adentrarnos en la soledad. El hombre ha perdido la capacidad de reflexionar en soledad, de interrogarse a sí mismo. Es buena la pausa que nos permite abandonar el televisor, el ordenador, el móvil. Y bendita sea la tecnología que frente a un hombre incapaz de interrogare a sí mismo, le pregunta ahora al mundo. Porque nuestra época permite establecer un diálogo que rescate del vacío al hermano. Le podemos llevar la palabra de Dios a la intimidad de su habitación. Podemos entrar en su casa y conversar con una persona deprimida. Y tal vez salvar la vida a alguien.

Pero ojo, también podemos establecer realidades virtuales, y fantasías perniciosas que nos envuelvan en una red de mentiras infames. Es el juego maniqueo de la vida. Todo tiene doble cara. Y es el uso que se le da a este nuevo invento lo que le hace más humano o más endiablado, si cabe. Lo cierto es que nuestra manera de relacionarnos ya no será como antes, con las misivas y postales enviadas desde ciudades lejanas. Sino con esa impronta que permite grabar nuestra vida y colgarla en la ventana del mundo exponiendo la privacidad a la curiosidad ajena en las redes sociales.

¿Y qué pasará con los derechos de autor?. Cuando alguien ya no necesite de un editor y cuelgue su obra y la ponga en venta, sin necesidad de intermediarios. Y cuando digo obra, me refiero también a la música. Porque ya es posible con los instrumentos actuales que salga una canción directa a la red. Tendremos que reconocer que se han caído muchas barreras y todavía la red es un sitio libre. Y cuando estamos en un sitio libre, también nos arriesgamos a encontrarnos con situaciones peligrosas. ¿Qué sucederá con todo lo que decimos en la red?. De nuevo el ingenio humano tendrá que encontrar la manera de regular este universo, sin que perdamos la libertad que nos ha proporcionado la tecnología.

De momento, como adultos, nos conviene prevenir a la juventud. Exposiciones de fotos personales son un arma peligrosa que puede crear problemas. La verborrea inconsciente puede provocar que unas palabras se malinterpreten. Todo es bueno, pero en su justa medida. Dosificarse será receta que nos permita seguir disfrutando de la tecnología sin perder un ápice de humanidad.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s