No cabe duda, España es diferente

Me van a disculpar que no escriba sobre religión. La canícula estival es tiempo de lecturas. Y me he sumergido este verano en varias novelas históricas de la mano de Sánchez Adalid y Arturo Pérez Reverte. Y oye, mano de santo, he visto que a la decadencia española le sobrevive el siglo de oro. La ruina del imperio fue beneficiosa para las letras y los santos. Así que estamos de buena nueva. Tras la avalancha de corruptos, estafadores y saqueadores de las arcas públicas, viene el aluvión de novelas que nos cuentan como fue la cosa esa de pasar de ser la octava potencia mundial, para ir al rompeolas del euro y terminar en la ruina. Pero es que además nos esperan los reformadores religiosos capaces de poner tiritas a las heridas de la sociedad. Algo es algo.

Los tiempos de novela negra vendrán de la mano de la conspiración judeo masónica, que no puede faltar. Si existió en la República, de narices tiene que haber estado presente en la Transición. Lo de ahora es peor, porque ya no sabemos bien donde estamos, aunque parece que el nuevo término se llama dictadura financiera o partidocracia que es el nuevo epígrafe acuñado por las plumas afiladas de la crónica. Yo he leído con fruición El cautivo de Sánchez Adalid recorriendo la mirada del protagonista desde tiempos de los Reyes Católicos hasta Felipe II. Y me ha parecido que los males de nuestra España se vienen repitiendo como un maleficio tremebundo. Por eso he pasado a devorar a Arturo Pérez Reverte en Limpieza de sangre, que me lleva junto Alatriste a la España de Felipe IV. Toda historia se repite, y los novelistas suelen explicar bien las causas de tanta desgracia. Lo hacen con imaginación, pero detrás de sus personajes podemos encontrar a los rostros que la prensa actual nos va desgranando, en una suerte de lotería de a ver quien la ha hecho más gorda.

No sé si regresaremos a la peseta, pero no cabe duda de que parte de la gente bonita que ha ido decorando la prensa y la televisión, dará lugar a la nueva hornada de ricos hechos a sí mismos a cuenta del erario público. Y veremos los vagabundos de la novela picaresca sortear las ciudades en un submundo marginal y extraño, que está ahí presente ante nuestras narices, pero que no sale en los rotativos ni en los telediarios. Ese mundo se parece al de esos abuelos que vivieron una España diferente, y que lograron unos ahorrillos para sobrevivir en tiempos de crisis. Pero mira por donde, los listos del país, se inventaron un producto de estafa legal, les llamaron participaciones preferentes y deuda subordinada, las vendían como plazos fijos por un renta suculenta, sin advertir que cuando fueran a recuperar su dinero, estaría en las Caimán de mano de algún banquero que guardaba allí su cuenta de prejubilación.

La cosa es que hoy no está el asunto para hablar del honor y la honra. La han arrastrado por el suelo durante estos últimos cuarenta años, sin importar nada más que las cuotas de poder para conseguir robar más y mejor. A mí me dan ganas de escribir con ardor patriótico sobre la casta política de la Transición. Esa que iba con pantalones de pana y el puño en alto, buscando rescatarnos de la marginalidad para hacernos europeos. Me entra una risa histérica cada vez que me acuerdo de los cien años de honradez que algún partido quiso convertir en eslogan de su campaña política.

Y visto que ahora todos los partidos sin excepción le deben dinero al ciudadano español, me van dando ganas de enviar desde Cáritas a los eliminados del sistema para que mendiguen a la puerta de las sedes de cada partido y sindicato. Lo digo por movilizar a la gente contra toda la casta dispuesta a maquillar de nuevo sus fechorías en una labor a la que están ahora dedicados los negros de cada partido, esperando ese otoño caliente para azuzar a los indignados del pueblo contra lo que consideren oportuno.

Y a mí me viene mejor explicar que debemos recuperar las lecturas del siglo de oro español y la literatura que recrea aquellos tiempos, para vernos reflejados en las aguas turbias de este presente de opereta bufa a la que los humoristas como Gila o Tip y Coll le habrían sacado toda su enjundia. España es diferente, no cabe duda.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s