Novela sobre la vida religiosa. Se agradece la ayuda

En esa especial dedicación a documentarme sobre la evolución de la vida religiosa en estos últimos años, me encuentro ante situaciones de especial autenticidad. Yo diría que esa vida religiosa intentó desde lo profundo de sí misma vivir un cristianismo despojado de ropajes adquiridos a lo largo de los siglos. Reflexionando sobre ellos mismos, cuestionando su propia esencia, muchos llegaron a zonas de fronteras desde donde ya no son capaces de retroceder. Es la historia de su vida y, como en toda trayectoria vital, no se puede renunciar a lo que uno haya hecho. Tampoco debemos considerar que la experiencia fue totalmente desastrosa. Yo me atrevería a afirmar que la revisión llevada a cabo por las órdenes religiosas tras la búsqueda de una mayor autenticidad les ha llevado a cometer errores. Pero quién no es capaz de equivocarse.

Mientras tanto sucede ahora una nueva evolución. Se dan cuenta que mezclarse con el mundo enriquece a la persona, les da nuevas perspectivas, pero no han sido capaces de trasformar la realidad social. Se han introducido en campañas a favor de la dignidad de los pueblos, en manifestaciones por el desarme y la crisis económica. Han pisado las zonas marginales de la sociedad. Y desde luego han comprendido mejor su vocación, no como un repliegue místico hacia adentro, sino como la expresión de un anhelo interior que les llamaba a servir a los hombres, a comprender sus dificultades, a compartir incluso su pobreza.

La vida religiosa ha sufrido una gran trasformación, no quieren ser considerados seres puros y etéreos que protegidos por los muros del convento, están a salvo de las crisis por la que inevitablemente pasa todo ser humano. Han querido compartir la suerte de miles de personas y la mezcla les ha enriquecido, pero también les ha hecho cuestionar el rol que ejerce la vida religiosa. Al que algunos no encuentran sentido tal y como estaba planteado. ¿Han encontrado nuevos caminos?. De momento no. Ninguna savia nueva ha hecho florecer el erial en el que se han convertido algunos conventos. Eso supone que toda la trayectoria de revisiones personales, de adecuación de las reglas de las Congregaciones, ha servido para que un grupo de esforzados seguidores de Cristo viviesen su propia experiencia personal. Que no tiene vuelta atrás. Pero no ha supuesto una revitalización.

Algunos se pregunta si estos tiempos de globalización no llevan el sello de caducidad para un tipo de vida cuyo esquema tiene miles de años. Personalmente creo que no. Que han ejercido una labor importantísima y la seguirán ejerciendo. Han cruzado fronteras y saltado muros. Y dejarán su experiencia como poso para quienes les sucedan. Sus errores, si los tuvieron, serán líneas maestras desde donde partir en búsqueda de nuevos horizontes. Pero lo que no pueden dejar de ser es símbolo de una entrega apasionada a la causa de Cristo. Esa es la señal que les puede identificar allí por donde pasen dejando huella. Sin la pasión por lo que hacen, por esa entrega a fondo perdido, todo carece de sentido.

Por eso mucho decidieron abandonar. Ejercían profesiones liberales en medio del mundo, sin ser capaz de evangelizarlo. Era absurdo seguir actuando como religiosos si se vivía como laico. Sin embargo, para muchos el aggiornamiento supuso una evolución personal que les marcó interiormente. Esas experiencias no han sido vanas. Porque cualquier persona tiene que encontrar su identidad en medio de otros seres humanos. Y han alcanzado una mayor riqueza tras haber caminado largas travesías. Me consta que así les ha sucedido a miles de esforzados religiosos y religiosas.

Espero seguir contando con la ayuda de esos amigos anónimos que me dejan sus huellas para que entienda mejor la trasformación que ha supuesto el Concilio Vaticano II para la vida religiosa en general, cuyo material seguirá sirviendo de inspiración para esa novela en ebullición que atraviesa las tres décadas de nuestra monarquía parlamentaria.

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Acerca de Carmen Bellver

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