Vacaciones: un tiempo que algunos quieren suprimir

El verano es ese espacio de tiempo en el que las horas transcurren de manera más lenta y reposada. Nos dejamos envolver por cierta indolencia, desconectando el despertador, ese ser infame que el resto del año vulnera nuestro sueño. El verano también es un tiempo con noticias de color rosa, posados en diferentes playas, pareos, bañadores, yates. Nos hacen vivir las vacaciones de los otros, de aquellos famosillos que llenan las portadas secas de noticias con fuste.

El verano es el tiempo del ocio, del encuentro, o del aislamiento. Elijan ustedes lo que prefieran. Hay quien se retira a un monasterio para cambiar dramáticamente su estilo de vida, y dejan reposar su cuerpo entre salmodias y oraciones. Luego está el verano de quien necesariamente tiene que salir de su tierra, aventar el polvo de los pies, y surcar por carreteras ajenas. Es gente que necesita la novedad, desconecta sólo si salen de España o de su ciudad y ejercen de turistas impenitentes bajo el sol, pese a los cuarenta grados a la sombra.

Este verano los juegos olímpicos se llevan la estrella en los informativos. Hemos dejado de vigilar la prima de riesgo para ir contando el medallero. Según el ranking seremos o no seremos un país de interés. Lo que es obvio es que esa potencia mundial de China emerge con un ímpetu, que hace pensar qué nos deparará el futuro con tantos millones de chinos como hay en el mundo. De esa revolución asiática casi nadie habla. Le temen más a los islámicos y se olvidan de contar el número de chinos por metro cuadrado. Ya digo que los amarillos van hundiendo la economía de cada país con sus tiendas de plagios a bajo precio. Alguien con poco criterio me dijo el otro día que habían tenido que venir los chinos para enseñarnos lo que es trabajar.

Dios le perdone. Un chino es una máquina que apenas tiene vida propia. No los ves en los espectáculos, ni te los tropiezas por las terrazas. Siempre están trabajando. Y un chino no conoce los derechos humanos, de manera que le importa un pimiento si debes santificar las fiestas. La revolución asiática me angustia porque su productividad está en boca de los ávidos empresarios que siempre quieren crecer más y a menor coste. Y eso es una trituradora de derechos y el fin del estado de bienestar del que tanto se habla.

Pienso que la Iglesia tiene mucho camino que recorrer para evangelizar a ese pueblo milenario. Les debe recordar que el fin no justifica los medios, que el descanso y la familia son sagrados. Y que las vacaciones pagadas son un invento que nos permite soñar el resto del año. Si nos quitan los sueños, el futuro será opaco. Por eso creo que está aumentando la conversión al catolicismo. Al contrario de lo que muchos creen, tenemos musulmanes que apuestan por la religión del amor y de la entrega a los más necesitados. Ahora nos falta convencer a los chinos y el futuro será católico, no lo duden.

Mientras tanto disfruten de sus vacaciones como buenamente puedan. Algunos retornan a los pueblos de donde son originarios. Llenan las verbenas de agosto y hasta acuden a romería y procesiones, cosa insólita que no sucede el resto del año. Les deseo el disfrute de las vacaciones mientras puedan, porque ya se habla de que son muchas y que no tienen que ser necesariamente pagadas. Vamos, que estamos más cerca que nunca de volver al siglo XIX en materia de derechos sociales. Nos suprimen las fiestas porque no somos rentables, nos quitan las pagas para llenar los huecos de los bancos, y algunas mentes perversas siguen pensando como destruir la paz social a cuenta de ir esquilmando derechos a los trabajadores. Un horror mercantilista propio del príncipe de las tinieblas.

Aquí es donde se hace necesaria la voz de la Iglesia para proclamar que el fin no justifica los medios. Y que el hombre es más importante que el dinero. Aunque a algunos banqueros les pueda parecer increíble. La vida tiene un tiempo limitado, por mucho que atesoremos en este mundo, todo seguirá aquí cuando tengamos que partir. De manera que al cristiano le conviene hacer crecer el tesoro de la fe que es con el que tendremos que presentarnos al Señor.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s