Los obispos galos dan la cara

La convocatoria de los obispos galos el pasado 15 de agosto, leyendo un comunicado en todas las parroquias de Francia, sorprende por su contundencia. En la Francia laica, los obispos levantaron la voz para rezar por sus gobernantes, con la esperanza de que la aprobación de la eutanasia se quede sólo en propuesta. Al mismo tiempo se pronunciaban contra el matrimonio homosexual, que con su legalización conlleva la inevitable adopción de niños por parejas gay.

Teniendo en cuenta el desarrollo de los hechos en países permisivos con la adopción de menores por homosexuales, cuyas consecuencias valoraremos dentro de una década o tal vez un lustro. Queda claro que la postura de la Iglesia avanza en materia de defensa de derechos de aquellos que son utilizados como mercancía placebo por parte de los homosexuales para satisfacer sus anhelos de paternidad o maternidad.Ese deseo profundo se ha convertido en un juego en manos de diversas personalidades del mundo artístico, que no han tenido empacho en utilizar vientres de alquiler.

Tenemos un fuerte colectivo que presiona a la sociedad para que asuman su peculiaridad sexual, como una variante más de la naturaleza. Como siempre el lado emocional toca la fibra sensible y apuesta porque dos adultos sean felices, lo que no implica necesariamente aprobar el matrimonio homosexual. Pero se ha visto bien claro que ese era el paso necesario para anular la unión de hombre y mujer con carácter procreativo. Las variables ya son múltiples.

En algunos casos se da el incesto o la pederastia como una posibilidad a la que también algunos reclaman su derecho. El único que no parece tener ninguna oportunidad para optar por una familia corriente, con padre y madre, es el menor. A quien se le exige formar parte de los experimentos con gaseosa a los que nos están acostumbrados los medios. Sólo queda la respuesta cívica de la ciudadanía que no ha perdido el norte en esta deriva pansexual que mantiene activa su influencia dentro de organismos internacionales de primer nivel.

La batalla por el derecho de los más indefensos siempre ha sido reconocida a lo largo de la historia. Y queda claro que no es el colectivo homosexual quien padece las secuelas de un adoctrinamiento moral completamente hedonista. Defender al menor es casi imperativo, frente a la voracidad de los homosexuales, para formar una familia como si su derecho no afectase de manera colateral en otra persona por muy intenso que sea el anhelo de paternidad o maternidad.

A veces nos encontramos en los medios con singularidades que nos parecen monstruosas. Padres que secuestran a sus hijas y que mantienen relaciones promiscuas. Mientras que nos quedamos tranquilamente anestesiados frente a esos menores a quienes se les priva de una familia natural. Algunos afirman que mejor ser adoptados por homosexuales que morir por hambre o abandono. Yo dudo mucho que estas adopciones no sean letales para los niños, con secuelas permanentes a lo largo de toda su existencia.

Por eso creo que en la actualidad se practican unos métodos fascistas por parte del colectivo homosexual. Esos métodos conllevan imponer sus criterios sobre la mayoría social, pervirtiendo el orden de la propia naturaleza, para resolver sus peculiaridades personales.

Digamos alto y claro que nadie debe ser perseguido por unas relaciones consentidas, que todo el mundo puede vivir en pareja, con su mascota o su media naranja, sin que necesariamente tenga que adquirir derechos a adoptar. Llegar a fomentar cambios radicales de constumbres a nivel social, ha sido siempre el sueño de los grandes totalitarismos. De esa manera fascista se está imponiendo en estos momentos la cultura gay. Por muy respetable que sea su derecho a la felicidad, no creo que debamos consentir que se eduque a toda la sociedad según sus peculiaridades.

Porque entre otras cosas lo único que estan consiguiendo es que la identidad sexual de miles de seres quede secuestrada por una minoría social. Que desde el punto de vista estadístico ni siquiera merece tenerse encuentra. Esa realidad es la que nos quieren ocultar con sus perfomances y desfiles puntuales, trasgrediendo el orden natural de las cosas, dando a entender que son mucho más de lo que nos imaginamos.

Digamos también que la Iglesia se está quedando sola, como única autoridad moral que apuesta por la familia natural y denuncia el lobby gay y su ideología de género.

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Acerca de Carmen Bellver

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